Según la psicología, los adultos que crecieron en la década de 1960 y 1970 desarrollaron fortalezas mentales que se han perdido en la actualidad
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Según una investigación publicada en el periódico francés Ouest-France, las personas nacidas durante las décadas de 1960 y 1970 han desarrollado una serie de capacidades mentales que, según la psicología, cada vez son menos frecuentes en la sociedad actual.
Uno de los principales motivos que explican esta diferencia es el estilo de vida, más sencillo en algunos aspectos, pero también más exigente,. La ausencia de pantallas y la necesidad de asumir responsabilidades desde edades tempranas favorecieron el desarrollo de habilidades como la paciencia, la autonomía y la capacidad para tolerar la frustración.
La fortaleza mental de quienes crecieron en los 60 y 70
En aquella época, aburrirse era algo habitual, una experiencia que, desde la perspectiva psicológica, desempeña un papel muy importante en el desarrollo cognitivo. Los niños buscaban formas de entretenerse por sí mismos, inventando juegos y descubriendo nuevos espacios a través de su imaginación. En la sociedad actual, sin embargo, la exposición permanente a estímulos puede hacer más difícil convivir con el silencio y el aburrimiento.
«Probablemente aprendiste desde pequeño que los adultos no estaban para entretenerte constantemente. Si te quejabas, quizás te decían: «ve a jugar» o «usa tu imaginación». Y así lo hacías. Convertías palos en espadas y las aceras en ciudades dibujadas con tiza. Esto te forjó un superpoder silencioso. Aprendiste a divertirte por tu cuenta . Podías convertir una tarde lluviosa en un fuerte de mantas o una baraja de cartas en todo un torneo. Aprendiste a disfrutar de tu propia compañía.
Hoy en día, eso se manifiesta cuando puedes sentarte con una taza de café y sentirte realmente satisfecho. No necesitas tener una pantalla en la mano a cada segundo. Sabes cómo dejar que tu mente divague. Por supuesto, no todo fue color de rosa. A veces, el aburrimiento se sentía solitario. Sin embargo, incluso eso te enseñaba a lidiar con el vacío, algo que a muchas personas les resulta muy difícil hoy en día», explican desde cottonwoodpsychology.
El ambiente familiar también influía en el desarrollo de estas capacidades. En muchos hogares, las familias eran más numerosas y los espacios se compartían entre todos sus miembros, y la falta de intimidad y el bullicio formaban parte de la rutina. Estas circunstancias, desde el punto de vista psicológico, podían contribuir a desarrollar una mayor tolerancia al estrés. Sin embargo, esta convivencia tan estrecha también tenía su parte negativa, ya que podía limitar la posibilidad de disponer de espacios propios para pensar, reflexionar o expresar las emociones con libertad.
Por otro lado, según recoge Eluxe Magazine, una de las enseñanzas que marcaron a muchas personas nacidas en los años 60 y 70 fue entender que no siempre se consigue lo que uno quiere. «Los padres no suavizaban la realidad y los profesores no entregaban premios simplemente por participar». Esta forma de educación, explican algunos psicólogos, ayudaba a los niños a asumir que equivocarse o fracasar formaba parte del aprendizaje y del crecimiento personal.
El lugar que ocupaban los niños
En el ámbito de la comunicación familiar, los niños tenían menos oportunidades de expresar sus opiniones y, en muchos hogares, se esperaba de ellos que obedecieran a los adultos sin discutir sus decisiones. Desde la psicología, este contexto también podía favorecer ciertas capacidades, como la observación y la adaptación al entorno, puesto que aprendían a interpretar las situaciones y adaptar su comportamiento a lo que se esperaba de ellos. Sin embargo, esta forma de educación también podía tener consecuencias negativas, al dificultar el desarrollo de la confianza en uno mismo y la capacidad de expresar las propias ideas con seguridad.
«En las reuniones familiares, los adultos solían ocupar el lugar principal y ser quienes hablaban. Los niños se sentaban en la mesa pequeña o jugaban en otra habitación. Desde pequeños aprendíamos que había lugares donde no debíamos hablar. Gracias a esto, aprendiste a interpretar el ambiente. Observabas los rostros y los tonos de voz. Aprendiste cuándo era apropiado bromear y cuándo guardar silencio. Esa capacidad de discernimiento puede ser un valioso aporte en tu trabajo y en tus relaciones.
Por otro lado, es posible que aún te cueste expresar tus verdaderas opiniones. Podrías dudar de ti mismo en las reuniones o reprimirte en los conflictos. Una parte de ti todavía podría esperar que te hagan callar. Hoy en día, es posible que notes lo diferentes que son las cosas para muchos niños. Se les invita a participar en más conversaciones. Se les pregunta su opinión. Una parte de ti puede sentirse impresionada y otra parte, inquieta», señalan desde cottonwoodpsychology.
Los expertos coinciden en que no se trata de idealizar cómo se vivía antes ni de demonizar la sociedad actual, sino de conocer las ventajas de cada época. En definitiva, más allá de la generación a la que se pertenezca, lo verdaderamente importante es cómo cada individuo aprovecha sus vivencias y aprendizajes para desarrollar su personalidad y relacionarse con el mundo que le rodea.