INCENDIOS FORESTALES

Burgohondo se lamenta: «Era un fuego pequeño pero nadie vino porque estaban en Guadalajara y se fue de madre»

"El viernes lo teníamos controlado y si nos hubieran echado una mano esto se habría salvado"

Berni relata cómo salvó de "milagro" su casa de madera: "Nadie nos ayudó, luchamos solos contra llamas de 30 metros"

Los vecinos de Burgohondo creen que "el mayor incendio de la historia" pudo evitarse

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  • Sira Lobato / Isaac Chavida / Burgohondo (Ávila)

En medio de un paisaje de cenizas y desolación en la sierra de Burgohondo, una pequeña casa de madera se encuentra intacta. Su propietario, Bernie, logró lo impensable: frenar el avance de un fuego devorador con un azadón, sus propias manos y una lección vital de prioridades. Su testimonio a pie de terreno es el reflejo de la tragedia forestal de Ávila, pero también de la inquebrantable resistencia comunitaria frente a las llamas.

Bernie vive en la zona de Horno Robledo de Arriba, un área ahora completamente teñida de negro. «Todo esto antes eran árboles y ramas», cuenta mientras muestra lo que rodea su cabaña, que parece ajena al desastre que la rodea. El secreto de su supervivencia no fue la suerte, sino la prevención. Tenía el terreno desbrozado 5 metros alrededor de la edificación, pero el factor decisivo fue cavar una zanja perimetral.

«Lo más importante es esto: con un azadón vas cavando un metro y medio y lo vas echando todo alrededor. Cuando el fuego ya había picado, me fui a rezar. Al día siguiente volví y hubo un milagro».

Sin embargo, para este vecino, lo material siempre queda en segundo plano. Su filosofía de actuación frente al avance del fuego es dar prioridad absoluta a las vidas. «Lo primero es llevarte los animales, luego ayudar a los vecinos a que no se quede ningún animal suyo, y solo entonces intentar salvar tu casa. Coges las escrituras de la casa y poco más», señala.

Un polvorín y la lucha vecinal solitaria

A pesar del éxito con la vivienda principal, no todo corrió la misma suerte. Bernie perdió un taller anexo que actuó como un auténtico polvorín al ser alcanzado por las llamas por la parte trasera de la finca. «Tenía placas solares, baterías, generadores… esto explotó. Hay trozos de placas a 20 metros», relata mostrando los restos calcinados.

La lucha contra el fuego fue titánica y, durante los primeros momentos, profundamente solitaria. Bernie explica que, con los recursos aéreos y terrestres centrados en otros focos como los de Guadalajara o en proteger núcleos urbanos, la sierra quedó en manos de los lugareños. Lejos de buscar culpables, muestra una enorme empatía: «No van a venir aquí a salvar el bosque si hay pueblos quemándose, lo entiendo. Pero claro, aquí vive gente también, entonces lo tuvimos que luchar nosotros».

Así, hasta 30 personas del pueblo y voluntarios de Protección Civil se organizaron con vehículos pick-up, depósitos de agua y mangueras para hacer frente al fuego de más de 30 metros de altura, hasta que tuvieron que ser desalojados por seguridad.

«Mi casa es el bosque»: el peligro de las cenizas

Aunque su cabaña de madera sigue en pie, Bernie siente la pérdida en su entorno. «Yo aquí duermo y hago la comida, pero mi casa es el bosque», lamenta. Además, advierte que el peligro está lejos de terminar. Los medios aéreos hacen el trabajo grueso, pero el interior de los troncos esconde brasas que pueden reavivarse semanas después. «Las zonas que no están quemadas son las más peligrosas. Aunque pasen aviones, si abajo se queda un tronco seco por dentro, puede reanimarse», alerta.

En medio del desastre, emerge la solidaridad de un vecindario convertido en familia. El ejemplo más desgarrador y heroico lo protagoniza el joven que conduce el camión de bomberos de Burgohondo. «Vive aquí en la sierra con nosotros y lo ha perdido todo. No se ha pasado por lo suyo, está trabajando 14 horas al día ayudando», revela Bernie emocionado. Un testimonio de fuerza y sacrificio que cierra con un mensaje esperanzador: «Mucha fuerza a todos, de todo se sale».

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