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Cómo elegir una buena almohada

Cómo elegir una buena almohada
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Cuando se habla de descanso, casi siempre fijamos nuestras miras en el colchón. Nos pasamos casi ocho horas diarias tumbados, lo que supone un tercio de nuestra vida. Por eso resulta muy importante cambiar de colchón cada poco y además elegir una almohada adecuada. Si no acertamos con la elección lo más probable es que acabemos con problemas cervicales, dolor de cuello, cabeza o espalda. Si quieres acertar con tu compra, ten en cuenta los siguientes consejos sobre cómo elegir una buena almohada.

En primer lugar hay que comprobar cuál es la postura que solemos adoptar a la hora de dormir. Si por lo general lo haces boca arriba, lo aconsejable sería decantarse por una almohada que no sea excesivamente gruesa, ya que en este caso concreto desempeña una función de soporte para cabeza y cuello.

Si por contra eres de los que duerme de lado, procura que la almohada en la que apoyas la cabeza sea más gruesa, sobre todo para que el cuello no se vea obligado a mantenerse sobre el hombro, lo que acabaría generando malestar y dolencias. Lo que se busca con esta almohada es que el cuello permanezca sobre el eje de la columna y nunca por debajo.

Para los que duermen boca abajo, lo más aconsejable es una almohada fina, flexible y blanda. Es muy frecuente que las personas que adoptan esta postura se acaben abrazando a ella, por lo que sería adecuado comprarse una de fibras sintéticas o de plumas para adaptar el relleno y colocarlo a nuestro gusto.

Otro aspecto que no debemos pasar por alto a la hora de elegir una almohada es el relleno. Como te habíamos comentado antes, las de fibras sintéticas o de plumas suelen ser muy flexibles, pero no están precisamente recomendadas para las personas que tengan algún tipo de problema en la espalda o en el cuello, y que además duerman boca abajo. En el mercado te encontrarás una gran variedad de ellas, entre las que se encuentran también las viscoelásticas o las de látex. Las primeras ofrecen una mayor adaptabilidad y firmeza, mientras que las otras son de textura más fina. Las de látex presentan un claro inconveniente, y es que precisan de mucha ventilación. Para que no se deforme, ni críe bacterias o provoque humedad tendremos que voltearlas y airearlas con mucha frecuencia. Sin embargo, esto no sucede con las viscoelásticas, ya que este material ya dispone de un sistema de ventilación propio y además encajan a la perfección en el descanso de aquellos que padecen molestias en la espalda, cervicales o jaquecas.

En cualquier caso, cuando tengas algún tipo de duda, lo mejor es que lo consultes con un profesional. Nunca hay que dejarse guiar por el precio, ya que lo barato suele resultar muy caro. Las de bajo coste no suelen tener la calidad adecuada para garantizarnos un correcto descanso. Ten en cuenta que el dinero que te gastes es una inversión a largo plazo por su resistencia y durabilidad. Las otras las deberás cambiar con más frecuencia.

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