Los expertos en limpieza coinciden: lavar las sábanas una vez por semana está bien pero lo importante en realidad es la temperatura del agua
La temperatura del agua es clave para eliminar ácaros y mantener las sábanas limpias sin dañar los tejidos
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Cuando se trata de cambiar la sábanas de la cama, hay quien lo suele hacer cada semana, otros cada quince días o quienes lo hacen más frecuentemente, de modo que al final, no siempre resulta fácil ponerse de acuerdo sobre cuándo toca meterlas en la lavadora. Durante el verano solemos hacerlo más a menudo porque sudamos más, mientras que en invierno es frecuente alargar unos días su uso. Pero existe otro detalle al que no siempre prestamos atención y que puede ser tan importante como la frecuencia de lavado: la temperatura del agua. Elegir un programa demasiado frío puede ser suficiente para eliminar parte de la suciedad visible, aunque no siempre consigue reducir determinados microorganismos presentes en los tejidos.
La cuestión tiene más importancia de lo que parece si pensamos en todas las horas que pasamos acostados. Durante la noche, las sábanas están en contacto con la piel, absorben sudor y acumulan restos que no desaparecen simplemente porque ventilemos la habitación por la mañana. Es por ello que los especialistas en limpieza textil aconsejan lavarlas aproximadamente una vez por semana, pero también recuerdan que cada tejido necesita unas condiciones determinadas. El algodón, por ejemplo, no se comporta igual que algunas fibras sintéticas cuando se lava con agua caliente. De ahí que mirar la etiqueta antes de elegir el programa sea fundamental para conseguir una limpieza adecuada sin terminar estropeando la ropa de cama.
Lavar las sábanas una vez por semana no siempre es suficiente
Quien acostumbra a cambiar las sábanas los domingos probablemente no necesite modificar demasiado su rutina, más allá de que se de alguna circunstancia que exija que las cambien antes. Dormir con mascotas, sudar abundantemente durante la noche o compartir la cama son algunos de los factores que pueden hacer necesario aumentar la frecuencia. Pero además, influye la época del año, puesto que durante los meses de más calor resulta habitual que las sábanas acumulen antes humedad y olores, de modo que aunque parezca que están limpias, el contacto diario con el cuerpo deja restos de grasa, células de la piel y otras partículas que van quedándose entre las fibras.
Tampoco es necesario establecer un calendario idéntico para todas las personas. Algunas pueden mantener la ropa de cama en buenas condiciones durante más días, mientras que quienes tienen alergia a los ácaros necesitan prestar especial atención a su limpieza. Estos pequeños organismos encuentran alimento en las partículas de piel que desprendemos y pueden acumularse en colchones, almohadas y los textiles. En cualquier caso, esperar demasiado entre lavados no es lo más aconsejable, porque una temperatura elevada no sustituye la necesidad de retirar periódicamente la suciedad que se deposita sobre las sábanas.
A qué temperatura deben lavarse las sábanas para eliminar la suciedad
La mayoría de las lavadoras actuales ofrecen programas de 30, 40 y 60 grados, aunque no todos sirven para lo mismo. Los lavados a baja temperatura pueden dar buenos resultados con detergentes adecuados, especialmente cuando las sábanas no presentan mucha suciedad. Sin embargo, si lo que se busca es reducir la presencia de ácaros, el agua más caliente ofrece determinadas ventajas. El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) aconseja lavar la ropa de cama a 60 grados cuando se pretende disminuir la exposición a estos organismos, una recomendación especialmente relevante para las personas alérgicas.
El problema aparece cuando se utiliza esa temperatura sin comprobar primero de qué material están hechas las sábanas. Algunas prendas de algodón admiten perfectamente los 60 grados, pero otros tejidos pueden encoger, perder color o deteriorarse si se someten a un lavado demasiado caliente. Por eso, antes de seleccionar el programa conviene revisar la etiqueta y respetar las indicaciones del fabricante. También es importante utilizar la cantidad adecuada de detergente y no llenar excesivamente el tambor, ya que las sábanas necesitan espacio para moverse y aclararse correctamente.
El error de guardar las sábanas cuando todavía conservan humedad
Después de sacar las sábanas de la lavadora, algunas personas las doblan cuando todavía están ligeramente húmedas, pensando que terminarán de secarse dentro del armario. Es una costumbre poco recomendable, porque la humedad retenida entre los pliegues puede favorecer la aparición de malos olores y, si las condiciones son propicias, el crecimiento de moho. Lo mejor es extenderlas completamente, procurando que circule el aire, o utilizar la secadora si el tejido lo permite. También conviene sacarlas del tambor al terminar el programa, en lugar de dejarlas varias horas dentro de la lavadora.
Y por último y respecto al planchado, el calor puede contribuir a reducir determinados microorganismos, aunque no es necesario planchar las sábanas para conseguir una higiene doméstica adecuada. Además, tampoco todos los materiales soportan las mismas temperaturas. Los especialistas insisten en que el cuidado de la ropa de cama no depende de una única medida, sino de combinar varios hábitos: cambiar las sábanas regularmente, elegir un programa apropiado, utilizar detergente y secarlas por completo. La temperatura del agua merece atención, pero debe adaptarse siempre al tejido y a las necesidades de limpieza de cada hogar.