Ciencia

La razón por la que el astrofísico Neil deGrasse Tyson pide ser enterrado en vez de incinerado: «Tras la muerte las moléculas contienen energía»

Pensar en qué pasa después de morir no es algo nuevo. Cada uno tiene su interpretación ya sea desde la religión, la filosofía o simplemente desde lo que le han contado siempre. Pero cuando alguien como Neil deGrasse Tyson entra en ese terreno, la cosa cambia un poco si bien, él no habla de alma ni de creencias, sino de algo mucho más tangible como es la energía.

El astrofísico lo explicó hace poco en su pódcast, y lo que ha dicho es bastante directo, ya que detalló que cuando morimos no desaparecemos, nos transformamos. Y a partir de ahí, lanzó una reflexión que ha dado que hablar, sobre todo porque afecta a algo muy concreto, la decisión entre enterrarse o incinerarse. No es un tema cómodo, pero sí curioso. Porque al final no está hablando de otra vida, sino de lo que pasa con lo que somos ahora, físicamente.

La razón por la que el astrofísico Neil deGrasse Tyson pide ser enterrado

Lo que plantea Neil deGrasse Tyson parte de algo básico en física y es que la energía no se destruye. Cambia, se transforma, pero no desaparece. Y eso, aplicado al cuerpo humano, tiene implicaciones interesantes. Según explica el astrofísico, durante toda la vida vamos «construyéndonos». Comemos, crecemos, generamos tejidos, músculo, órganos, y todo eso está hecho de moléculas que siguen ahí cuando morimos. No se esfuman. Y esas moléculas contienen energía. Esa es la clave de todo lo que explica. La pregunta entonces no es si desaparece, sino qué camino sigue.

Aquí es donde Tyson dice abiertamente que prefiere el entierro. No por tradición, ni por algo emocional, sino por lo que ocurre después, ya que si el cuerpo se entierra y se descompone de forma natural, entra en juego todo lo que hay alrededor: bacterias, microorganismos, plantas… Todo ese sistema empieza a «aprovechar» lo que queda del cuerpo. Y lo explica de una forma bastante gráfica ya que igual que nosotros hemos vivido alimentándonos de otros seres vivos, al morir pasamos a formar parte de ese mismo ciclo, pero desde el otro lado.

Eso sí, también hay matices. Un entierro tradicional, con ataúd sellado y estructuras que aíslan el cuerpo, puede retrasar ese proceso durante años. Por eso hay quien defiende opciones más naturales, donde la descomposición ocurre sin tantas barreras.

La cremación no elimina nada

La otra opción, cada vez más común, es la incineración. Y aquí Tyson hace una aclaración importante: tampoco desaparece nada. Cuando el cuerpo se incinera, la energía no se pierde. Se convierte en calor. Ese calor se libera en forma de radiación, que se expande hacia el exterior. Y aquí llega una de esas ideas que hacen que la gente se pare a pensarlo dos veces ya que esa energía sigue moviéndose y no se queda aquí.

De hecho, el propio Tyson lanza un ejemplo bastante llamativo. Dice que, en teoría, si alguien fue incinerado hace unos años, parte de esa energía ya podría haber llegado a sistemas estelares cercanos, como Alfa Centauri. No es algo que se pueda ver ni rastrear de forma práctica, pero como concepto resulta potente si bien la teoría es que sigues formando parte del universo, aunque ya no como antes.

Qué queda realmente cuando alguien es incinerado

Más allá de esa parte energética, también está lo físico. Las cenizas no son «polvo sin más». Están compuestas principalmente por minerales, sobre todo calcio y fosfatos que provienen de los huesos.

Con el tiempo, esas cenizas pueden acabar en la tierra. Y ahí vuelve a aparecer el mismo ciclo que en el entierro, aunque por otro camino. Esos elementos pueden integrarse en el suelo, pasar a las plantas y, de ahí, volver a la cadena alimentaria.

Incluso hay detalles que suelen pasar desapercibidos. El cuerpo contiene pequeñas cantidades de elementos radiactivos naturales. Al transformarse, pueden generar partículas como el helio, que es tan ligero que acaba escapando de la atmósfera terrestre. Dicho de otra forma, pequeñas partes de nosotros pueden terminar literalmente en el espacio.

La ciencia al servicio de algo profundo

Las palabras de Neil deGrasse Tyson han generado bastante conversación debido a que tocan una parte sensible pero también porque lo hacen desde un ángulo poco habitual. No se habla de trascendencia en el sentido clásico, pero tampoco deja la sensación de que todo termina sin más. Plantea otra forma de continuidad, más física, más directa.

Y eso es lo que ha conectado con mucha gente. No porque dé respuestas definitivas, sino porque cambia la forma de mirar algo que normalmente se evita.

Al final, elegir entre enterrarse o ser incinerado sigue siendo una decisión personal. Pero lo que propone Tyson añade otra perspectiva y no sólo una que sea cultural o familiar. También es, en cierto modo, decidir cómo quieres que continúe ese proceso del que ya formas parte aunque no parezca que se note, cuando en realidad, sí que lo hace.