"viejos amigos"

El viejo rumor de romance de la infanta Elena con Jorge de Habsburgo resurge tras compartir una tarde de toros en Las Ventas

Un reencuentro en Las Ventas entre la infanta Elena y Jorge de Habsburgo-Lorena reaviva los recuerdos de los años 90

Antes de su matrimonio con Jaime de Marichalar, varios nombres circularon como posibles pretendientes de la infanta, y Jorge de Habsburgo era uno de ellos

La infanta elena y Jorge de Habsburgo-Lorena.
La infanta Elena y Jorge de Habsburgo-Lorena.(Foto: Europa Press)

Verlos juntos de nuevo en la plaza de Las Ventas, compartiendo tarde de toros durante la Feria de San Isidro, ha despertado inevitablemente cierta nostalgia. La presencia de infanta Elena de Borbón junto al archiduque Jorge de Habsburgo-Lorena, hoy embajador de Hungría en España, ha devuelto a la memoria una historia que durante años alimentó titulares en la prensa europea: el posible romance que ambos habrían vivido en los años noventa y que nunca llegó a confirmarse.

A comienzos de la década de los años 90, la vida sentimental de la primogénita de los reyes era objeto de una enorme curiosidad mediática. Antes de su matrimonio con Jaime de Marichalar, varios nombres circularon como posibles pretendientes de la infanta, pero uno de los que más interés despertó fue el del archiduque austrohúngaro, nieto del último emperador del Imperio austrohúngaro y miembro de una de las sagas aristocráticas más antiguas de Europa.

Las crónicas sociales de principios de los noventa hablaban de una relación cercana entre ambos. Coincidían en encuentros sociales y cenas con amigos en común, especialmente en Madrid y París, lo que bastó para que las revistas del corazón empezaran a especular con la posibilidad de un romance. Desde el entorno de la Casa Real, sin embargo, siempre se insistió en que se trataba únicamente de una amistad.

La infanta elena y Jorge de Habsburgo-Lorena.
La infanta Elena y Jorge de Habsburgo-Lorena en Las Ventas. (Foto: Europa Press)

El candidato que gustaba a la reina Sofía para la infanta Elena

El archiduque reunía, además, el perfil que tradicionalmente se consideraba ideal para el entorno de la familia real española: educación internacional, discreción y un linaje profundamente ligado a la historia de Europa.

Durante aquellos años se comentó con frecuencia que Sofía de Grecia veía con buenos ojos aquella amistad. Para algunos analistas, el archiduque representaba un candidato perfecto para la hija mayor de los reyes. La posibilidad de un enlace entre los Borbones y la antigua Casa Imperial de Austria tenía incluso cierto aire romántico, digno de otra época.

Sin embargo, el supuesto romance nunca terminó de consolidarse. Con el tiempo, las informaciones apuntaron a que aquella cercanía no llegó a convertirse en una relación formal.

Dos destinos diferentes

La historia tomó otro rumbo en 1994, cuando el Palacio de la Zarzuela anunció el compromiso de la infanta con Jaime de Marichalar. Su boda, celebrada en Sevilla en marzo de 1995, fue uno de los grandes acontecimientos sociales de la década en España.

Por su parte, el archiduque también formó su propia familia. Años después contrajo matrimonio con la duquesa alemana Eilika de Oldemburgo, con quien tuvo tres hijos.

Una amistad que ha sobrevivido al tiempo

Aunque aquel supuesto romance pertenece ya a otra época, la relación entre ambos parece haberse mantenido con el paso de los años. Hoy, convertido en diplomático y embajador de Hungría en España, el archiduque sigue manteniendo vínculos cercanos con el entorno de la infanta.

Quizá por eso su reciente reencuentro en Las Ventas nos ha despertado inevitablemente la memoria de aquellos años noventa, cuando cada aparición juntos bastaba para que imagináramos una historia de amor entre la infanta española y el archiduque austrohúngaro. Una de esas historias que nunca se confirmaron, pero que siguen formando parte del imaginario sentimental de la crónica rosa europea.

Jorge de Habsburgo y su otro amor español: Benidorm

Otto de Habsburgo, padre del archiduque Jorge, descubrió Benidorm durante su luna de miel y quedó tan fascinado por la costa alicantina que terminó construyéndose allí un chalet familiar donde pasaba largas temporadas junto a los suyos. Aquella residencia se convirtió en un refugio habitual del clan Habsburgo, que veraneaba e incluso celebraba encuentros privados en la zona, hasta el punto de que el propio archiduque Jorge creció con una estrecha relación con la ciudad. El vínculo fue tal que la familia llegó a promocionar Benidorm como la Florida de Europa y Otto de Habsburgo fue nombrado hijo adoptivo, además de contar con una calle en su honor.

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