Azerbaiyán se convierte en ejemplo para España: ha introducido el pago con la palma de la mano
El país acaba de estrenar PalmPay, un sistema que utiliza una característica biométrica de la propia mano
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Pagar una compra acercando el móvil al datáfono se ha convertido en un gesto cotidiano para millones de personas. Pero en algunos países como en Azerbaiyán ya están probando el siguiente paso y que consiste en prescindir también del teléfono. Basta con acercar la palma de la mano a un dispositivo para identificarse y realizar el pago.
La tecnología se llama PalmPay y ha sido introducida por MPAY, una compañía especializada en servicios financieros digitales. Su estreno se produjo a finales de agosto en un establecimiento de la cadena Bolmart y supone la primera implantación de este sistema de pago en Azerbaiyán. La intención es extender progresivamente su utilización a otros establecimientos. Para hacer los pagos no hay que insertar ningún dispositivo en el cuerpo ni tocar físicamente el terminal. El sistema reconoce la estructura de las venas de la palma y la utiliza para identificar al usuario. Una vez comprobada su identidad, la operación se realiza a través del monedero MPAY asociado.
Azerbaiyán ha introducido el pago con la palma de la mano
PalmPay busca eliminar algunos de los objetos que todavía necesitamos al pasar por caja. No hace falta sacar una tarjeta bancaria, desbloquear el teléfono o disponer de efectivo. El usuario acerca la mano al lector y el dispositivo analiza su patrón vascular. La palma, sin embargo, no funciona como una tarjeta bancaria que contiene dinero. Es la llave que permite al sistema saber quién está intentando pagar. La transacción sigue realizándose a través de la infraestructura financiera a la que está vinculada la cuenta del cliente.
Elvin Abbasov, presidente de la Asociación de la Industria de Tecnologías de la Información y la Comunicación de Azerbaiyán, considera por ello que esta tecnología no hará desaparecer las tarjetas bancarias a corto o medio plazo. Su llegada supone más bien incorporar una nueva forma de acceder al dinero. También existe una cuestión práctica. Para que el sistema pueda generalizarse, los comercios necesitan terminales capaces de reconocer la palma. Una tarjeta contactless puede utilizarse actualmente en miles de establecimientos; PalmPay tendrá que ampliar primero esa infraestructura.
Azerbaiyán avanza hacia los pagos digitales
El experimento no aparece de la nada. Azerbaiyán lleva años transformando sus sistemas de pago y los datos de su Banco Central muestran cómo están cambiando los hábitos de sus ciudadanos. Durante 2025, los pagos sin efectivo representaron el 67,6% de las operaciones nacionales realizadas con tarjetas. Su importe aumentó un 26% respecto al año anterior, hasta alcanzar los 99.100 millones de manats azerbaiyanos.
El móvil también ha ganado terreno. Una de cada dos operaciones contactless realizadas en terminales de punto de venta durante ese año se completó mediante dispositivos inteligentes. A ello se suma la expansión de los pagos mediante códigos QR y la posibilidad de utilizar tarjetas o teléfonos directamente en el transporte público de Bakú. PalmPay aparece entonces como un paso más dentro de esa evolución. Después de sustituir el efectivo por la tarjeta y la tarjeta física por el teléfono, la identificación biométrica plantea ahora la posibilidad de pagar sin llevar encima ninguno de ellos.
La seguridad de los datos biométricos abre el debate
La comodidad tiene una contrapartida evidente. Una tarjeta perdida puede cancelarse y una contraseña comprometida puede sustituirse. Con las características biométricas de una persona ocurre algo diferente. Abbasov sostiene que el patrón de las venas ofrece importantes garantías de seguridad porque se encuentra bajo la piel y no resulta visible a simple vista. El sistema incorpora además mecanismos para comprobar que se encuentra ante una persona real. Según explica, la información tampoco se almacena como una fotografía convencional de la mano, sino transformada en códigos matemáticos cifrados.
La confianza de los usuarios será, por tanto, uno de los factores que determine hasta dónde puede llegar esta tecnología. Permitir que una empresa utilice información biométrica para reconocernos plantea cuestiones que van más allá de la comodidad de pagar unos segundos más rápido.
¿Podría utilizarse PalmPay en España?
Trasladar un sistema semejante a España obligaría a enfrentarse a un marco especialmente exigente en materia de privacidad. En la Unión Europea, los datos biométricos utilizados para identificar de manera única a una persona reciben una protección reforzada. El Reglamento General de Protección de Datos los incluye entre las categorías especiales de datos personales y establece, como regla general, la prohibición de tratarlos salvo que concurra alguna de las excepciones previstas. Entre ellas se encuentra, en determinadas circunstancias, el consentimiento explícito del interesado, sin que eso elimine el resto de obligaciones de privacidad y seguridad.
España cuenta además con una infraestructura de pagos contactless muy extendida y pagar con un teléfono o un reloj apenas requiere unos segundos. Una tecnología basada en la palma tendría que aportar suficiente comodidad para justificar tanto la instalación de nuevos lectores como las exigencias derivadas del tratamiento de datos biométricos.
Azerbaiyán acaba de poner esa posibilidad a prueba en comercios reales. Queda por saber si enseñar la palma terminará convirtiéndose en un gesto tan corriente como acercar una tarjeta al datáfono o si, cuando entran en juego nuestros propios datos biométricos, seguiremos prefiriendo llevar el banco en el bolsillo.