La ciudad de la basura
El Consell, según decisión de sus actuales dirigentes y sin que al parecer sus oponentes estén también por la labor –ni por supuesto los rectores de la ciudad–, podrá trasladar basura de Ibiza a Mallorca durante al menos diez años. Lo cual supondrá, dicho sea, sin anestesia, que Mallorca, y Palma en concreto, se nos convertirá en la isla de la basura. Y los alrededores de su capital, Palma de nuevo, en la ciudad más congestionada y contaminada de lo que cabría suponer y esperar.
Cuando, años ha, se planteó la iniciativa, antes de construir Son Reus, de si para eliminar la basura de Mallorca, hasta la fecha con métodos primitivos, era mejor la incineración o el compostaje, se descubrió que en países nórdicos la basura se eliminaba mediante incineración en pequeñas plantas sin causar ningún problema.
En Palma se optó por una gran planta incineradora que recogiese la basura de toda la isla. Pero hasta aquí podríamos llegar, porque ahora también se va a incinerar la basura procedente de Ibiza. Y esto ya es demasiado.
¿Qué ocurre con Palma? Pues que, más allá de la planta incineradora de todas las basuras de Mallorca —y ahora las de Ibiza— sumamente contaminante, amén de la adjunta planta generadora de electricidad, está también la central eléctrica de Cas Tresorer, el aeropuerto, el puerto, lugares muy contaminantes según denuncias, los polígonos industriales, el mercado central y hasta la cárcel. Esto sin contar con los miles de vehículos que, colapsando los accesos a la ciudad, se desplazan a diario por motivos laborales.
Resumiendo, como ya se ha dicho, congestión urbanística y contaminación.