Marius Borg se harta de su «vida de palacio» vigilada y busca quitarse la tobillera con su último movimiento: un testigo sorpresa
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Mazazo definitivo para Marius Borg: la Fiscalía dinamita su salida de prisión en el peor momento de Mette-Marit

Marius Borg vuelve a tener un frente abierto con la justicia noruega. El hijo de Mette-Marit quiere poner fin al régimen de prisión preventiva con control electrónico que cumple en Skaugum, la residencia de la familia real, y recuperar la libertad de movimientos. Su defensa considera que ya no existe motivo para mantenerlo vigilado con una tobillera, mientras que la Fiscalía sostiene que todavía hay riesgo de que vuelva a cometer delitos y ha solicitado que la medida se prolongue otras cuatro semanas. Una batalla judicial que tiene un nuevo capítulo este lunes en Oslo.
El joven, condenado en junio a cuatro años de prisión por varios delitos, entre ellos dos violaciones y malos tratos en una relación cercana, ha recurrido parte de la sentencia, que todavía no es firme. La vista de apelación está prevista para febrero de 2027. Mientras tanto, permanece en prisión preventiva, aunque desde el pasado 13 de julio cumple esta medida en la finca de Skaugum y no en un centro penitenciario. Conviene subrayar el matiz: no está cumpliendo ya la pena de cuatro años en casa, sino que continúa en situación de prisión preventiva bajo vigilancia electrónica.
En esta ocasión, sin embargo, Marius no está dispuesto a aceptar otra prórroga sin plantar batalla. Después de haber consentido las anteriores extensiones de cuatro semanas, su defensa ha solicitado que se levante el control electrónico y que quede en libertad. Sus abogados, Alexander Greaker y Daniel Storrvik, sostienen que no existe base legal para prolongar la medida y aseguran que el encierro en Skaugum se ha convertido en una situación «insoportable» para su cliente.
Para intentar convencer al tribunal, la defensa ha recurrido a dos testigos: uno vinculado a los servicios de libertad condicional, que puede valorar cómo ha funcionado el régimen de control electrónico, y un profesional sanitario que ha seguido a Marius y podrá explicar cómo le está afectando esta situación. Sus declaraciones se han solicitado a puerta cerrada, por lo que su contenido no ha trascendido. Una estrategia con la que sus abogados buscan respaldar la petición de libertad y desmontar los argumentos de la Fiscalía.
El propio Marius también quiere explicar ante el tribunal el desgaste que, según su defensa, le está provocando este régimen. Su abogado Daniel Storrvik ha asegurado que la carga de la situación es mayor de lo que ha trascendido públicamente y que su cliente quiere relatar cómo le afecta. «La situación es insoportable. Ya no funciona para él», afirmó el letrado antes de la vista.
Y aunque hablar de arresto domiciliario en una residencia real pueda sonar, de primeras, a una estancia bastante particular, las condiciones distan de ser unas vacaciones en palacio. Marius debe permanecer en su vivienda o en la terraza habilitada, salvo que reciba autorización para salir por motivos concretos, como acudir a una consulta médica, estudiar, trabajar o visitar a familiares. Tampoco puede acercarse al garaje de la finca, donde solía pasar horas reparando motocicletas.
El contacto con su madre, la princesa heredera Mette-Marit, también está sujeto a límites: puede visitarla durante un máximo de tres horas al día en la vivienda principal, situada en la misma propiedad. Además, debe acudir a conversaciones periódicas con la unidad policial RISK, especializada en la prevención de la violencia en las relaciones cercanas, y someterse a controles antidroga frecuentes y sin previo aviso. La vigilancia electrónica y las restricciones marcan así una rutina muy alejada de la libertad que ahora reclama.
La Fiscalía, por su parte, considera que todavía no ha llegado el momento de levantar estas medidas y ha pedido otras cuatro semanas de prisión preventiva con control electrónico. El tribunal deberá decidir si Marius continúa en Skaugum bajo estas condiciones o si puede abandonar el régimen de vigilancia. De momento, el hijo de Mette-Marit busca quitarse la tobillera y la justicia noruega tiene la última palabra.