De jefa de prensa de Aguado (C’s) a compañera espiritual de aquellos que buscan respuestas incómodas
Durante tres años, la periodista Estefanía Leyva fue la jefa de prensa de Ignacio Aguado, líder de Ciudadanos (C’s) en Madrid. Un momento en el que el partido naranja aún era un embrión fuera de Cataluña, región en la que Albert Rivera pisaba con fuerza por blandir la bandera del constitucionalismo frente al separatismo, y estaba conformado por voluntarios que muy poco sabían de política.
Tras las elecciones autonómicas de 2015, los naranjas se estrenaban en la Asamblea regional y Leyva, que ha trabajado en medios de comunicación durante trece años, se estrenaba también en el complicado mundo de la política dentro de las instituciones. Sin embargo, y a pesar de la curiosidad que suscitan las entrañas políticas al gran público, la periodista afirma que «pronto vi que no era mi sitio, lo sentí así, pero me involucré mucho y fueron tres años maravillosos».
Ahora, con una nueva legislatura a punto de echar andar, si es que hay acuerdo entre VOX, PP y C’s, asegura que está «muy desconectada, aunque sea periodista y viva en la sociedad, no lo sigo a diario, ni estoy pendiente. Mi vida ha cambiado mucho». Y tanto. Ha pasado del ritmo trepidante del día a día de la agenda política a escribir un libro reflexivo, espiritual y de autoconocimiento bajo el nombre de ‘¡Qué fácil es todo y cuánto lo complicamos!’.
No obstante, y a pesar de haber olvidado –entre comillas– su paso por C’s en la región madrileña, Leyva presume de haber tenido «la suerte de ser la primera persona contratada en el partido fuera de Cataluña» porque tuvo la oportunidad, señala, de «ver todo el crecimiento hasta verlo en las instituciones». Detalla la periodista –y ahora escritora– que C’s Madrid «era un grupo de voluntarios que tenían muchas ganas de hacer cosas, pero aclara, «no era un partido político con estructura».
Por ello, afirma, «la primera etapa de mi trabajo me gustó muchísimo porque me permitía poner en práctica mis conocimientos de televisión para formar a una persona que nunca había hecho nada delante de una cámara o en una radio, por ejemplo. Era bonito enseñar lo que había aprendido».
Ahora, relata en una calmada charla con OKDIARIO, mira para atrás y asegura que «no he quedado con ningún sabor negativo de aquella etapa» porque, según argumenta, su carrera ha tenido «un sentido perfecto. Tenía que pasar por informativos, televisión y política para llegar al punto en el que hoy me encuentro, he transmutado mucho desde entonces».
En la actualidad, explica Leyva, ayuda a las personas que buscan respuestas. «Les acompaño en su camino de una manera espiritual para que pueda volver a su verdadera esencia –que es muy poderosa– para dejar de lado el ruido y escucharse a uno mismo». Además, defiende que en estos momentos «estamos acostumbrados a buscar las respuestas fuera y, de repente, el trabajo es el contrario, comienzas a ver que nadie te hace nada y que las personas sólo te hacen de espejo en el que mirarte».
Su trabajo, según comenta la periodista, consiste «en conectarte con tu interior y estar preparado para escuchar respuestas que no te gustan». Defiende que «lo sabemos todo, pero –advierte– en un primer momento pueden salir cosas incómodas. Yo he tardado 22 años en este camino y comprender los mensajes que me dejó mi padre antes de fallecer con 46 años».
Argumenta también que muchas de las cargas negativas que tienen las personas «son culpa del ego, un personaje maravilloso siempre que lo conozcas y pongas los límites porque si no es así, te vuelves loca». Sorprende, y así se lo hago saber, que hable de ego de una manera tan liviana cuando el periodismo y la política están trenzados a menudo por férreos cordones que proceden del ego. «Claro, por eso digo que el camino hacia esta transmutación ha sido perfecto. He experimentaba el ego, la importancia personal, el poder, la influencia, etc. Todo eso lo he manejado, aunque sabía que no era mi sitio. Pero tenía que verlo y aprenderlo, porque haberlo conocido me ha llevado a poder ayudar a las personas».
Defiende, para terminar, el poder de la meditación. Cree Leyva que «es la medicina del alma porque es la manera de parar ese ego». Porque, éste, según explica, «te está saboteando y te convence para que pares, siempre se asusta porque si controlas tu vida, el ego tiene cada día menos poder. Ya le hemos dejado muchos años que domine todo, es el amigo del miedo y, desde luego, te aleja del amor. Donde hay miedo, no hay amor y no te permite estar tranquilo».
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