La psicología dice que cuando las personas mayores de 75 años cuentan las mismas historias una y otra vez no están perdiendo la memoria si no que están haciendo la edición final de la versión de sí mismos que se conserva

Escuchar a una persona mayor contar una y otra vez la misma historia se suele atribuir simplemente al paso de los años. Sin embargo, desde la psicología se plantea que este comportamiento puede responder a un proceso mucho más profundo. En la década de 1960, el psiquiatra Robert Butler introdujo el concepto de «revisión de vida». Según su planteamiento, recordar el pasado permite a las personas ordenar décadas de experiencias, decisiones, cambios y pérdidas.
Butler consideraba que este ejercicio podía ayudar a aceptar las experiencias, aportar una mayor sensación de coherencia y, en determinadas circunstancias, contribuir al desarrollo de algo similar a la sabiduría. Esta idea cuestiona una creencia habitual en las familias: que hablar constantemente del pasado significa necesariamente quedarse atrapado en él. En realidad, mirar hacia atrás puede formar parte del desarrollo personal durante la vejez y no ser simplemente una forma de escapar del presente.
¿Por qué las personas mayores repiten las mismas historias una y otra vez?
Butler planteó que repetir una misma anécdota del pasado no debía interpretarse necesariamente como una señal de que una persona está atrapada en sus recuerdos. Desde su punto de vista, recordar y volver a contar determinadas experiencias también podía formar parte del desarrollo personal durante la edad adulta, ya que permitía revisarlas desde una nueva perspectiva y extraer conclusiones diferentes con el paso de los años.
Además, este proceso se puede entender como una especie de «edición final de la propia historia». Al recuperar una anécdota y contarla de nuevo, la persona puede añadir detalles que antes había omitido, corregir aspectos del relato o agregar interpretaciones que ha desarrollado con el tiempo. De esta manera, el recuerdo no permanece completamente estático, sino que puede adquirir nuevos matices cada vez que se vuelve a narrar.
Por eso, repetir una historia no significa necesariamente que exista un problema de memoria o que haya un simple apego emocional al pasado. También puede formar parte de un mecanismo mediante el cual las personas reorganizan sus recuerdos, encuentran significado en lo vivido y transmiten a los demás aquellas experiencias que consideran importantes.
‘Pico de reminiscencia’
Las investigaciones sobre memoria autobiográfica han observado que las personas mayores tienden a recordar con especial intensidad acontecimientos ocurridos aproximadamente entre los 10 y los 30 años. Se trata de una etapa especialmente importante, porque durante esos años suelen concentrarse numerosos acontecimientos capaces de marcar profundamente la trayectoria de una persona: la adolescencia, los primeros amores, el primer empleo, la independencia, el matrimonio o incluso la llegada de los hijos.
El fenómeno fue identificado por primera vez en 1986 por los psicólogos David C. Rubin, Steven E. Wetzler y Raymond D. Nebes. El llamado «pico de reminiscencia» describe un curioso efecto dentro de la memoria autobiográfica, que contrasta con la progresiva disminución de recuerdos correspondientes a otras etapas de la vida. Su investigación mostró que los adultos mayores, especialmente a partir de los 40 años, tienden a recordar con mayor intensidad sus años de juventud.
El psicólogo Jeffrey Webster desarrolló una escala destinada a estudiar y medir este tipo de recuerdos, y señaló dos funciones especialmente importantes en la manera en que las personas utilizan sus relatos del pasado: reafirmar su identidad y transmitir aprendizajes.
Décadas después, distintas investigaciones siguieron tratando de comprender por qué determinados recuerdos adquieren tanta durante la vejez. Una de ellas, dirigida por Mary Ann McColl, profesora de Terapia Ocupacional en Queen’s University, en Canadá, analizó este fenómeno a partir de las experiencias de hijos e hijas que cuidaban a padres con edades comprendidas entre los 78 y los 93 años.
Los resultados, publicados en el Scandinavian Journal of Caring Sciences, mostraron que muchas de estas personas mayores recurrían repetidamente a unas pocas historias. Los relatos no parecían elegidos al azar, sino que solían girar alrededor de acontecimientos que habían tenido un peso especial en sus vidas: la familia, el esfuerzo, la migración, la educación, los momentos felices de la juventud, la amistad, la lealtad, las pérdidas y la importancia de actuar de acuerdo con aquello que consideraban correcto.
Deterioro cognitivo
Finalmente, conviene recordar repetir recuerdos puede formar parte de un proceso normal de envejecimiento no significa que cualquier cambio en la memoria deba atribuirse automáticamente a la reminiscencia. Una persona puede contar muchas veces una historia antigua y, al mismo tiempo, conservar intacta su capacidad para desenvolverse en el presente. Reconoce a las personas que la rodean, sabe dónde está, sigue una conversación y continúa realizando sus actividades habituales. Por sí sola, la repetición de una misma anécdota no permite concluir que exista un deterioro cognitivo.
Sin embargo, hay otras señales que sí pueden resultar preocupantes y que van mucho más allá de repetir historias del pasado. La desorientación, las nuevas dificultades para realizar tareas cotidianas, los problemas para seguir conversaciones o cambios importantes en el comportamiento son algunos ejemplos.
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