CRÍTICA

El ‘martillo de Mahler’ golpea en el Claustro de Sant Domingo

El ciclo musical monográfico que se celebra desde el 2020 tiene como protagonista este año a Gustav Mahler y abrirlo con la Sinfonía nº 6 es toda una declaración de principios

El ‘martillo de Mahler’ golpea en el Claustro de Sant Domingo

El ciclo musical monográfico que desde el año 2020 se celebra durante el mes de septiembre en el Claustro de Sant Domingo (Pollença) tiene como protagonista este año a Gustav Mahler y abrirlo con la Sinfonía nº 6 es toda una declaración de principios. Comenzando por la propia naturaleza del ciclo dedicado preferentemente a la divulgación y servir de plataforma didáctica, para agrupar a jóvenes músicos de Baleares para compartir con profesionales repertorios sinfónicos de máxima exigencia. Pero hay más.

Porque su gran objetivo es llevar la buena música a la part forana, y ahí está, para demostrarlo, su principal impulsor, Bernat Quetglas, quien bien lo desarrolla con su ojito derecho, la Orquestra de Cambra de Mallorca, cuyo ciclo anual equivalente a temporada de abono tiene lugar, íntegramente, en el Teatre Principal de Inca. Atención a la excepción: el 23 de enero la OCM se presentará en el Teatre Principal de Palma, como uno de los actos en los que se celebra el décimo aniversario de su creación, y donde también estará el pianista Magí Garcías, quien junto con Quetglas es impulsor del ciclo de septiembre en Pollença. Recomiendo vivamente asistir el 23 de enero.

Volviendo al monográfico Mahler, y siguiendo por tanto con la declaración de principios, en primer lugar debe enfatizarse que hablamos de una obra, la Sexta, considerada una de las mayores hazañas que una orquesta puede afrontar por su reto técnico e instrumental extremo, puesto que requiere una plantilla monumental y la exigencia de madurez emocional; más, si cabe, al estar hablando de la conjunción de jóvenes músicos de conservatorio con profesionales-tutores, con el resultado de un nivel de excelencia alto, capaz de equiparar el sonido de sus aulas al de una filarmónica profesional. Puede que en algunos tutti llegara a imponerse la fuerza de su juventud, aunque en líneas generales, y de manera sobresaliente, la ejecución de la Sexta rozó con creces la maestría compartida entre jóvenes y profesionales.

Otrosí al respecto. Que músicos tan jóvenes fuesen capaces de mantener la concentración a lo largo de hora y media de interminable tensión es prueba inequívoca del éxito de la prueba y del proyecto en sí mismo.

A partir de aquí, muy interesante la lectura que transmitía el desarrollo de la Sinfonía número 6 de Gustav Mahler, partiendo de la habilidad de su director, Bernat Quetglas, cuya claridad de gesto y capacidad pedagógica obró el acierto de llevar a buen puerto esta obra colosal.

Hubo dos claras declaraciones de principio, que se corresponden tanto con el legado histórico como con la posición de la musicología contemporánea sobre cuál debería ser el segundo movimiento. He titulado El martillo de Mahler golpea en Sant Domingo, porque la duda de melómanos lugareños estaba en si iban a sonar dos o tres martillazos, porque Mahler decidió la retirada del tercero por causarle pavor, obsesionado con la idea de que se volviera en su contra.

Su amigo y discípulo, el director Bruno Walter, se mostró firme al afirmar la incapacidad de Mahler de asimilar el gran peso psicológico de la devastación que cerraba la sinfonía: La noche oscura del alma fue su definición. La viuda de Mahler, Alma, defendió en cambio la ejecución de los tres golpes de martillo, porque confirmaban que Mahler sí había compuesto la Sexta temiendo «haber tentado al destino».

Los conocidos como golpes del destino, desde el estreno en 1906, siguen creando división entre los directores, unos respetando la voluntad de su autor, mientras otros restituyen el tercer golpe de martillo, argumentando que el diseño trágico de la obra así lo exige. Entre ellos, Bernat Quetglas.

Luego está el dilema en cuanto al orden de los movimientos. Seré franco. Escuchando el andante, de inmediato me vino a la memoria el allegretto de Beethoven en su Sinfonía número 7. De nuevo la musicología, creando el debate de si el andante (lento) debe ir antes o después del scherzo (rápido). Originalmente, Mahler situó el scherzo como segundo movimiento, si bien acabaría rectificando, llevando el andante al segundo movimiento, antes del scherzo. Lo curioso, y aquí viene mi espontánea reacción al escucharlo, es que la técnica en ambos casos es sorprendentemente similar: variaciones y acumulación de capas (añadir instrumentos de forma sucesiva), donde la música se va construyendo poco a poco. Me enamoró el allegretto y llegó a sacudirme el ánimo, escuchar en su lugar correcto el andante de Mahler.

Hemos de partir de la base de que Gustav Mahler idolatraba a Beethoven, quien se arrepintió de llamar allegretto al segundo movimiento de la 7, argumentando que debió llamarlo andante, temiendo que los directores lo tocaran demasiado rápido. Tenía razón. En la mayoría de los casos, dura en torno a los siete minutos, pero un genio como Herbert von Karajan sí solía dilatarlo hasta llegar a los nueve minutos, ajustándose mejor a los deseos de Beethoven. La función de oasis psicológico y contraste radical, en ambos  casos, está compartida como quiebro funcional absoluto: la efervescencia y «apoteosis de la danza» (Beethoven) y la marcha militar destructiva en el caso de Gustav Mahler. Y nos queda un último elemento a comentar.

Acabada su Sinfonía número 6, Gustav Mahler afirmaba que contenía un enigma, «que solamente podrá descifrar la próxima generación, si conoce bien mis cinco sinfonías anteriores». Sus contemporáneos lo interpretaban a la manera del sentido trágico de la obra. En cambio, la musicología en el inmediato pasado fue mucho más prosaica, y por tanto más convincente, al transgredir la desesperanza y en su lugar abrazar el realismo existencial que acabará concretándose en ver emerger la atonalidad, que precisamente fue la consecuencia directa de la Sexta de Mahler para la Escuela de Viena.

Toda esta palabrería tiene por objeto describir la enorme densidad que se desprende de la escucha de esta Sinfonía número 6, pues su intrahistoria viene a describir la trascendencia de esta composición, y de paso acompaña el enorme y ejemplar esfuerzo de esos jóvenes músicos de conservatorio guiados por sus tutores, y especialmente por la batuta de Bernat Quetglas.

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