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El Rey Felipe se marca un Carlos III y rescata del armario una prenda con tres siglos y medio de historia

  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, con experiencia en medios como Cadena SER, El Independiente y Diez Minutos. Actualmente cuento las historias detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial foco en actualidad, casas reales y televisión.

Felipe VI ha vuelto a demostrar que la elegancia masculina no necesita grandes estridencias para hacerse notar. El Rey ha recibido este martes, 3 de noviembre, al presidente de Chile, José Antonio Kast, en el Palacio Real de Madrid, en un encuentro previo a la celebración de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Una cita marcada por los compromisos institucionales y diplomáticos en la que, una vez más, el monarca ha conseguido que su vestuario también tenga su particular protagonismo. Y es que, lejos de limitarse al clásico traje de chaqueta, don Felipe ha recuperado una prenda con mucha historia que no suele ocupar un lugar habitual en sus apariciones públicas: el chaleco.

El monarca ha apostado para la ocasión por un traje de tres piezas en un tono topo, una elección que se aleja de los conjuntos más convencionales y que confirma su predilección por la sastrería clásica. La americana, de corte recto, hombros ligeramente estructurados y solapas anchas, mantiene esa línea impecable que se ha convertido en una de las señas de identidad de su armario. Sin embargo, es el chaleco a juego el que marca la diferencia y aporta al conjunto ese aire distinguido que recuerda inevitablemente al vestuario de Carlos III de Inglaterra, uno de los monarcas europeos que más ha hecho de esta prenda una constante en sus estilismos.

El Rey Felipe VI en un acto oficial en Madrid. (Foto: Europa Press)

No es la primera vez que Felipe VI demuestra que controla los códigos de la moda masculina, pero sí una de esas ocasiones en las que una pieza aparentemente secundaria termina convirtiéndose en la gran protagonista. El chaleco introduce una dimensión más tradicional en el conjunto y recupera una fórmula que durante décadas ha estado asociada a la elegancia y al refinamiento. La comparación con el soberano británico resulta inevitable, aunque no hay ningún elemento que permita afirmar que don Felipe haya buscado deliberadamente inspiración en su homólogo. Lo cierto es que ambos comparten una manera de entender la sastrería en la que los detalles y las prendas clásicas tienen mucho que decir.

El chaleco, además, tiene una historia que se remonta varios siglos atrás. Su popularización en la corte inglesa está vinculada a Carlos II, que en 1666 impulsó su incorporación al vestuario masculino como parte de una nueva fórmula de vestir. La prenda se convirtió entonces en un símbolo de distinción y refinamiento entre las clases altas y fue evolucionando con el paso del tiempo hasta formar parte del conocido traje de tres piezas. Ahora, 360 años después de aquel episodio, continúa siendo uno de los recursos más elegantes del armario masculino, aunque su presencia en los estilismos institucionales actuales sea bastante menos frecuente.

El Rey Felipe VI y el presidente de la República de Chile, José Antonio Kast. (Foto: Europa Press)

En el caso de Felipe VI, el chaleco no solo aporta personalidad al conjunto, sino que también refuerza la estructura de la silueta. El Rey ha completado el estilismo con un pantalón de talle alto, pernera recta y bajo con vuelta, siguiendo esa estética tradicional que evita las tendencias más ajustadas y apuesta por cortes que sobreviven al paso de las temporadas. Los complementos también han tenido su importancia: don Felipe ha escogido una camisa blanca de cuello italiano, que aporta luminosidad al conjunto, y una corbata azul cobalto que introduce un contraste cromático sin romper la sobriedad del estilismo. Por último, unos mocasines negros de acabado charolado han puesto el broche final a una propuesta en la que cada elemento parece estar medido, coherente con la imagen que ha ido construyendo en los últimos años y que le ha situado entre los monarcas europeos más destacados por su manera de vestir.

La elección de este martes vuelve a poner sobre la mesa una de las grandes virtudes del armario de Felipe VI: su capacidad para moverse dentro de los códigos más clásicos sin caer en estilismos aburridos. El monarca suele recurrir a trajes oscuros, camisas claras y corbatas de diferentes tonalidades, pero sabe introducir variaciones a través de los tejidos, los cortes y los accesorios. En esta ocasión, ha sido el chaleco el encargado de romper con la fórmula más habitual y aportar un punto diferencial.

 

Carlos III, el espejo de estilo en el que se mira Felipe VI

 

Carlos III es, precisamente, uno de los grandes referentes de esta forma de entender la moda masculina. El monarca británico lleva décadas construyendo una imagen reconocible a través de americanas cruzadas, corbatas estampadas, pañuelos de bolsillo y chalecos que incorpora con frecuencia a sus conjuntos. Su vestuario demuestra que las prendas tradicionales pueden seguir teniendo vigencia cuando se combinan con naturalidad y atención a las proporciones. Una filosofía que Felipe VI también parece compartir, aunque desde una interpretación mucho más discreta y contenida.

No en vano, el estilo del Rey ha despertado elogios incluso fuera de nuestras fronteras. Su manera de vestir y, especialmente, el cuidado de su sastrería han llamado la atención de expertos internacionales, que han destacado en distintas ocasiones la precisión de sus trajes y el equilibrio de sus proporciones. Una evolución que ha convertido a don Felipe en un referente de la elegancia masculina y que encuentra en este último estilismo una nueva demostración.