Meritxell Martorell pasa ‘21 días’ bajo los preceptos más radicales de los judíos ultraortodoxos

Meritxell Martorell pasa ‘21 días’ bajo los preceptos más radicales de los judíos ultraortodoxos
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Cuatro emite esta noche a las 22:30 horas una nueva entrega de “21 días”. En esta ocasión, Meritxell Martorell viajará a Nueva York y Guatemala para convivir durante tres semanas bajo las rigurosas reglas religiosas, el fiel cumplimiento de la Torá, las normas de recato y la clara diferenciación de costumbres entre hombres y mujeres que caracterizan a las comunidades de judíos ultraortodoxos.

En Nueva York se estima que un 30% del millón y medio de judíos de la isla son ultraortodoxos. Es el caso de los Kirszenberg, una familia compuesta por Yossef y su esposa Rochie y sus 9 hijos, que acogerá durante su estancia en la ciudad a Meritxell, que se adapta a las costumbres de la familia, algunas de ellas chocantes como las referentes al recato o al contacto físico. Las mujeres llevan faldas por debajo de la rodilla, ocultan sus brazos hasta el codo y su pelo bajo pañuelos o pelucas desde el mismo momento en que se casan.

La convivencia con los Kirszenberg permite vivir en primera persona a Meritxell un día de Sabbath, la fiesta judía, acompañar a Yossef a su trabajo, supervisor de alimentos kosher, revisados y aptos para el consumo por parte de la comunidad judía según los preceptos religiosos, y asistir a la celebración de un congreso exclusivamente masculino que cada año celebran rabinos de todo el mundo y que esta vez congregó hasta 6.000 para difundir su religión.

Tras su paso por la Gran Manzana, ’21 días’ viajará hasta Guatemala. En el país centroamericano vive una de las comunidades más estrictas en cuanto a la interpretación del judaísmo: los Lev Tahor.

Su marcado antimilitarismo y antisionismo ha convertido a esta comunidad judía en enemigo del gobierno israelí. Moshe Abraham Santos, el rabino que acogerá a Meritxell, tratará de explicárselo sin siquiera mirarle a los ojos, ya que el contacto entre hombres y mujeres no está permitido ni a nivel visual. De hecho, la reportera deberá guardar ocho pasos de distancia para acompañarlo por la calle, cubierta por completo con un burka. “Preferimos, para guardar la santidad del hombre, cubrirnos nosotras la cara” cuenta Yoheveth, la esposa de Moshe.

Hombres y mujeres viven separados, aún en el mismo edificio y hasta las escaleras cuentan con una cortina divisoria para que no haya contacto entre sexos.

Las normas de recato son extremadamente estrictas, con niñas que visten de negro riguroso de pies a cabeza, que nunca han tratado a otro hombre que no sea su padre y que ya son conscientes de que no podrán ser jamás bailarinas o maestras. Los clásicos sueños de niñez se han tornado, en este caso, en más de 8 horas de rezos diarios.

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