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La trastienda de los masajes en Palma: dinero, básculas y sexo en un negocio bajo la lupa policial

La madame llegó a plantear a algunas mujeres la posibilidad de someterse a operaciones estéticas

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Julio Bastida

La oferta parecía sencilla: trabajo como masajista. Para mujeres en situación administrativa irregular y con familias a las que mantener en sus países de origen, aquel anuncio podía representar una salida urgente a una situación económica complicada. Pero, según la investigación de la Policía Nacional en Palma, detrás de aquella propuesta había algo muy distinto.

Palma. Un teléfono móvil. Un anuncio de trabajo y una conversación que comienza como tantas otras. La oferta era para trabajar como masajista en Palma. Las mujeres contactaban con la responsable a través de una aplicación de mensajería y, después de ese primer intercambio, llegaba la entrevista personal.

Era entonces cuando aparecía una expresión que cambiaría el sentido de aquella oferta: “masajes con estimulación”, conocidos popularmente como masajes con final feliz. Cuando las mujeres acudían al domicilio, descubrían que el trabajo podía incluir relaciones sexuales con los clientes. Había una diferencia económica: realizar únicamente masajes suponía cobrar menos. Mantener relaciones sexuales permitía obtener más dinero.

Para las supuestas víctimas que, según la investigación, se encontraban en situación administrativa irregular, no podían acceder con normalidad al mercado laboral y necesitaban enviar dinero a sus familias, la decisión no era sencilla. La Policía sostiene que esa situación de vulnerabilidad terminó siendo aprovechada.

Las trabajadoras tenían que entregar a la detenida el dinero que habían cobrado inmediatamente después de cada servicio. Al terminar la jornada, recibían el 60 por ciento de lo obtenido, mientras que la responsable se quedaba con el 40 por ciento restante, según la investigación. Pero el control, de acuerdo con las pesquisas policiales, no se limitaba al dinero. También alcanzaba al cuerpo de las mujeres.

Una báscula se convirtió, según la Policía Nacional, en una herramienta más de vigilancia. La detenida las pesaba periódicamente y las animaba a adelgazar. El aspecto físico era objeto de atención constante. Y en algunos casos la situación habría ido todavía más lejos. La investigación señala que llegó a plantear a algunas de ellas la posibilidad de someterse a operaciones estéticas. El dinero podía ser adelantado por la propia responsable, pero posteriormente las mujeres tenían que devolverlo con intereses.

Una relación laboral que, según los investigadores, terminó transformándose en una dinámica de control económico y físico sobre mujeres vulnerables. La historia comenzó con una oferta de empleo y terminó en la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras. Los agentes reconstruyeron el modo en el que las mujeres eran captadas, el funcionamiento del negocio y la forma en la que se distribuía el dinero.

A principios de esta semana llegó el desenlace policial. Una mujer fue detenida en Palma como presunta autora de un delito de explotación sexual. Detrás queda la historia de unas mujeres que buscaban trabajo y dinero para sacar adelante a sus familias y que, según la investigación policial, acabaron realizando una actividad muy diferente de aquella que les habían ofrecido inicialmente.

Una oferta de trabajo como masajistas. Una habitación. Una báscula. Dinero contado al final de cada jornada. Y una investigación de la Policía Nacional que terminó poniendo el foco sobre lo que, según los agentes, ocurría detrás de la puerta. Para muchos clientes se trataba de un masaje con final feliz; para las mujeres, explotación.

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