Frases

Una vez Confucio dijo «aquel que se exige mucho a sí mismo y espera poco de los demás mantendrá lejos el resentimiento» y éste es su significado

Confucio
Blanca Espada

Confucio murió hace más de 2.000 años, pero muchas de sus reflexiones siguen apareciendo hoy en libros, se comparten en las redes sociales e incluso alguien las puede mencionar en un discurso o también en conversaciones cotidianas. Una de ellas en concreto, tiene que ver con algo tan común como esperar demasiado de otras personas. El filósofo chino lo expresó así: «Aquel que se exige mucho a sí mismo y espera poco de los demás mantendrá lejos el resentimiento». Una frase que puede aplicarse al trabajo, a la amistad, a la pareja o prácticamente a cualquier relación en la que entren en juego las expectativas.

La reflexión forma parte de las Analectas, una recopilación de conversaciones y enseñanzas de Confucio realizada por sus discípulos y seguidores. Y aunque han pasado siglos desde que fue recogida, el problema al que se refiere no es ajeno a nuestros días ya que es fácil molestarse cuando alguien no responde como esperábamos, no devuelve un favor o simplemente actúa de una manera distinta a la que nosotros considerábamos correcta. Confucio proponía mirar la situación desde otro lugar: ser más exigentes al valorar nuestros propios actos y menos severos cuando juzgamos los de los demás.

Una vez Confucio dijo «aquel que se exige mucho a sí mismo y espera poco de los demás mantendrá lejos el resentimiento»

La clave está en la diferencia que Confucio establece entre lo que pedimos de nosotros mismos y lo que esperamos del resto. Exigirse mucho significa prestar atención a la propia conducta, reconocer los errores e intentar corregirlos. Esperar menos de los demás, en cambio, tiene que ver con no medir constantemente su comportamiento según nuestros propios criterios.

Pensemos, por ejemplo, en algo tan sencillo como hacer un favor. Podemos hacerlo porque queremos ayudar o hacerlo dando por hecho que esa persona tendrá que responder de la misma manera cuando la necesitemos. El gesto es el mismo, pero la expectativa cambia por completo. Si llegado el momento la otra persona no responde como imaginábamos, pueden aparecer la decepción y el reproche. Pero la enseñanza de Confucio apunta a esa diferencia ya que podemos responsabilizarnos de aquello que hacemos nosotros, pero resulta mucho más difícil decidir cómo actuarán los demás.

La frase sin embargo, tampoco pide aguantar cualquier comportamiento. Esperar poco de los demás no significa aceptar una falta de respeto, mantener una relación perjudicial o disculpar cualquier acción. Confucio habla de colocar la exigencia, en primer lugar, sobre la propia conducta.

Una idea que se entiende mejor al conocer la época de Confucio

Confucio vivió entre los siglos VI y V a. C., en una China marcada por las luchas entre distintos territorios y una fuerte inestabilidad política. No fue únicamente un pensador dedicado a formular reflexiones, sino que ejerció como funcionario y consejero y dedicó buena parte de sus enseñanzas a cuestiones muy prácticas: cómo debía comportarse una persona, qué cualidades debía tener un gobernante o de qué manera podía mantenerse el orden dentro de una sociedad.

Frente a los abusos de poder y los enfrentamientos de su época, Confucio concedió una enorme importancia a la conducta individual. Consideraba que una sociedad no podía funcionar correctamente si quienes formaban parte de ella no empezaban por revisar su propio comportamiento. Por eso muchas de las enseñanzas recogidas posteriormente en las Analectas insisten en la responsabilidad personal, el respeto y la forma en la que tratamos a quienes tenemos alrededor. La frase sobre el resentimiento encaja dentro de esa manera de pensar. En lugar de buscar primero el fallo en otra persona, Confucio propone empezar por uno mismo.

Qué tiene que ver la frase de Confucio con el resentimiento

La última parte de la frase es la que termina de darle sentido. El resentimiento puede aparecer después de una decepción, especialmente cuando consideramos que alguien debería haberse comportado de otra manera con nosotros. Confucio plantea reducir ese riesgo poniendo menos expectativas sobre la actuación ajena. Un ejemplo cotidiano puede ser estar siempre disponibles para un amigo y esperar que haga exactamente lo mismo cuando seamos nosotros quienes necesitemos ayuda. Si no ocurre, probablemente nos sintamos decepcionados. El problema es que esa reciprocidad que nosotros dábamos por hecha quizá nunca fue acordada entre ambas partes.

Lo mismo puede ocurrir en la pareja, la familia o el trabajo. Muchas veces damos por sentado cómo debería reaccionar alguien y el enfado aparece cuando su respuesta no coincide con la que habíamos imaginado. La frase de Confucio invita a distinguir entre aquello que podemos pedirnos a nosotros mismos y las decisiones que corresponden a otras personas. Eso no significa renunciar a pedir respeto o permitir que alguien nos trate mal. La diferencia está en no esperar que todo el mundo responda siguiendo nuestros propios criterios. Podemos decidir hacer un favor, cumplir nuestra palabra o estar al lado de alguien cuando nos necesita. Lo que no podemos asegurar es que esa persona vaya a actuar igual cuando cambien los papeles.

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias