Curiosidades
INNOVACIÓN EN ARQUITECTURA

Adiós a los bloques de hormigón de siempre: la novedad que va a cambiar los edificios para siempre

La industria de la construcción, responsable de una parte significativa de las emisiones globales, se encuentra ante un punto de inflexión. Una nueva generación de materiales biotecnológicos promete sustituir al hormigón tradicional, ofreciendo mayor eficiencia y un impacto ambiental mínimo.

El hormigón ha sido el rey indiscutible de la arquitectura moderna durante décadas, pero su reinado empieza a tambalearse. Debido a su alta huella de carbono, derivada principalmente de la producción de cemento, investigadores y arquitectos han buscado una alternativa que no solo sea resistente, sino que trabaje a favor del planeta.

La respuesta parece haber llegado de la mano de la ciencia de materiales, introduciendo bloques que, en lugar de emitir CO2, son capaces de absorberlo o de generarse mediante procesos biológicos.

El auge de los Bio-Block: tecnología que «crece» en lugar de fabricarse

A diferencia del concreto convencional, que requiere hornos a temperaturas extremas, la nueva alternativa que está revolucionando el sector se basa en procesos naturales controlados. Estos nuevos bloques suelen utilizar microorganismos, como bacterias específicas o micelio (la estructura de los hongos), combinados con desechos agrícolas o arena. El resultado es un material con una capacidad de carga sorprendente y propiedades térmicas superiores.

Lo que realmente marca la diferencia es su ciclo de vida. Mientras que la fabricación de cemento es responsable de aproximadamente el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, estos materiales emergentes actúan como sumideros de carbono. Al «cultivarse» a temperatura ambiente, eliminan la necesidad de combustibles fósiles en su producción, permitiendo que el sector de la edificación se acerque, por primera vez, a la neutralidad climática real.

Eficiencia y durabilidad: ¿está el sector listo para el cambio?

La gran pregunta que se hacen los expertos es si estos materiales pueden competir en costes y resistencia con el hormigón de toda la vida. Los últimos estudios indican que no solo igualan la durabilidad en ciertos entornos, sino que ofrecen ventajas añadidas como un mejor aislamiento acústico y una ligereza que facilita el transporte y la logística en obra. Además, su porosidad natural permite una gestión más eficiente de la humedad en el interior de las viviendas.

La implementación de estos bloques en edificios de gran altura ya está en fase de pruebas avanzadas, y se espera que para finales de esta década su uso se normalice en la construcción residencial. Este cambio no es solo estético o ético; es una necesidad económica en un mercado donde las normativas ambientales son cada vez más estrictas y los compradores demandan hogares más saludables y eficientes.