Del callo solar a los filtros solares: los mitos que ponen en riesgo la salud de la piel
Las redes sociales han disparado la difusión de falsas creencias sobre la exposición al sol
El dermatólogo Ramon Grimalt explica que el bronceado no es un signo de salud
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Con la llegada del calor, muchas personas buscan conseguir un bronceado progresivo convencidas de que así preparan su piel para soportar mejor la radiación solar. Esta idea ha dado lugar a teorías como la del llamado «callo solar», cada vez más presente en redes sociales, que sostiene que una exposición gradual al sol sin protección fortalece la piel y la hace más resistente frente a las quemaduras.
Sin embargo, el dermatólogo y profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de UIC Barcelona, Ramon Grimalt explica a OKSALUD que esta creencia no tiene fundamento científico. «Lo que algunas personas interpretan como un entrenamiento de la piel es, en realidad, un mecanismo de defensa del organismo frente a una agresión», explica.
E insiste: «Cuando la piel se broncea produce melanina para intentar proteger el ADN de las células frente a la radiación ultravioleta, por lo que el moreno no debe entenderse como un signo de salud, sino como una señal de que ya se ha producido un daño celular.»
Además, el experto destaca que la radiación ultravioleta «es un carcinógeno acumulativo y que aumentar deliberadamente la exposición al sol sin protección puede incrementar el riesgo de desarrollar cáncer de piel en el futuro», además de acelerar el envejecimiento cutáneo.
Los mitos, muy presentes
Otra de las falsas creencias que más se han difundido en los últimos años es que los filtros solares pueden resultar perjudiciales para la salud porque algunos de sus componentes se absorben a través de la piel. Sobre esta cuestión, Grimalt explica que, aunque determinados químicos pueden absorberse en cantidades muy pequeñas, «no existe evidencia científica ni clínica que demuestre que provoquen daños sistémicos o alteraciones hormonales en humanos».
Asimismo, recuerda que los fotoprotectores comercializados están sometidos a estrictos controles de seguridad y señala que quienes prefieran otras alternativas pueden optar por filtros minerales o físicos, formulados con ingredientes como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, que permanecen sobre la superficie de la piel.
El dermatólogo también destaca la importancia de mantener unos hábitos adecuados de protección durante los meses de verano. «Entre las principales recomendaciones destaca evitar la exposición solar entre las 12:00 y las 16:00 horas, aplicar el protector solar entre 20 y 30 minutos antes de salir al exterior y renovarlo cada dos horas o después del baño o de una sudoración intensa. A ello se suma el uso de gorras, gafas de sol homologadas y ropa adecuada para reforzar la protección frente a la radiación ultravioleta», detalla.
No reutilizar cremas
En relación con las cremas solares, Grimalt advierte además de que no conviene reutilizar los envases de un verano para otro, ya que su eficacia suele mantenerse alrededor de doce meses una vez abiertos.
Por último, el especialista desmonta otra de las dudas más frecuentes entre la población: la idea de que el uso de fotoprotectores impide obtener suficiente vitamina D. En concreto, explica que los estudios muestran que las personas que utilizan protección solar de forma habitual mantienen niveles normales de esta vitamina. «Una exposición breve de brazos o piernas durante entre diez y quince minutos al día, fuera de las horas de máxima radiación, suele ser suficiente para cubrir las necesidades del organismo sin necesidad de asumir riesgos innecesarios para la piel», concluye.
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