Adiós a los muebles bajo la televisión: la nueva tendencia en 2026 que ocupa poco espacio y hace más grande el salón
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Durante años, la imagen más habitual en cualquier salón ha sido prácticamente la misma: una televisión colocada sobre un mueble bajo, acompañada de cajones, estanterías y diferentes compartimentos. Sin embargo, las tendencias cambian con el tiempo, y esta composición empieza a perder protagonismo en favor de una alternativa mucho más ligera. En 2026, una de las tendencias que está ganando fuerza en la decoración de interiores apuesta por separar visualmente el televisor del mueble.
La propuesta no busca eliminar por completo el almacenamiento del salón, sino cambiar la forma de integrarlo. En lugar de ocupar prácticamente toda la parte inferior de la pared con un mueble voluminoso, los nuevos diseños buscan elementos parezcan flotar. Una solución especialmente interesante para viviendas pequeñas, donde cada centímetro cuenta y conseguir una mayor sensación de amplitud puede marcar una gran diferencia en el resultado final.
La nueva propuesta que elimina los muebles bajo la televisión
El cambio más evidente está en la posición del televisor. En lugar de apoyarlo sobre un mueble, la pantalla se coloca directamente sobre la pared mediante un sistema de fijación. Aunque parezca un cambio mínimo, cambia por completo la percepción del salón. Al desaparecer el espacio que ocupaba la televisión sobre el mueble, la composición se ve mucho más limpia. Además, la pantalla puede quedar perfectamente integrada en la pared, especialmente cuando los cables se ocultan o se organizan de manera que no queden visibles.
La idea encaja especialmente bien con los estilos decorativos contemporáneos que buscan reducir el «ruido visual», entendiendo como tal todo aquello que resulta molesto o desagradable a la vista. Es decir, todo lo que sobrecarga de manera innecesaria una estancia y no tiene armonía con el resto del conjunto. Hasta hace relativamente poco, los muebles voluminosos eran los protagonistas indiscutibles del salón, como vitrinas y aparadores. Sin embargo, las nuevas tendencias buscan crear espacios más despejados, y el mueble suspendido se convierte en el complemento perfecto.
Se trata de módulos que se instalan directamente en la pared, dejando un espacio libre entre la parte inferior del mueble y el suelo, que pueden tener cajones, puertas o compartimentos cerrados. La diferencia está en la manera en la que se perciben dentro del salón. Al no apoyarse directamente sobre el suelo, el mueble parece mucho más ligero y, además, crea una sensación de continuidad.
Una de las principales ventajas de esta tendencia es modificar la percepción del espacio. Mientras, un mueble tradicional ocupa buena parte de la pared y del suelo, con un mueble suspendido ocurre lo contrario. La televisión, además, queda integrada en la composición. ¿El resultado? Una pared más limpia y una distribución que transmite una mayor sensación de amplitud.
Pared de la televisión
La nueva tendencia también cambia la forma de diseñar la pared principal del salón. Durante mucho tiempo, el mueble de televisión era prácticamente el protagonista absoluto. Ahora, en cambio, se busca crear una composición en la que la pared y la pantalla formen un conjunto único.
La alternativa más sencilla consiste en colocar la televisión sobre una pared lisa y acompañarla de un mueble suspendido de líneas rectas. Sin embargo, también existe la posibilidad de utilizar un panel de madera, piedra, microcemento u otro revestimiento decorativo detrás de la pantalla.
La iluminación también juega un papel clave. Una iluminación indirecta situada detrás del panel o debajo del módulo suspendido puede reforzar todavía más la sensación de que los elementos están flotando. Ahora bien, conviene evitar el exceso de decoración, ya que, precisamente, uno de los atractivos de esta tendencia reside en su sencillez.
Adiós al minimalismo frío
La pandemia supuso un punto de inflexión en la forma de concebir el hogar. Al estar más tiempo en casa, muchas personas comprobaron que los espacios extremadamente minimalistas podían resultar muy atractivos en fotografías y revistas de decoración, pero no necesariamente conseguían transmitir la calidez y el confort que se buscaban en el día a día.
El hogar recuperó así un papel protagonista en la vida familiar y comenzó a entenderse como un refugio frente al estrés y el ritmo cada vez más acelerado del día a día. En este contexto, uno de los cambios más evidentes en la decoración de interiores se puede apreciar en la elección de los colores.
Los blancos puros y los grises de tonalidades frías empiezan a perder protagonismo frente a una paleta mucho más conectada con la naturaleza. Beige, arena, terracota, caramelo, verde oliva, tonos arcilla, mostaza apagada y diferentes variedades de marrón cálido son cada vez más frecuentes en paredes, muebles, textiles y complementos decorativos. Son tonalidades que aportan profundidad a las estancias y crean una atmósfera más relajada.
Por otro lado, la madera ha vuelto a ocupar un lugar destacado en los interiores después de varios años en los que otros materiales de estilo industrial, como el acero inoxidable o el microcemento, habían ganado terreno. Junto a ella, están recuperando protagonismo materiales como el ratán, el mimbre, el lino, el algodón, la piedra y las fibras vegetales recuperan protagonismo.
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