En 1986 dejaron de explotar carbón y abandonaron dos montañas de residuos en Francia: hoy son un refugio para la fauna y la flora
Una mina a punto de echar el cierre encuentra un diamante amarillo de 15 millones
Egipto no se anda con chiquitas: fabrica un robot agrícola que funciona con la energía del Sol y siembra correctamente el 98% de las semillas
Dos inventores franceses diseñan un sifón inteligente impreso en 3D que recicla el agua residual del fregadero solo si no está sucia

En 1986, los mineros del norte de Francia dejaron de depositar residuos en dos enormes pirámides que habían ido levantando durante décadas junto a las explotaciones de carbón. Cuatro décadas después, aquellas montañas negras, de unos 150 metros de altura, habían experimentado una transformación sorprendente: la combinación del sol, las rocas y la naturaleza había dado lugar, de forma completamente inesperada, a una especie de pequeño Mediterráneo en el norte de Francia. La historia se sitúa en Loos-en-Gohelle, una localidad del Paso de Calais, cerca de Lens, en una zona cuya historia ha estado ligada durante generaciones a la minería del carbón.
Durante décadas, las compañías mineras acumularon millones de toneladas de esquisto y otros materiales sobrantes hasta formar los dos gigantescos conos del complejo 11/19, conocidos como «terrils». Sus cimas alcanzan aproximadamente los 186 metros sobre el nivel del mar y se alzan unos 150 metros por encima de la llanura que las rodea, lo que las convierte en dos de las escombreras mineras más altas de Europa. Cuando la actividad minera llegó a su fin en 1986, quedaron como recuerdo de una industria que había cambiado profundamente el paisaje de la región.
Las pirámides de basura de 150 metros ubicadas al norte de Francia
Esta transformación se debe a las características físicas de los materiales acumulados. El esquisto negro absorbe una gran cantidad de radiación solar, mientras que las laderas orientadas hacia el sur retienen el calor y crean unas condiciones térmicas diferentes a las de los campos cercanos. La presencia de un terreno pedregoso, el rápido drenaje del agua y la exposición prolongada al sol favorecieron la aparición de entornos cálidos y secos, capaces de albergar especies propias de los climas mediterráneos.
Según la documentación del Ayuntamiento de Loos-en-Gohelle, los terrils del complejo 11/19 acogen actualmente 159 especies animales y 190 especies vegetales. La fauna identificada comprende 88 especies de aves, de las cuales 41 nidifican en este entorno, así como reptiles, anfibios, mamíferos, libélulas y mariposas. Por su parte, la vegetación incluye orquídeas silvestres y diversas especies consideradas excepcionales o muy raras en esta región francesa.
La Universidad de Lille también ha estudiado esta recuperación en sus investigaciones sobre los territorios posmineros, en las que señala que estos espacios pueden proporcionar condiciones favorables para algunas especies. Uno de los aspectos más interesantes es que no todos los seres vivos necesitan paisajes cubiertos de vegetación para prosperar; algunos dependen de espacios abiertos, superficies rocosas y terrenos donde la exposición directa al sol permite alcanzar temperaturas elevadas. De este modo, las montañas artificiales acabaron convirtiéndose en pequeños refugios ecológicos.
El papel del esquisto
Sciencepost atribuye el origen de este microclima a las características del esquisto y a la orientación de las laderas. Esta roca oscura absorbe la radiación solar, especialmente en las pendientes orientadas al sur, y libera el calor de forma gradual. Según explica el medio, este fenómeno puede hacer que la temperatura del suelo sea considerablemente más elevada que la del entorno.
En el caso de los reptiles, las superficies rocosas y soleadas les proporcionan zonas cálidas que facilitan la regulación de su temperatura corporal. El medio también destaca la presencia de orquídeas silvestres, que encuentran condiciones favorables en suelos pobres en nutrientes, bien drenados y expuestos al sol. A estas especies se suman mariposas termófilas, adaptadas a los ambientes cálidos.
Patrimonio Mundial de la UNESCO
En 2012, la UNESCO incluyó la Cuenca Minera del Norte-Paso de Calais (Bassin minier du Nord-Pas de Calais) en la Lista del Patrimonio Mundial como paisaje cultural evolutivo vivo, tal y como recoge la documentación oficial del Centro del Patrimonio Mundial. Este reconocimiento abarca 353 elementos repartidos en más de 4.000 hectáreas a lo largo de 120 kilómetros. Entre ellos figuran 51 terrils, 21 castilletes de extracción y 124 conjuntos de viviendas obreras que las compañías carboneras construyeron para sus trabajadores.
La UNESCO justificó esta inclusión en los criterios ii y iv, que reconocen tanto el intercambio de técnicas relacionadas con la explotación de yacimientos subterráneos y el urbanismo de las comunidades obreras como el valor de estos espacios para comprender el desarrollo industrial a gran escala durante los siglos XIX y XX. Además, desde diciembre de 2016, los terrils comprendidos dentro del área protegida cuentan con una protección específica en virtud del código ambiental francés.
«Antes del cierre de las minas (en la década de los setenta), trabajaban allí más de 1.000 mineros y se extraían más de 1.000 toneladas de carbón por día. Con esta distinción, la Unesco ha querido recompensar una región donde la reconversión ha sido difícil, pero también reconocer el valor universal y excepcional de ese paisaje que es a la vez cultural, industrial y social», detalla RFI.
El caso de Loos-en-Gohelle demuestra cómo la naturaleza puede colonizar territorios y crear nuevos nichos ecológicos en espacios que han sufrido una profunda degradación industrial. Las dos montañas negras siguen mostrando su origen artificial y las huellas de la actividad minera, pero se han convertido en un hábitat singular para organismos capaces de adaptarse a unas condiciones ambientales extremas.