«Aquí los cambios los hago yo, se enfade quien se enfade»

A Zinedine Zidane no le tiembla el pulso. Lo ha demostrado desde el primer día que cogió por los cuernos el toro de hacerse cargo del Real Madrid en plena depresión post Benítez. Zizou no lo dudó y su primer mensaje, minutos antes de ser presentado en el Bernabéu, quedó grabado a fuego en la memoria de los directivos de la casa blanca: «Conmigo jugará el que mejor esté, se llame como se llame».
Zidane cumplió su palabra desde el primer día y su trayectoria en el Real Madrid está jalonada de ejemplos en los que el técnico francés ha dejado reiteradamente en el banquillo a fichajes estrella del club –James o Danilo– o a los preferidos de la afición y la prensa como Isco. Zizou no se casa con nadie y tiene muchas narices.
Su última demostración fue sentar a Cristiano Ronaldo ante Las Palmas. Al portugués no le hizo ni pizca de gracia el cambio y ni miró a su entrenador cuando se retiraba al vestuario, pero Zidane no titubea. Su mensaje de puertas hacia dentro de la caseta no ha podido ser más contundente. «Aquí los cambios los hago yo, se enfade quien se enfade», ha comentado el técnico con su gente de confianza.
Eso sí, Zidane no da ninguna importancia al enfado de Cristiano con su cambio en Las Palmas. «Es normal que Cristiano se enfade, de hecho, nos preocuparía si no se enfadara», dicen los ayudantes del técnico francés. Zizou, como una de las grandes estrellas del fútbol mundial, sabe que los cracks nunca quieren que los cambien y así lo reconoció en la rueda de prensa posterior al partido: «Claro que Cristiano se quiere quedar siempre en el campo, pero tengo que pensar en mis jugadores y en particular en él. Tenemos un partido el martes y hay que sacarlo de vez en cuando».
Zidane, tal como adelantó DIARIO MADRIDISTA, tiene muy claro que Cristiano «debe descansar de vez en cuando. Soy yo el que tiene que elegir y le cambié pensando en el martes». La demostración de autoridad de Zidane no admite dudas y muchos de los jugadores de la plantilla vieron con muy buenos ojos que el técnico se atreviera a hacer lo que otros entrenadores en el pasado jamás se atrevieron: sustituir a Cristiano.