Verde, naranja y rojo: estos son los colores que ayudan a preparar la piel para el sol
Los antioxidantes presentes en frutas y verduras de estos colores ayudan a combatir el daño oxidativo provocado por la radiación solar
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En estos días de sol y playa, para proteger la piel del sol es necesario utilizar un protector solar, pero, además, la mejor forma de cuidarla empieza en la cocina, con una alimentación rica en antioxidantes para reforzar las defensas naturales de la piel frente a la radiación ultravioleta, reducir el daño oxidativo y favorecer un bronceado más uniforme.
«La piel tiene memoria y cada exposición al sol deja una huella. La alimentación no evita ese daño, pero sí puede ayudar a que la piel esté mejor preparada para combatirlo», explica la Dra. María José Crispín, médica nutricionista de Clínica Menorca. El secreto está, curiosamente, en el color de los alimentos.
Verde: el escudo antioxidante de la piel
Las verduras de hoja verde constituyen uno de los grandes aliados frente a la agresión solar. Espinacas, acelgas, brócoli, canónigos, berros o lechuga concentran carotenoides, vitaminas antioxidantes y otros compuestos bioactivos que ayudan a proteger las células cutáneas del estrés oxidativo provocado por los rayos ultravioleta.
Además, aportan vitamina E y otros micronutrientes implicados en los procesos de reparación celular, favoreciendo que la piel mantenga su elasticidad y retrasando la aparición de signos de fotoenvejecimiento como manchas o arrugas.
Naranja: el color que prepara la piel para el sol
Si existe un grupo de alimentos especialmente relacionado con la protección cutánea, son los de color naranja: zanahoria, calabaza, boniato, mango, papaya, melocotón, albaricoque o níspero destacan por su elevado contenido en betacarotenos, pigmentos vegetales que el organismo transforma en vitamina A y que participan en la síntesis de melanina, el pigmento responsable del color de la piel.
«Los betacarotenos no broncean por sí solos, pero sí ayudan a estimular la producción de melanina cuando la piel se expone al sol y, además, ejercen una importante acción antioxidante», señala la especialista. Diversos estudios han demostrado que una dieta rica en frutas y verduras puede incluso aportar un tono más saludable a la piel gracias a la acumulación de carotenoides en los tejidos.
Rojo: la defensa frente al envejecimiento solar
Tomates maduros, sandía, cerezas, fresas o granada aportan otro de los grandes antioxidantes de la dieta: el licopeno, un carotenoide especialmente eficaz para combatir los radicales libres generados por la radiación solar.
Estos compuestos ayudan a disminuir el daño oxidativo, protegen el colágeno y contribuyen a prevenir el fotoenvejecimiento, uno de los principales responsables de la aparición de arrugas, pérdida de firmeza y manchas.
Junto al licopeno, las frutas rojas también proporcionan vitamina C, esencial para la formación de colágeno y para reparar parte del daño ocasionado por la exposición solar.
Mucho más que betacarotenos
La protección nutricional frente al sol no depende únicamente de los carotenoides. La Dra. Crispín recuerda que otros nutrientes también desempeñan un papel importante:
• Vitamina C, presente en cítricos, kiwi, fresas o pimiento rojo, que favorece la síntesis de colágeno.
• Vitamina E, abundante en aceite de oliva virgen extra, aguacate y frutos secos, con una potente acción antioxidante.
• Ácidos grasos omega 3, presentes en pescados azules y nueces, con efecto antiinflamatorio.
• Zinc y selenio, minerales que contribuyen a reforzar la respuesta antioxidante de la piel.
• L-tirosina, un aminoácido presente en legumbres, semillas, frutos secos, aguacate y plátano, precursor directo de la melanina.
El bronceado sigue siendo una respuesta de defensa
La Dra. Crispín insiste en desmontar uno de los principales mitos del verano: un mayor bronceado no significa una piel más sana.
«El bronceado es, en realidad, un mecanismo de defensa frente a una agresión. La melanina se produce porque la piel intenta protegerse del daño causado por la radiación ultravioleta», recuerda la especialista.
Los rayos UVA favorecen un bronceado rápido, pero también aceleran el envejecimiento cutáneo al degradar el colágeno, mientras que los UVB son responsables de las quemaduras solares. Ambos contribuyen al daño acumulativo de la piel y aumentan el riesgo de cáncer cutáneo.
La mejor receta para el verano
La doctora resume la estrategia más eficaz para cuidar la piel durante los meses de mayor radiación solar en una combinación sencilla: una alimentación rica en frutas y verduras de colores intensos, hidratación adecuada, protección solar SPF 50 durante todo el año y evitar la exposición durante las horas centrales del día, entre las 11 y las 18h.
Porque, aunque el protector solar sigue siendo imprescindible, llenar el plato de verdes, naranjas y rojos puede convertirse en uno de los gestos más sencillos para ayudar a la piel a defenderse desde el interior.