La sabia reflexión de la Reina Isabel II: «Siempre ha sido fácil odiar y destruir. Construir y apreciar es mucho más difícil»
La reina pronunció estas palabras en su primer discurso navideño televisado, en 1957
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Hay acciones que pueden destruirse en cuestión de segundos, mientras que construir algo sólido puede requerir años de esfuerzo, paciencia y compromiso. La reina Isabel II resumió esa diferencia con una reflexión que pronunció hace casi siete décadas y que continúa teniendo una enorme vigencia. «Siempre ha sido fácil odiar y destruir. Construir y apreciar es mucho más difícil». La frase apareció en su mensaje de Navidad de 1957, cuando la monarca llevaba apenas cinco años en el trono y el mundo todavía estaba profundamente marcado por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
Una reflexión de 1957
Isabel II pronunció estas palabras durante su primer mensaje navideño televisado, un momento especialmente significativo porque la televisión estaba transformando la manera en que los dirigentes podían comunicarse directamente con millones de personas. Su discurso no se limitó a hablar de la Navidad, sino que abordó los cambios sociales y tecnológicos que estaban transformando la sociedad británica y la Commonwealth.
En aquel discurso, la reina Isabel II advertía también sobre el riesgo de abandonar principios que consideraba fundamentales. Hablaba de honestidad, moralidad, autocontrol y responsabilidad, y defendía que los avances de la época no debían implicar necesariamente renunciar a determinados valores. La frase sobre construir y destruir aparecía, por tanto, dentro de una reflexión mucho más amplia sobre cómo afrontar los cambios sin perder aquello que merece ser conservado.
Destruir es mucho más sencillo
La fuerza de las palabras de Isabel II reside en una comparación aparentemente sencilla. Destruir una relación, una reputación o incluso un proyecto puede requerir muy poco tiempo, mientras que construir cualquiera de esas cosas exige constancia. Una confianza puede necesitar años para consolidarse y desaparecer después de una sola traición, ya que una comunidad puede tardar generaciones en fortalecerse y quedar dañada por un conflicto.
Isabel II colocaba así el valor de la construcción por encima de la satisfacción inmediata que puede producir la confrontación. Su mensaje no defendía ignorar los problemas, sino comprender que mantener aquello que funciona requiere un esfuerzo continuado. De hecho, en otros discursos posteriores insistió en la importancia de avanzar juntos y encontrar puntos de encuentro incluso cuando existen diferencias.