Los hindúes ya conocían de su existencia y la relación con el mundo

La sucesión de Fibonacci, la fórmula matemática que explica la naturaleza

Sucesión de Fibonacci
¿Qué es la sucesión de Fibonacci?

Hay una frase que puede que hayas escuchado mucho pero que realmente cueste creer: “el universo entero se puede explicar con las matemáticas”. Es cierto que los números están presentes en nuestro día a día, pero ver la naturaleza a través de ellos resulta complicado. Sin embargo, el ejemplo más claro para entender esta afirmación es la sucesión de Fibonacci. Esta ecuación, muy sencilla en esencia, ha sido capaz de traspasar el firmamento y llegar al universo.

Leonardo de Pisa fue un matemático italiano conocido como hijo de Boanccio o Fibonacci. La fórmula la describió como una solución a un problema de cría de conejos. Aunque no fue invención suya, ya que estaba descrita en textos matemáticos hindúes, fue él quien la relacionó con la naturaleza.

¿Cómo es la fórmula de Fibonacci?

Los números de la sucesión de Fibonacci se acercan al número de oro del segmento áureo
Los números de la sucesión de Fibonacci se acercan al número de oro del segmento áureo

La fórmula es muy sencilla de aplicar. Se representa como F(n+1). Consiste en sumar en una sucesión de números que comienza con 0 y 1 los dos números anteriores para hallar el segundo. Es decir:

  • 0+1= 1
  • 1+1=2
  • 1+2=3
  • 2+3=5
  • 3+5=8

Y así sucesivamente hasta el infinito. Curiosamente, esta fórmula también se aproxima al número áureo, que sirve para dibujar la espiral áurea, también muy presente en la naturaleza. Algunos ejemplos de dónde podemos encontrarla son:

  • Las pipas de los girasoles: la flor del girasol está formado por una espiral que sigue la misma secuencia de Fibonacci. No es la única planta, pues la piña o la alcachofa también sirven como ejemplo.
  • Huracanes: la forma que tienen los huracanes, vista desde arriba y puesta sobre un plano sigue la misma secuencia. Las galaxias y sus brazos también describen el mismo giro.
  • El cuerpo humano: pequeños detalles que no sabemos, pero que si los estudiamos nos damos cuenta. Por ejemplo, la relación entre nuestra altura y la altura del ombligo, o la que hay del hombro al codo y del codo a los dedos.

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