Los profesionales de la limpieza coinciden: «Para limpiar la cubertería de plata oxidada, lo mejor es mezclar papel de aluminio con bicarbonato»
Esa cubertería de plata que llevas meses sin sacar del cajón porque se ha puesto negra tiene arreglo, y no hace falta frotar hasta desgastar el metal. Existe un truco casero que combina papel de aluminio y bicarbonato, capaz de dejar la plata como el primer día sin productos agresivos.
Es, además, una de las técnicas más repetidas en el sector de la hostelería, donde la cubertería se ensucia rápido y hay que recuperarla sin desgastarla lavado tras lavado.
El método del papel de aluminio y el bicarbonato, paso a paso
Este método no limpia por fricción, sino por una reacción electroquímica: el aluminio, el bicarbonato y el agua caliente invierten la sulfuración y devuelven el brillo sin desgastar la plata. Por eso es la opción que más recomiendan quienes trabajan a diario con cubertería muy ennegrecida, sobre todo en volúmenes grandes.
Forra el fondo de un recipiente con papel de aluminio, con la cara brillante hacia arriba, y coloca encima los cubiertos asegurándote de que toquen el aluminio.
Vierte agua muy caliente, sin llegar a hervir, con dos cucharadas de bicarbonato por litro. Déjalos entre 5 y 15 minutos según lo oscuros que estén: verás cómo el tono negro va pasando del cubierto al aluminio.
Retíralos con pinzas o con guantes desechables, aclara con agua limpia y seca enseguida con un paño suave de algodón o microfibra. Es normal que huela a huevo podrido durante el proceso; es el propio sulfuro liberándose, así que conviene ventilar la cocina mientras tanto.
Cuanto más ennegrecida esté la pieza, más conviene alargar el remojo dentro de ese rango, aunque rara vez hacen falta los 15 minutos completos.
Por qué se ennegrece la plata
La plata, en realidad, no se oxida en sentido estricto: lo que ocurre se llama sulfuración. El sulfuro de hidrógeno presente en el aire reacciona con la superficie del metal y forma una capa oscura de sulfuro de plata.
Cuanto más tiempo pasa sin limpiarse, más se acentúa ese tono negruzco o amarronado. Entender esto cambia también la forma de limpiarla: el método correcto tiene que actuar a nivel químico para revertir esa reacción, no limitarse a raspar la capa oscura con un estropajo o un producto abrasivo.
Hay factores que aceleran el proceso: la humedad, el sudor, los cosméticos y perfumes, y también guardar las piezas en contacto con cartón o gomas elásticas, que liberan sulfuros.
Por eso una cubertería metida en una caja de cartón durante años suele salir mucho más oscura que una guardada al aire libre. El agua con cloro, habitual en las zonas de agua dura, también contribuye a que el proceso avance más rápido de lo esperado.
Cómo evitar que vuelva a oxidarse la cubertería de plata
Para joyas, piezas con relieve o plata bañada, este método puede ser demasiado agresivo, así que mejor un paño de microfibra con una gota de jabón de pH neutro y movimientos lineales, nunca circulares.
La pasta de dientes también sirve como recurso puntual sobre plata maciza sin grabados, pero conviene reservarla para emergencias, porque frotar demasiado acaba desgastando el metal.
Una vez limpia, lo más eficaz es guardarla en bolsas de cierre hermético o con tiras antipolución, lejos del cartón y las gomas elásticas. Secarla bien antes de guardarla también marca la diferencia: la humedad que queda tras lavar los cubiertos en el lavavajillas es una de las causas más habituales de que vuelvan a ennegrecerse rápido.