Para 2050 estos son los lugares de la Tierra que quedarán inhabitables
La NASA ha dado a conocer los lugares de la Tierra donde prácticamente será imposible vivir en poco más de 20 años
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El aumento del calor no afecta a todas las zonas del planeta de la misma manera. En algunas regiones, las condiciones podrían volverse especialmente duras en las próximas décadas, hasta el punto de que pasar varias horas al aire libre implique un riesgo real. Así lo reflejan diferentes análisis científicos, incluidos los que maneja la NASA, que detectan un crecimiento de los episodios en los que el calor y la humedad se combinan hasta niveles difíciles de soportar para el cuerpo humano.
Y es que no se trata sólo de que haga más calor o de los grados que marque el termómetro, sino que en determinadas regiones, la humedad impide que el organismo se enfríe correctamente, lo que eleva el riesgo incluso sin alcanzar temperaturas récord. Ese factor es el que está marcando el cambio en algunas zonas del mundo. A partir de ahí, las proyecciones apuntan a varias regiones donde este fenómeno podría intensificarse de cara a 2050, con consecuencias directas sobre la vida diaria.
Para 2050 estos son los lugares de la Tierra que quedarán inhabitables
Si se mira el mapa con detalle, hay zonas donde el impacto será más evidente. El sur de Asia aparece entre las regiones más expuestas, en parte porque ya combina temperaturas altas con niveles elevados de humedad durante buena parte del año. Algo parecido ocurre en el golfo Pérsico y en el entorno del mar Rojo. Son lugares acostumbrados al calor, pero donde los picos más intensos podrían hacerse especialmente difíciles de aguantar durante periodos prolongados.
Más adelante, el foco podría ampliarse. Algunos estudios apuntan al este de China, áreas del sudeste asiático o incluso determinadas zonas de Brasil como regiones donde estas condiciones podrían repetirse con más frecuencia. Aun así, no todos los puntos dentro de un mismo país se verán afectados igual. Las ciudades densas, los valles o las zonas donde por la noche apenas baja la temperatura tienden a retener más calor, lo que complica la recuperación del organismo tras horas de calor intenso.
El indicador que marca el límite del cuerpo
Para entender cuándo el calor se vuelve realmente peligroso, los científicos no se fijan sólo en la temperatura. Utilizan la llamada temperatura de bulbo húmedo, que combina calor y humedad. Este indicador permite saber si el cuerpo puede enfriarse mediante el sudor. Cuando esa capacidad se reduce, el organismo empieza a acumular calor y aumenta el riesgo para la salud.
Según los estudios que maneja la NASA, existe un umbral de referencia en torno a los 35 grados de bulbo húmedo durante exposiciones prolongadas. No es una temperatura ambiental concreta, sino una combinación de factores que marca un límite fisiológico. Aun así, los efectos pueden aparecer antes. Las personas mayores, quienes trabajan al aire libre o quienes tienen problemas de salud son especialmente vulnerables, ya que su capacidad para regular la temperatura corporal es menor o está más comprometida.
De este modo, algunos expertos hablan o mencionan estas zonas, como lugares que para muchos puede que lleguen a ser «inhabitables» en poco más de 20 años. Pero son lugares del mundo bastante poblados por lo que en realidad, se habla de días en los que permanecer al aire libre puede ser casi imposible, con noches en las que el calor será mucho más insoportable que ahora y viviendas a las que les costará mucho enfriarse.
Y si estos episodios se repiten con frecuencia, afectarán directamente a la vida cotidiana: trabajar en exteriores, desplazarse o incluso descansar será un serio problema, como de hecho comienza a serlo ahora. En estos contextos, el riesgo no depende sólo de la temperatura, sino del tiempo de exposición y de la capacidad de cada persona para protegerse.
Adaptación y límites en un escenario de más calor
Ante este panorama, la capacidad de adaptación será clave. El acceso a aire acondicionado puede marcar la diferencia, pero también supone un mayor consumo de energía y agua, lo que plantea nuevos desafíos en regiones con recursos limitados. Por eso, muchas medidas pasan por otros cambios: sistemas de alerta temprana, espacios de sombra, horarios laborales adaptados o infraestructuras capaces de soportar picos de demanda.
Además, el calor extremo no llega solo. Suele ir acompañado de sequías, incendios forestales o problemas de abastecimiento de agua, lo que incrementa la presión sobre las zonas más afectadas y dificulta aún más la adaptación.
Un cambio que será gradual
La habitabilidad no desaparecerá de un día para otro ni quedará marcada por una línea en el mapa. Será un proceso progresivo, con episodios cada vez más frecuentes e intensos. Reducir las emisiones puede limitar el impacto futuro, pero la preparación local será fundamental para afrontar lo que ya está ocurriendo. La planificación urbana, el acceso a recursos y la capacidad de respuesta serán factores clave. Porque, al final, la clave no está solo en cuántos grados marque el termómetro, sino en si el cuerpo humano puede seguir soportándolos en condiciones reales.