El BCE alerta de una inflación del 3% que amenaza con golpear los salarios en España y asfixiar a una Europa estancada
La persistencia de los precios amenaza con volver a golpear el poder adquisitivo de los hogares

Europa vuelve a enfrentarse al peor cóctel posible para su economía: inflación elevada y crecimiento prácticamente estancado. El Banco Central Europeo (BCE) ya espera que la subida de los precios permanezca alrededor del 3% durante todo lo que queda de 2026, claramente por encima de su objetivo del 2%, mientras las principales economías del continente muestran enormes dificultades para recuperar tasas sólidas de crecimiento.
El economista jefe del BCE, Philip Lane, ha advertido de que la inflación probablemente permanecerá «en torno al 3% durante el resto del año». Una previsión especialmente preocupante porque aleja la posibilidad de dar definitivamente por cerrada la crisis inflacionista y amenaza con prolongar la pérdida de capacidad adquisitiva acumulada por los hogares europeos durante los últimos años.
Según los últimos datos de Eurostat, la inflación interanual de la zona euro alcanzó en julio el 2,9%, una décima más que en junio. Es decir, en lugar de converger rápidamente hacia el objetivo del BCE, los precios vuelven a acercarse a la barrera del 3%.
Lane reconoce que la situación no es comparable con la explosión inflacionista de 2022, pero admite que este nivel continúa estando «muy por encima del objetivo del 2%».
El problema es que Europa afronta esta nueva resistencia de los precios con una economía mucho más vulnerable. Una inflación enquistada alrededor del 3% reduce el margen del BCE para impulsar mediante los tipos de interés una economía europea que apenas consigue crecer, al tiempo que continúa erosionando la renta disponible de las familias si los salarios no avanzan al mismo ritmo.
España y la amenaza para los salarios
La situación resulta especialmente delicada para España. Después del fuerte incremento acumulado de los precios de los últimos años, una nueva etapa de inflación persistentemente por encima del objetivo amenaza con seguir deteriorando los salarios en términos reales. Algo que podría solventar el Gobierno en España deflactando el Irpf, pero que ha decidido no hacer porque prefiere mantener el récord de recaudación por impuestos.
El riesgo es que el crecimiento nominal de las nóminas vuelva a quedar por detrás del coste de la vida, prolongando una anomalía que ha marcado buena parte de las últimas décadas: España puede encontrarse con niveles salariales reales comparables, e incluso inferiores en determinados indicadores y colectivos, a los registrados hace cerca de 30 años.
La advertencia llega, además, después de varios ejercicios de fuerte crecimiento de la economía española. El PIB ha avanzado a ritmos superiores a los de buena parte de la zona euro, pero esa expansión no se ha traducido con la misma intensidad en una mejora del poder adquisitivo de los trabajadores.
Por eso, una inflación estabilizada cerca del 3% durante el resto de 2026 amenaza con comerse nuevamente parte de cualquier subida salarial nominal y dificultar todavía más la recuperación de la capacidad adquisitiva perdida.
El escenario es especialmente peligroso porque el BCE tendrá que equilibrar dos amenazas contrapuestas. Por un lado, mantener una política monetaria suficientemente restrictiva para devolver la inflación al 2%. Por otro, evitar que unas condiciones financieras demasiado duras terminen castigando todavía más la inversión y el crecimiento europeos.
El BCE teme otro golpe energético
Y Frankfurt advierte de que los riesgos todavía pueden empeorar. Lane ha señalado directamente a la crisis de Oriente Próximo como una de las principales incógnitas para los próximos meses.
La energía vuelve así a convertirse en uno de los grandes riesgos para Europa. Una escalada de los precios energéticos tendría efectos especialmente dañinos para una economía europea que continúa dependiendo en buena medida de las importaciones y cuya industria lleva años denunciando una pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y Asia.
Pero el BCE identifica además otra amenaza para 2027: los alimentos. Lane ha advertido de que fenómenos meteorológicos como El Niño previsiblemente ejercerán una presión adicional sobre los precios, hasta el punto de que la alimentación puede convertirse en «uno de los principales impulsores de la inflación durante el próximo año».
El escenario que dibuja el BCE deja así poco espacio para la complacencia. Europa puede cerrar 2026 con una inflación cercana al 3%, afrontar nuevas presiones alimentarias en 2027 y seguir expuesta a una crisis energética si empeora la situación internacional.