Antoni Gaudí, arquitecto español: «Para hacer las cosas bien es necesario primero el amor, segundo, la técnica»
Su técnica, aparentemente improvisada, contenía diseños geométricos de gran complejidad
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El revolucionario arquitecto español y el máximo exponente del modernismo catalán, Antoni Gaudí, es una de las figuras más importantes de la historia de España. Famoso mundialmente por su estilo único inspirado en formas de la naturaleza, mantenía una filosofía de vida y de arquitectura que se resume en una frase: «Para hacer las cosas bien es necesario primero el amor, segundo, la técnica». El arquitecto español dedicó su vida a integrar la geometría, la artesanía y una profunda devoción religiosa en obras interdimensionales que desafiaron las leyes de la arquitectura tradicional.
Sus columnas replicaban troncos de árboles, sus techos escamas de dragón y sus fachadas ondulan como el mar. Gaudí también evitaba las líneas rectas «porque en la naturaleza no existían».
La filosofía de Gaudí
El artista español sentía profunda devoción por la creación, inspirándose de forma continua en las formas orgánicas expuestas en la naturaleza. La pasión y el afecto por lo que se hace eran el principal motor de cualquier obra maestra. «El arquitecto del futuro se basará en la imitación de la naturaleza, porque es la forma más racional, duradera y económica de todos los métodos», afirmaba Gaudí.
La técnica y el conocimiento eran las herramientas necesarias para dar forma a ese amor. En ocasiones se tachaba a Gaudí como un «loco» que improvisaba, pero este calificativo es erróneo. El arquitecto español dominaba la geometría reglada, los estudios estructurales y las soluciones constructivas más avanzadas de su época.
La técnica de Gaudí
Empleó para sus obras formas geométricas complejas, que hoy en día son un reclamo turístico en la ciudad de Barcelona. Hiperboloides, paraboloides y helicoides abundan en sus creaciones. Para calcular cargas como la de la Sagrada Familia, Gaudí diseñó un método técnico asombroso.
A través de cordeles con saquitos de perdigones conseguía que la gravedad creara la curva perfecta de manera natural. Posteriormente, colocaba un espejo debajo o tomaba una fotografía y la invertía: esa forma colgada, al dar la vuelta, se convertía en el arco estructural más estable posible (el arco catenario), que no necesitaba contrafuertes exteriores.