Un nuevo país se está convirtiendo en un destino vacacional favorito, más barato que Grecia o España
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No es Grecia, tampoco España ni Italia, pero cada vez más viajeros están mirando hacia el mismo punto del mapa cuando piensan en sus vacaciones de verano. En un momento en el que destinos clásicos empiezan a saturarse, con precios al alza y playas llenas, hay un país que está creciendo a otro ritmo, casi en silencio, pero con fuerza y ya se ha convertido en el destino vacacional de moda y además, todavía, bastante económica.
Ese país no es otro que Albania, que si bien durante años fue uno de los territorios más cerrados de Europa, y eso todavía se nota en algunos detalles, también es lo que ahora juega a su favor. Tiene costa, tiene historia y, sobre todo, tiene precios que recuerdan a los de hace una década. Así lo que hasta hace poco era un secreto entre viajeros empieza a dejar de serlo. Y eso, como suele pasar, tiene su lado bueno, pero también el miedo a que acabe siendo un destino vacacional que se llene de turistas cada verano como ocurre con los más conocidos.
El destino vacacional que está ganando terreno a Grecia o España
Quien llega por primera vez a Albania suele tener la misma sensación y es la de ser un lugar que se parece a otros que ya conocemos, pero no exactamente así. Las playas del sur, especialmente en zonas como Ksamil, recuerdan a las de las islas griegas, con ese agua clara y ese color turquesa que parece casi irreal.
Pero hay una diferencia importante. No hay la misma cantidad de gente, ni la misma presión turística, ni los mismos precios. Comer frente al mar o tomar algo en un chiringuito sigue siendo accesible, incluso en temporada alta. A eso se suma que algunos tramos de costa tienen un aire parecido a Croacia, mientras que el ambiente y la forma de disfrutar la comida evocan al sur de Italia. Es una mezcla que resulta familiar, pero con margen para sorprender.
Un lugar que todavía se siente auténtico
Parte del atractivo de Albania tiene que ver con algo que cada vez cuesta más encontrar y es la sensación de estar viajando de verdad, ya que no todo está pensado para el turista, ni todo funciona como un reloj. Las carreteras no siempre están en perfecto estado y el servicio, en ocasiones, es algo improvisado. Pero para muchos eso forma parte de la experiencia. No es un destino pulido, y precisamente ahí está su encanto. Aquí todavía se puede improvisar, cambiar de planes y descubrir sitios sin haberlos visto antes en redes sociales. Y eso, en un momento en el que muchos viajes parecen calcados, marca la diferencia.
Las zonas que están marcando la diferencia
Aunque el país no es grande, hay varios puntos que concentran la atención. Ksamil es el más conocido, sobre todo por sus playas y su agua cristalina, que en fotos parece casi irreal. Pero si se busca algo más tranquilo, basta con bajar hacia el sur. Lugares como Himare o Borsh ofrecen playas más relajadas, menos masificadas y con un ritmo de vida mucho más pausado. En estas zonas el plan cambia. No se trata tanto de verlo todo, sino de parar, comer sin prisa y disfrutar del entorno sin presión.
El interior también sorprende
Albania no es sólo playa. Al adentrarse en el interior aparece un paisaje completamente distinto. Ciudades como Berat, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, muestran una imagen muy alejada del turismo de costa. Sus casas blancas, alineadas en la ladera, crean una estampa muy característica. Y algo parecido ocurre con el llamado «Ojo Azul» (Syri i Kaltër), un manantial de agua helada con un color tan intenso que parece casi artificial. Este contraste entre costa e interior es uno de los puntos fuertes del país, porque permite combinar varios tipos de viaje sin grandes desplazamientos.
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El crecimiento del turismo y lo que puede cambiar
El problema es que todo esto está cambiando rápido. El aumento de vuelos directos, la presencia constante en redes sociales y el interés de grandes cadenas hoteleras están transformando Albania a gran velocidad. Muchos ya la comparan con lo que fue Croacia hace unos años. Un destino bonito, relativamente barato y todavía fuera del turismo masivo. Pero esa fase suele durar poco. Donde antes había tranquilidad empieza a haber más gente, y donde los precios eran bajos, poco a poco suben. Es un proceso habitual, pero que cambia por completo la experiencia.
Cuándo viajar para evitar el turismo masivo
Para quienes estén pensando en visitarla, el momento importa. Julio y agosto empiezan a concentrar cada vez más visitantes, sobre todo en las zonas más populares. Por eso, muchos recomiendan viajar en junio o en septiembre. El clima sigue siendo agradable, el mar mantiene buena temperatura y el ambiente es mucho más tranquilo. Además, permite disfrutar del país con otro ritmo, más cercano a lo que ha sido hasta ahora.