Educación

Las malas conductas que nunca le debes tolerar a los niños

Algunas malas conductas que pueden tener los niños, como reirse de los demás o jugar de forma demasiado agresiva, se deben evitar a toda costa.

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Descubre las malas conductas que nunca se deben tolerar a los niños

Educar bien a los hijos o con valores, es uno de los mayores retos que tienen todos los padres y madres, y aunque siempre debemos imponer una serie de normas o pautas de conducta, en ocasiones puede que nos despistemos, dejando pasar algunas actitudes que es mejor corregir de inmediato para evitar que a la larga se conviertan en algo habitual y con ello, que existan consecuencias que puedan afectar a nuestros hijos. Conozcamos ahora cuáles son las malas conductas que nunca le debes tolerar a los niños.

Las malas conductas que nunca le debes tolerar a los niños

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Cuando hablamos de consecuencias, nos referimos a que los niños acaben teniendo actitudes que a largo plazo, o en el futuro pueden hacer que les afecte a nivel social o incluso a nivel legal. Es importante entonces que eduquemos a nuestros hijos teniendo buenos valores y sobretodo procurando que siempre respeten a los demás. Por ello será bueno fijarse en cómo se comportan con nosotros, con sus hermanos o con sus amigos y evitar estas cuatro mala conductas que os vamos a señalar.

Que humillen o se rían de los demás

El famoso «bullying» sería una actitud «in extremis» de esta conducta, pero todo empieza con una broma, una burla o una risa hacia otra persona (generalmente un amigo o un compañero de clase) y eso es algo que no debemos tolerar al niño o niña. Debemos procurar evitar que nosotros mismos nos burlemos de alguien ya que si nuestros hijos lo ven, lo acabarán interiorizando de tal manera que van a repetir esta conducta.

Es importante educar a los niños en la tolerancia y el respeto hacia los demás y evitar que las burlas o las críticas hacia los demás estén totalmente prohibidas. De este modo, el niño o niña crecerá en un entorno en el que el respeto se valore por encima de todo y no acabará riéndose de nadie y mucho menos, humillando a los que no sean como él o ella.

Y si vemos que nuestro hijo/a se ríe de alguien junto a otros amigos o que se deja llevar por la actitud humillante de los demás hacia una persona, debemos frenar en seco y decirles que para nada esta actitud se puede consentir.

Que tengan una conducta violenta

Los niños cuando son pequeños, pueden llegar a tener conflictos con otros amigos o hermanos, pero su nivel de educación y sobretodo de palabra no está todavía tan desarrollado, por lo que puede ser habitual que se produzcan peleas y que emerja una conducta violenta que no debería ser tolerada o considerada como algo «normal».

Reforzar la autoestima de los niños es la clave para evitar que reaccione de manera violenta cuando se enfadan o se sienten frustrados. Para ello, bastará enseñar al niño a que no se altere y que mantenga siempre una actitud relajada y conciliadora, de modo que se sienta mejor consigo mismo y que pueda evitar el conflicto.

Que jueguen de forma descontrolada

Jugar con demasiada energía puede hacer que un simple juego derive en una pelea o que un niño llegue a hacer daño a otro. Debemos estar atentos a los juegos de nuestros hijos y a cómo juegan. Si vemos que se están descontrolando tendremos que parar el juego en seco, y explicar a los niños que pueden jugar de la misma manera pero de manera tranquila.

Y si nuestro hijo o hija demuestra tener demasiada energía cada vez que juega, quizás sea buena idea que le apuntemos a la práctica de algún deporte, donde podrá liberar parte de esa energía y además aprender los valores que el deporte aporta, como el juego en equipo o el respeto por el adversario.

Que no respeten las figuras de autoridad

Por mucho que queramos educar a nuestros hijos en un ambiente de libertad y siempre valorando su opinión, es importante también, que tengan respeto por aquellos que representan la autoridad y que son evidentemente los padres, los profesores y en general, los adultos, a los que deben respetar y hacer caso.

Solo así podremos conseguir controlar esa impulsividad innata que tienen los niños cuando son pequeños y que puede derivar en conflictos, peleas, gritos o berrinches. Si saben respetarnos como figura de autoridad, podrán controlar sus impulsos y actuarán de manera que respeten las normas y reglas establecidas para convertirse, en el futuro, en adultos que saben convivir con el resto de personas.

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