¿Es verdad que el tercer parto es el más duro y largo? Una matrona aclara el mito de «la maldición del tercer hijo»
Si bien del segundo parto se dice que es el más sencillo, del tercero siempre se menciona "la maldición del tercer hijo"
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Tener un bebé, y especialmente el momento del parto, es algo que suele generar miedo o, al menos, cierta preocupación en muchas mujeres, sobre todo cuando se trata del primero. Sin embargo, cuando ya se ha pasado por uno o incluso dos, lo lógico sería pensar que el tercero se afronta con más seguridad y experiencia. Pero ocurre algo curioso: existe una creencia muy extendida que afirma justo lo contrario, que el tercer parto es el más duro, el más largo e incluso el más complicado, hasta el punto de que se habla de la conocida «maldición del tercer hijo». Ahora bien, ¿qué hay de cierto en todo esto? Una matrona ha querido aclararlo y su respuesta desmonta este mito.
No es una idea nueva. De hecho, siempre que se suele buscar información sobre el parto y en especial sobre la tercera vez que se da a luz, mucha gente comenta que es todo lo contrario a cuando se tiene al primer y al segundo hijo. Una creencia bastante extendida, pero lo cierto es que no existe evidencia científica al respecto. Además, la matrona Inma Marcos, conocida en redes como @neixeracasa, confirma esto, añadiendo también que el tercer parto no es, por norma, más largo, ni más complicado, ni más doloroso. Puede pasar, sí. Pero también puede pasar lo contrario. Y eso es lo que muchas veces no se cuenta o no se dice. Porque si algo se repite en consulta es justo eso: que cada parto cambia, incluso en la misma mujer. Hay quien recuerda el tercero como intenso, más movido de lo esperado. Y otras, sin embargo, hablan de un parto rápido, casi sin tiempo para procesarlo. No existe un patrón fijo. Y ese es el punto.
¿Es verdad que el tercer parto es el más duro y largo?
A nivel físico, el primer parto suele ser el más exigente si bien es cuando el cuerpo se enfrenta a todo por primera vez. El suelo pélvico está más firme, hay más resistencia y cuesta más, en general. Es lo que muchas describen como el momento en el que «todo se abre». Pero una vez ya se ha dado a luz, la cosa cambia si bien el cuerpo ha pasado por ese proceso, sabe a qué se enfrenta. Y lo cierto es que se nota si tenemos en cuenta que muchas mujeres experimentan que la dilatación es más rápida en el segundo parto y notan como el paso del bebé es más fluido. No siempre pero es lo habitual.
Y luego está la experiencia. Saber lo que viene también ayuda. No elimina el dolor, claro, pero sí cambia cómo se vive ya que no es lo mismo ir a ciegas que reconocer lo que está pasando.
Entonces, ¿de dónde sale esa sensación de que el tercer es el peor?
La mayoría de madres que han tenido dos hijos, coinciden en que el segundo parto es de alguna manera «más sencillo», pero ¿porque además se tiene la creencia de que el tercero es peor? Y por lo visto tiene que ver con la experiencia vital ya que al llegar a este punto el embarazo y el parto no se viven igual que la primera vez. Suele llegar con más carga. Más cansancio. Más cosas en la cabeza. Ya no estás solo pendiente de ti, hay otros hijos, rutinas, preocupaciones… y eso pesa. Aunque no siempre se diga.
Todo eso influye y al final, hace que el parto se perciba de otra manera que se note más largo, más intenso aunque médicamente no lo sea. No es que el cuerpo esté peor preparado. Es que la cabeza va más llena. De hecho, estudios como el publicado en BMC Pregnancy and Childbirth en 2016 apuntan justo a eso: el miedo y la ansiedad pueden aumentar la percepción del dolor e incluso alargar algunas fases del parto. No es una cuestión menor.
Lo emocional también cuenta en el parto
Cada vez se insiste más en algo que antes se dejaba en segundo plano y que tiene que ver con la parte emocional. El parto no es sólo físico ya que de hecho nunca lo ha sido. Muchas mujeres llegan con una mezcla de expectativas, miedos y cansancio acumulado que acaba saliendo de alguna manera. Y eso puede intensificar la experiencia si no se ha trabajado antes.
De ahí que se recomiende preparar también esa parte. Con respiración, relajación, hipnoparto, o simplemente hablarlo y entender lo que está pasando. No hay una única fórmula, pero sí una idea clara: llegar más tranquila cambia mucho las cosas. Al final, la conclusión es bastante sencilla, aunque no siempre se diga así. No hay ninguna «maldición del tercer hijo» sino que lo que hay son experiencias distintas, momentos distintos y cuerpos que responden de formas diferentes.
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