Rybakina y los demonios ‘atrapan’ a una Sabalenka desesperada: el US Open y el mundo tienen nueva reina
La bielorrusa, impaciente e irritada durante todo el partido, no desplegó su mejor tenis
Rybakina, que ya le ganó en la final del último Open de Australia, se lleva el US Open y es nueva número uno del mundo
«Fuck, Aryna». El grito se escucha en toda la Arthur Ashe y parte de Nueva York. Lo brama Sabalenka como reproche a sí misma por haber fallado una derecha. El berrido va acompañado de un gesto descriptivo. Se agacha y mira al suelo. Así una y otra vez. Está perdiendo su batalla interior y se le escapaba (6-4, 5-7, 6-2) la exterior. Al otro lado, Rybakina, la trabajadora silenciosa del circuito femenino, ni se inmuta. Piensa y ejecuta. Su tenis y los demonios de Sabalenka atrapan a la bielorrusa, que se va de vacío de Nueva York. Sin US Open y sin número uno del mundo. Todo el botín se lo queda Rybakina.
A Sabalenka se le atraganta aquello de que las finales están para ganarlas y no jugarlas. Más cuando el marco es un Grand Slam. Ya suma más subcampeonatos (5) que trofeos (4). Los dos últimos, el Open de Australia y el US Open, los ha dejado escapar ante Rybakina, su nueva kryptonita. La kazaja proyecta el mismo tenis que su personalidad. Tranquila, sin alteraciones, y con las emociones en un segundo plano. Sin hacer ruido, ya lo hacen sus triunfos.
Ha conquistado Wimbledon (2022), Open de Australia (2026) y ahora US Open (2026). Solo se le resiste la tierra. Eso es lo que hace ruido Todo lo contrario que Sabalenka, una tenista pasional por naturaleza, para lo bueno y lo malo. Cada una de su padre y de su madre, antagónicas, aunque con común talento. La bielorrusa sufre en el primer set y se sacude la presión con un ace. Luego es la kazaja quien tiene que salvar bolas de rotura y lo hace con sendos aces. Puntos gratis.
Aunque los costes para Sabalenka eran internos. Cada fallo iba seguido de un gesto de desaprobación. Se hablaba soez y gesticulaba peor. Se le escapó el primer set y lo pagó con un par de pelotazos a la grada. Warning para ella, bolas para los aficionados. Win to win. Ni por esas se inmutaba Rybakina, un témpano de hielo. Tampoco cuando le vienen mal dadas y permite resucitar a Sabalenka que se embolsa la segunda manga. Se rehace como si nada para el desenlace. Con mirada fría y golpeo abrasador, ya sea derecha o revés. No importa.
Sabalenka trata de enfriarse. Se cubre la cara con la toalla en su banquillo y habla con la raqueta a ver si verbaliza la respuesta. Su virtud es al mismo tiempo su vicio. Competidora nata con un fuego interno incontrolable. Para cuando consigue calmarse, Rybakina ya ha quebrado su saque dos veces y sirve para campeonato. No le tiembla el codo. Set, partido y campeonato. Y ella como si nada. Posa con el trofeo y el cheque, de 5,5 millones de dólares, porque el protocolo lo dicta. Así es Rybakina, la nueva jerarca del tenis femenino. Comienza su reinado, ahora le toca mover ficha a Sabalenka.