ENTREVISTA

Laurent, el francés que convirtió una base militar en el ‘resort’ más exclusivo de Menorca: «Nos llevó mucho tiempo»

Laurent Morel-Ruymen cambió su carrera en el mundo de la moda en Nueva York por una nueva vida en Menorca

A través de proyectos como Faustino Gran y Cap Menorca, defiende un modelo basado en la recuperación del patrimonio

En conversación con COOL, el empresario francés reflexiona sobre el verdadero significado del lujo

Laurent Morel-Ruymen durante unas vacaciones. (Foto: Cortesía)
Marta Menéndez
  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, llevo años siguiendo de cerca la actualidad social y los personajes que marcan la conversación pública. A lo largo de mi trayectoria he trabajado en medios como Cadena SER, El Independiente, Revista Capital y Diez Minutos, combinando información, análisis y contenido digital. Hoy cuento las historias que hay detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial atención a la actualidad del corazón, las casas reales y el universo televisivo.

Hay decisiones que cambian una carrera profesional y otras que transforman una vida entera. La de Laurent Morel-Ruymen pertenece a la segunda categoría. Durante años desarrolló su trayectoria en Nueva York ligado al mundo de la moda, pero un viaje en velero por el Mediterráneo alteró todos sus planes. Entre Italia y Menorca tuvo que elegir dónde empezar una nueva etapa y la isla balear terminó conquistándolo por motivos que iban mucho más allá de la belleza de sus paisajes. «Ganó Menorca por dos razones muy personales: mi pasión por la navegación a vela y por el caballo, dos elementos profundamente ligados a la identidad de la isla», explica durante su conversación con COOL. Sin embargo, aquella conexión emocional fue solo el principio. Al recorrer la isla descubrió un territorio extraordinariamente bien conservado que, en su opinión, todavía no contaba con una oferta hotelera capaz de reflejar su verdadera esencia. «Sentí que aquí era posible crear hoteles que nacieran de Menorca y no hoteles que simplemente estuvieran en Menorca», afirma.

Esa idea, aparentemente sencilla, acabaría convirtiéndose en el eje de todos sus proyectos. Mientras gran parte de la industria turística competía por construir establecimientos cada vez más espectaculares, Morel-Ruymen apostó por un camino completamente distinto: recuperar edificios con historia y convertirlos en hoteles profundamente conectados con el lugar donde se encuentran. De esa filosofía nacieron Faustino Gran, en el corazón de Ciutadella, y más tarde Cap Menorca, probablemente el proyecto que mejor resume su manera de entender la hospitalidad. Lo que hoy es un exclusivo refugio frente al Mediterráneo fue durante décadas una antigua base militar abandonada. Donde otros veían un espacio imposible de recuperar, él encontró una oportunidad para recuperar patrimonio y devolver la vida a un enclave único. «Nunca quisimos transformar el lugar, sino devolverle su dignidad respetando completamente su identidad», explica. Una frase que resume perfectamente la diferencia entre intervenir un paisaje o dialogar con él.

Laurent Morel-Ruymen a caballo. (Foto: Cortesía)
Laurent Morel-Ruymen a caballo. (Foto: Cortesía)

No fue un camino sencillo. La recuperación de Cap Menorca necesitó más de diez años de trabajo, innumerables trámites administrativos y una capacidad de adaptación constante a las distintas normativas que fueron apareciendo durante el proceso. Lejos de lamentarlo, Morel-Ruymen considera que precisamente esa complejidad ha terminado convirtiéndose en uno de los mayores valores del proyecto. «La mayor dificultad fue la paciencia», reconoce. «Restaurar edificios históricos, sin añadir nuevas construcciones, exige mucho tiempo, rigor y compromiso. Pero precisamente esa exigencia es la que hace que el resultado tenga hoy un valor difícilmente reproducible». Para él, el verdadero lujo empieza precisamente ahí: en aceptar que algunas cosas no pueden acelerarse.

Su discurso rompe también con la imagen más tradicional de la alta hotelería. Frente al lujo asociado al exceso, a la monumentalidad o a la ostentación, defiende un concepto mucho más silencioso y profundamente contemporáneo. Durante nuestra entrevista recuerda una reflexión del expresidente francés Georges Pompidou, quien ya en los años setenta aseguró que el lujo del siglo XXI consistiría en poder vivir rodeado de naturaleza con la calidad de vida que disfrutaban las antiguas propiedades rurales. Morel-Ruymen comparte plenamente aquella visión. «En un mundo cada vez más digital, la naturaleza, el silencio y las relaciones humanas serán cada vez más valoradas», sostiene. No habla únicamente de sostenibilidad, sino de una nueva manera de entender el bienestar, donde conservar adquiere mucho más valor que construir.

Ese planteamiento atraviesa cada detalle de sus hoteles. Cuando habla del llamado ADN de Menorca, evita los grandes discursos y prefiere detenerse en aquello que hace realmente singular a la isla: la arquitectura tradicional, la autenticidad de sus pueblos, la relación constante entre el campo y el mar o el trabajo de artesanos y productores locales. «El ADN de Menorca no se transmite construyendo más, sino escuchando al territorio», asegura. Por eso insiste en que un hotel no debe limitarse a ofrecer alojamiento, sino convertirse en una puerta de entrada a la cultura local. Desde la gastronomía hasta las experiencias diseñadas para los huéspedes, todo busca conectar al visitante con una Menorca auténtica que va mucho más allá de sus playas.

La gastronomía de Menorca ocupa un papel protagonista dentro de esa filosofía. Resulta imposible, dice, resumir la identidad gastronómica de la isla en un único producto porque precisamente su riqueza reside en el conjunto: el pescado, las carnes locales, las verduras, el queso Mahón-Menorca, el aceite de oliva o los vinos forman parte de un mismo relato construido alrededor del respeto por el territorio. «Lo importante es respetar el producto y a quienes lo producen», subraya. Esa misma idea se traslada al servicio. Para Morel-Ruymen, un hotel de cinco estrellas no depende del tamaño de sus instalaciones, sino de la calidad humana del equipo, de una conserjería capaz de abrir las puertas de la isla y de la sensación de hospitalidad que el viajero experimenta desde el primer momento.

Laurent Morel-Ruymen en una sesión de fotos. (Foto: Cortesía)
Laurent Morel-Ruymen en una sesión de fotos. (Foto: Cortesía)

Hay otro elemento que atraviesa discretamente todos sus proyectos: el arte. La fotografía ocupa un lugar destacado en Cap Menorca no como un simple recurso decorativo, sino como una forma de preservar la memoria del lugar. «Menorca siempre ha atraído a artistas por la calidad de su luz y de sus paisajes», explica. En su caso, además, existe un componente profundamente personal, ya que conoció a su esposa gracias a un fotógrafo en la isla. Es otra prueba de que, para él, los hoteles se construyen también a partir de historias y emociones, no únicamente de arquitectura.

A pesar de que por sus establecimientos han pasado personalidades del mundo de la cultura, el deporte o la empresa, evita mencionar nombres. Considera que la discreción forma parte del verdadero lujo y que la confianza de sus huéspedes vale mucho más que cualquier fotografía o titular. De hecho, cuando le pregunto qué personalidad le gustaría recibir algún día en Cap Menorca, responde que no piensa en un nombre concreto. Su aspiración es que el hotel se convierta en un refugio natural para quienes buscan inspiración, privacidad y tranquilidad, ya sean artistas, arquitectos, escritores, empresarios o incluso jefes de Estado. «El mayor reconocimiento sería que nuestros huéspedes recomendaran el lugar discretamente a sus amigos», afirma convencido. «Ese sigue siendo el mejor marketing en la hotelería de lujo

En un momento en el que el turismo premium genera cada vez más debate, Morel-Ruymen reivindica un modelo capaz de integrarse en el territorio en lugar de transformarlo. Está convencido de que el lujo sostenible puede convertirse en un aliado cuando contribuye a recuperar patrimonio, generar empleo estable, apoyar a los productores locales y proteger el paisaje que da sentido al destino. Esa idea resume también su visión del futuro del sector. El viajero de alto nivel, concluye, sigue buscando exclusividad, pero cada vez exige algo más difícil de encontrar: autenticidad. «El lujo del futuro será cada vez más humano», sentencia. Una frase que resume no solo su manera de entender la hotelería de lujo, sino también la decisión que un día lo llevó a dejar atrás Nueva York para empezar una nueva vida en Menorca.