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La curiosa razón por la que los libros viejos huelen tan bien

Libros viejos huelen bien
Libros viejos

Si hay algo que a todos nos llama mucho la atención es lo bien que huelen los libros antiguos, y esto tiene una explicación científica que resulta de especial interés conocer. Al principio, los libros tienen un aroma muy característico, a productos químicos como el pegamento y a tinta. Con el paso del tiempo estos olores van desapareciendo porque se van secando y evaporando.

Científicos del University College de Londres trataron de responder a la pregunta de por qué los libros antiguos huelen tan bien. Para ello, pidieron a los turistas e la Catedral de San Pablo y de la Biblioteca de Londres que describieran los olores de algunos libros antiguos que les enseñaban. La mayoría de visitantes describieron el aroma como «terroso», «ahumado» y «madera». A casi el 75% de los encuestados el olor les parecía agradable.

El hecho de que los libros viejos tengan un olor tan característico tiene que ver con la degradación del sustrato original del papel. Con el paso del tiempo, se liberan en el aire cientos de compuestos volátiles, entre ellos la lignina, un polímero orgánico que huele a vainilla y que hace que los libros se amarilleen.

«La lignina es un biopolímero natural, uno de los principales componentes de la biomasa vegetal. Es decir que está presente en árboles, arbustos y plantas. En general los vegetales tienen tres componentes principales, que son la celulosa, la hemicelulosa y la lignina, dependiendo del tipo de planta. Y la lignina es lo que le da rigidez al vegetal para que sea más resistente», le explicó a BBC Mundo el doctor en química, Marcelo Domine.

Al olor de la lignina hay que sumar los matices de los distintos elementos químicos utilizados para la fabricación de los libros, como la tinta y el pegamento.

Consejos para conservar los libros

Para conservar los libros en perfecto estado, es importante no exponerlos a la luz directa del sol durante un largo periodo de tiempo. La exposición prolongada a los rayos solares provoca la decoloración de la cubierta y el lomo, así como el amarilleamiento de las páginas y la pérdida de la intensidad de la tinta.

Un exceso de humedad hace que las páginas se ondulen y se deformen, así que lo mejor es guardar los libros en un espacio seco y bien ventilado. Los cambios de temperatura constantes son perjudiciales por la dilatación y contracción de los materiales.

Conviene limpiar con un plumero el polvo de los libros una o dos veces al mes.

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