«Si la humildad no acompaña y no sigue todo lo que hacemos, la soberbia nos arrebata de las manos el bien realizado»
El experto reivindica la humildad como una virtud imprescindible para que las buenas acciones no terminen convirtiéndose en motivo de orgullo
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Los seres humanos tienen diferentes formas de tratar a las personas y acompañando a estas acciones se encuentran sus hábitos personales. La humildad y la soberbia son dos factores detonantes de esas costumbres. El filósofo español José Antonio Marina ha dedicado buena parte de su vida a analizar el comportamiento humano, las emociones y los grandes vicios que condicionan las decisiones de las personas. Entre sus reflexiones más destacadas se encuentra una advertencia sobre la humildad y la soberbia que muestra cómo las personas afrontan sus propios logros: «Si la humildad no acompaña y no sigue todo lo que hacemos, la soberbia nos arrebata de las manos el bien realizado en el mismo momento en que lo realizamos», enfatiza Marina. Una cita clásica de San Buenaventura que el filósofo ha introducido en sus reflexiones sobre ética, hábitos y naturaleza humana.
La humildad
La reflexión de José Antonio Marina plantea una paradoja relacionada con las buenas acciones y la pérdida de su valor cuando quien la realiza empieza a sentirse superior a los demás por haberla llevado a cabo. El experto detalla que la humildad no consiste en negar los propios méritos ni en restar importancia a aquello que se ha conseguido, sino en mantener una actitud consciente y equilibrada después de alcanzar un objetivo o realizar una acción positiva. Aunque, el problema aparece cuando el reconocimiento personal se transforma en soberbia y lo que al principio podía tener un valor positivo queda condicionado por la necesidad de recibir admiración y demostrar superioridad.
El análisis de los grandes vicios
El mensaje de esta cita recoge la mirada del filósofo sobre las pasiones humanas. En una de sus obras denominada Pequeño tratado de los grandes vicios, se analiza la tradición de los siete pecados capitales y se estudia cómo algunos impulsos pueden influir en la conducta. La soberbia ocupa un lugar relevante dentro de este análisis. Marina habla de la tensión entre el deseo legítimo de alcanzar grandes objetivos y el peligro de convertir esa ambición en una sensación de superioridad. Por eso, la humildad aparece como un mecanismo capaz de mantener bajo control el ego y evitar que los logros personales terminen dominando la forma que tiene una persona de relacionarse con los demás.
El poder del orgullo
Esta frase se puede interpretar también como una llamada de atención sobre la necesidad de no buscar el reconocimiento constante por las acciones realizadas. La ayuda a otra persona, alcanzar una meta profesional, superar una dificultad o conseguir un objetivo personal genera satisfacción. Aunque, cuando esa satisfacción depende solo de que los demás reconozcan un mérito, exige el riesgo de que el objetivo inicial quede aislado. La humildad asegura mantener el foco en lo que importa verdaderamente y no en la imagen que se proyecta de los demás.
La reflexión
El pensamiento de José Antonio Marina se aplica en numerosas situaciones cotidianas como el trabajo, relaciones personales o redes sociales. Una búsqueda de reconocimiento que puede convertirse en una fuente de comparación. La idea que se plantea es que hacer el bien no debería convertirse en una herramienta para alimentar el ego de nadie. De esta manera, los logros pueden ser motivo de satisfacción, pero requieren una mirada crítica sobre uno mismo para evitar que el orgullo se apropie de lo que una persona ve con intención positiva.