Psicología

La psicología sugiere que las personas que siempre levantan la voz no son más dominantes, sino que necesitan la validación y reconocimiento constante

Algunas personas verbalizan su enfado de forma directa, mientras que otras lo reprimen

En ocasiones refleja frustración, impotencia o estrés acumulado

La psicología sugiere que las personas que siempre levantan la voz no son más dominantes, sino que necesitan la validación y reconocimiento constante

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Las personas que siempre levantan la voz no necesariamente son más fuertes, más seguras de sí mismas o más agresivas. Desde la psicología, este comportamiento suele estar relacionado con una gestión deficiente de las emociones, estrategias de comunicación aprendidas o una sensación de pérdida de control. Gritar puede parecer una forma de imponerse en una discusión, pero diversos especialistas coinciden en que, lejos de facilitar el entendimiento, suele empeorar los conflictos y dificultar que el mensaje llegue realmente al interlocutor.

En las relaciones personales, la ira es una emoción universal y completamente normal. Sin embargo, cada individuo la expresa de manera diferente. Algunas personas verbalizan su enfado de forma directa, mientras que otras lo reprimen y terminan manifestándolo mediante actitudes pasivo-agresivas o conductas manipuladoras. Levantar la voz es una de las expresiones más visibles de esa emoción, aunque no siempre responde al enfado en sí. En ocasiones refleja frustración, impotencia o estrés acumulado, y puede convertirse en un hábito aprendido durante la infancia o en una estrategia para intentar controlar la conversación.

¿Cómo son las personas que siempre levantan la voz según la psicología?

Levantar la voz no siempre significa agresividad

Aunque existe la creencia de que quien grita es necesariamente agresivo, la psicología establece una diferencia importante entre la ira y la agresión. Según Psychology Today, la ira es una emoción básica que aparece cuando las expectativas no se cumplen o cuando una persona experimenta decepción o frustración. La agresión, por el contrario, implica una conducta destinada a intimidar, dominar o causar daño para conseguir un objetivo.

Desde esta perspectiva, una persona puede levantar la voz sin tener intención de agredir. En muchos casos, simplemente está expresando que se siente desbordada por la situación o que no encuentra otra manera de hacerse entender.

Un comportamiento que puede aprenderse desde la infancia

Elevar el tono de voz también puede convertirse en una conducta aprendida. Algunas personas descubren desde pequeñas que gritar les permite captar la atención de los adultos, conseguir lo que desean o imponerse durante un conflicto.

Con el paso de los años, este patrón puede mantenerse en diferentes contextos, desde las relaciones familiares hasta el ámbito laboral. Así, alguien puede recurrir al volumen de su voz como una herramienta para ejercer autoridad, aunque en realidad no experimente un enfado intenso.

Por este motivo, los especialistas recuerdan que no conviene interpretar todos los gritos como una pérdida de control emocional, ya que, en determinadas ocasiones, responden a una estrategia de comunicación adquirida.

El grito como respuesta a la sobrecarga emocional

La terapeuta Lana Girven sostiene que levantar la voz constituye una «ilusión de poder». Basándose en las investigaciones del psicólogo Albert Mehrabian, explica que cuanto más indefensa se siente una persona, más tiende a hablar alto.

«Desde este enfoque, el grito representa un intento instintivo de recuperar el control cuando las emociones resultan difíciles de gestionar», menciona. Muchas veces el detonante parece insignificante, como unas llaves perdidas o un pequeño error doméstico, pero en realidad actúa como la gota que colma el vaso tras un periodo prolongado de tensión.

Según Girven, el problema rara vez está relacionado únicamente con el motivo de la discusión. Lo que emerge es una acumulación previa de estrés, ansiedad, frustración o cansancio que termina expresándose mediante un aumento del volumen de la voz.

¿Por qué gritar suele empeorar los conflictos?

Aunque muchas personas creen que levantar la voz hará que los demás las escuchen con mayor atención, la evidencia psicológica apunta en la dirección contraria. Desde Psychology Today citan al investigador John Gottman, quien señala que cuando alguien grita, la probabilidad de que su mensaje sea realmente escuchado disminuye de forma considerable.

«En lugar de favorecer la comprensión, el cerebro de quien recibe el grito activa mecanismos de defensa. La conversación deja de centrarse en el contenido y pasa a convertirse en un enfrentamiento emocional», aseguran.

Como consecuencia, la otra persona puede responder gritando también, retirarse de la discusión o dejar de prestar atención al mensaje. En cualquiera de estos casos, el conflicto suele intensificarse en lugar de resolverse.

¿Qué hacer cuando alguien siempre levanta la voz?

Comprender que levantar la voz puede responder a una estrategia de comunicación o a una situación de sobrecarga emocional permite reaccionar de forma más eficaz. Los expertos recomiendan evitar responder con otro grito, ya que esto alimenta la escalada del conflicto.

Mantener un tono calmado, expresar los propios límites con firmeza y centrar la conversación en los hechos ayuda a reducir la tensión. Además, cuando el comportamiento es recurrente, resulta útil abordar el problema una vez que ambas personas se encuentran tranquilas, identificando qué emociones o necesidades hay detrás de esa forma de comunicarse.

En definitiva, la psicología sugiere que quienes siempre levantan la voz no necesariamente buscan intimidar. En muchos casos, están expresando frustración, sensación de impotencia o patrones aprendidos durante años.

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