Colapso comunista en Cuba, la hora del pueblo
La situación en Cuba se está deteriorando mientras el régimen priorizando su control
Las recientes declaraciones del Secretario de Estado de los EEUU no dejan ya lugar a dudas. La situación en Cuba se está deteriorando mientras el régimen comunista brutal, corrupto y antiestadounidense de la isla continúa priorizando su control total frente a la libertad, las oportunidades y el bienestar básico del pueblo cubano.
Los negocios de la corporación pública Gaesa, fundada en 1995 por Raúl Castro, que controla más de la mitad de la economía cubana en un conglomerado gestionado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Turismo, comercio y construcción logran el enriquecimiento de las élites del régimen, que se han apropiado de los recursos de la isla incluidas las reservas minerales y el petróleo gratuito venezolano, desviando sus ingresos a unas ganancias ilícitas bajo la represión, la subversión antiestadounidense y el espionaje, en lugar de cubrir las necesidades básicas del pueblo cubano.
Marcos Rubio ha dejado claro que cualquier persona que proporcione servicios a estos actores sancionados, corre el riesgo de ser sancionada ella misma. Ha pedido a los bancos extranjeros y a otras empresas que proporcionaban servicios a estas entidades que las congelen de inmediato. El gobierno de los Estados Unidos aprobó a principios de este año aranceles contra cualquier país que negocie petróleo con Cuba. Trump afirmó además la posibilidad de actuar militarmente en la Isla para lo que hay una flota liderada por el portaviones USS Nimitz frente a la costa cubana.
En paralelo y motivado por esta presión exterior, el parlamento de Cuba aprobó por unanimidad una serie de reformas que incluyen la privatización de una parte significativa de la economía. Son 176 propuestas, divididas en 23 áreas, que representan un intento de apertura al mercado y flexibilizan el modelo adoptado desde la revolución socialista de 1959. El cambio incluye el desarrollo inmobiliario privado, la creación de bancos privados, la transformación de algunas empresas estatales en compañías comerciales con acciones, y la flexibilización de las restricciones para los negocios privados.
Una reforma que guarda una cierta similitud con experiencias como las de China y Vietnam, aunque en una escala, contexto y condiciones internacionales muy distintas, incluyendo la intensa presión económica y geopolítica ejercida por los Estados Unidos.
El giro hacia el mercado fue apoyado expresamente por el Partido Comunista y el exlíder del país, Raúl Castro, contra quien Estados Unidos presentó recientemente cargos por ser el responsable de dar la orden del asesinato de pilotos de aviones de ayuda humanitaria ocurrido en 1996.
Cuba atraviesa una de las crisis más profundas de su historia post-revolucionaria. Una inflación superior al 15 % con apagones prolongados y una gran escasez de productos básicos como combustible, alimentos y medicinas.
Una coyuntura que está generando una ventana de oportunidad histórica para los once millones de ciudadanos cubanos, con la posibilidad de un cambio político que cambie el modelo centralizado que cumple 67 años, abriendo paso a una mayor libertad y prosperidad. El cambio dependerá de las dinámicas internas, de la presión externa y sobretodo de la geoeconomía cubana en un contexto de gran rivalidad entre las potencias.
El Secretario Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y figura clave en la política de la administración Trump hacia la isla, ha sido directo. En un mensaje en video publicado el Día de la Independencia de Cuba, 20 de mayo de 2026, culpó directamente al régimen y al conglomerado militar GAESA del sufrimiento de la población.
«La razón real por la que no tienen electricidad, combustible o comida no es el bloqueo estadounidense, sino que quienes controlan su país han saqueado miles de millones sin invertir en el pueblo cubano», afirmó. Ofreció una «nueva relación» directamente con el pueblo cubano, no con GAESA, incluyendo 100 millones de dólares en ayuda humanitaria distribuida por la Iglesia Católica y organizaciones independientes. Prometió, además, que cualquier cubano independiente del régimen podría comerciar directamente con los EEUU.
Rubio ha enfatizado que el embargo y las sanciones no se ponen en marcha para castigar al pueblo cubano, sino que buscan debilitar el control militar y económico del régimen comunista. También acusó al régimen de esquilmar las remesas y revender los productos importados como el crudo venezolano. Ha expresado serias dudas sobre una solución diplomática pacífica dada la naturaleza del interlocutor, pero prefiere una negociación. Ha dejado abierta la puerta a acciones más firmes para proteger los intereses nacionales de los EEUU frente al Golfo de México en cuyos puertos acaba el 40 % de las exportaciones e importaciones de los EEUU y ha señalado que un cambio de régimen beneficiaría tanto a la maltratada población de Cuba como a la seguridad estadounidense.
Por su parte, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel, ha respondido con una retórica soberanista. Declaró que «Trump no gobierna Cuba» y que la Isla defenderá su soberanía «a toda costa». Ha admitido la necesidad de «cambios urgentes» en el modelo económico, reconociendo tanto los obstáculos internos como la burocracia y la lentitud, más allá del «bloqueo». Insiste en que cualquier diálogo debe basarse en la igualdad y el respeto, sin comprometer el sistema socialista ni la autodeterminación
Estas declaraciones revelan la naturaleza del choque, Rubio presiona por un cambio sistémico que empodere al pueblo y desmantele GAESA y Díaz-Canel busca reformas controladas para sobrevivir sin ceder el poder político. La geoeconomía es central. Cuba no es solo un caso interno ya que forma parte de la competencia estratégica entre los EEUU, China y Rusia en el Hemisferio Occidental. El régimen cubano ha dependido históricamente de los subsidios externos, la URSS o Venezuela. La caída de Maduro y el fin del petróleo venezolano gratis, combinado con el bloqueo estadounidense de envíos de combustible durante 2026, han acelerado la crisis energética y el colapso económico, un PIB en contracción, una inflación alta y una dependencia de las importaciones. China y Rusia siguen viendo a Cuba como un punto de apoyo estratégico para la inteligencia y la presencia militar como contrapeso a la influencia estadounidense.
China ha invertido mucho capital en infraestructuras y telecomunicaciones; Rusia en la cooperación militar y energética. Para los EEUU, una Cuba alineada con sus grandes adversarios a solo 90 millas de sus costas representa una gran amenaza a la seguridad nacional por provocar una inmigración descontrolada y la inestabilidad regional. Rubio y Trump enmarcan las sanciones como una herramienta para alinear Cuba con Occidente, reducir la influencia chino-rusa y resolver las reclamaciones de las propiedades expropiadas a los ciudadanos americanos durante la revolución cubana.
La geoeconomía favorece un «trato transaccional», con unas concesiones cubanas con reformas reales y la reducción de los lazos con China y Rusia a cambio de un alivio económico. Una Cuba próspera y democrática se integraría mejor en las cadenas de valor regionales, atrayendo numerosa inversión y un turismo masivo, beneficiando a sus ciudadanos y estabilizando el área del Caribe. El objetivo parece ser forzar una transición que evite un colapso caótico o una intervención militar directa que no se descarta como un último recurso. Rubio ha enfatizado que el futuro político de Cuba pertenece a sus ciudadanos, pero la amenaza de la seguridad es un asunto de la administración estadounidense.
La oferta de Washington incluye un apoyo humanitario y económico condicionado, presión sobre las elites, integración regional en el acuerdo comercial de libre mercado entre México y los EEUU y el apoyo a la sociedad civil. Un cambio que requeriría que los EEUU equilibrase la presión militar y la económica con incentivos claros como el levantamiento gradual de las sanciones a cambio de celebrar unas elecciones libres, la adopción de libertades civiles y las reformas hacia una economía de mercado.
La crisis ha generado un gran descontento masivo y protestas crecientes que han sido reprimidas con dureza extrema. Las reformas económicas podrían expandir el sector privado, permitiendo un emprendimiento real que reduzca la dependencia estatal. Un cambio político hacia una democracia plural traería libertades, inversión extranjera masiva, recuperación turística y un acceso a la tecnología y las finanzas globales. La diáspora cubana podría invertir y contribuir con su talento al éxito de este proceso.
Estamos ante una gran oportunidad de una coyuntura crítica. Las declaraciones de Rubio ofrecen un camino de entrega del poder democrático al pueblo de Cuba, las de Díaz-Canel, ofrecen una resistencia al cambio con unos ajustes limitados. La historia muestra que los regímenes autoritarios colapsan cuando se combina una crisis interna con una presión externa que supera la capacidad de adaptación, que es el caso de Cuba. La pregunta clave es si el Partido Comunista de Cuba tendrá la capacidad política e institucional para gestionar ese proceso como se hizo en China o Vietnam o si reproducirá los errores y el harakiri de la URSS de Gorbachov.
Magna opportunitas populo
José Luis Moreno, economista ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Autor de Geoeconomía estratégica con ESIC.
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