Tecnología
aplicaciones

Por qué las apps “gratis” son cada vez menos gratis

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Las aplicaciones móviles gratuitas forman parte del día a día de millones de usuarios. Editar una foto, escanear un documento, retocar un vídeo o jugar una partida rápida sigue siendo posible sin pagar directamente. Sin embargo, la experiencia ha cambiado de forma evidente en los últimos años, hasta el punto de que muchas apps “gratis” apenas lo son en la práctica.

Cada vez es más habitual encontrarse con anuncios invasivos, funciones bloqueadas o avisos constantes para contratar una suscripción. No es una sensación aislada, sino la consecuencia directa de un cambio profundo en el modelo de negocio de las aplicaciones móviles.

Apps gratis con más límites que nunca

Hace unos años, una app gratuita solía ofrecer casi todas sus funciones, quizá con algún anuncio discreto. Hoy, muchas aplicaciones permiten hacer poco más que una prueba. Tras unos minutos de uso aparecen restricciones artificiales, marcas de agua o contadores que obligan a esperar o a pagar.

Captura: Nacho Grosso

Este modelo busca algo muy concreto, empujar al usuario hacia la suscripción. No se trata tanto de ofrecer una versión gratuita completa, sino de generar la suficiente frustración como para que el pago parezca la única salida razonable.

La publicidad ya no sostiene el modelo

Durante mucho tiempo, la publicidad fue suficiente para mantener a flote las apps gratuitas. Banners, vídeos o anuncios a pantalla completa generaban ingresos constantes. El problema es que el usuario se ha acostumbrado a ignorarlos, y los ingresos por publicidad han ido cayendo.

A esto se suma que competir por la atención en el móvil es cada vez más caro. Hay demasiadas apps, demasiados anuncios y muy poco tiempo disponible, lo que hace que la publicidad por sí sola ya no sea rentable para muchos desarrolladores.

La suscripción se ha convertido en la norma

Ante este escenario, la suscripción ha pasado de ser una opción a convertirse en la regla. Apps que antes se pagaban una sola vez ahora exigen una cuota mensual o anual. Otras activan pruebas gratuitas que, si no se cancelan a tiempo, se renuevan automáticamente.

El problema no es pagar por una app útil, sino la forma en la que se presenta ese pago. Pantallas emergentes constantes, precios poco claros o avisos difíciles de cerrar han deteriorado la experiencia de uso.

Cuando no pagas con dinero, pagas con datos

En muchas apps gratis, el usuario es parte del producto. La recopilación de datos de uso, hábitos o intereses permite monetizar la aplicación de forma indirecta. No siempre se trata de prácticas abusivas, pero sí de un intercambio que rara vez se explica con claridad.

Tanto Apple como Google han reforzado sus políticas de privacidad en los últimos años, pero el modelo sigue siendo el mismo: cuanto menos pagas, más valiosa es tu información.

El cansancio del usuario empieza a notarse

El resultado es un usuario cada vez más saturado. Muchas personas eliminan apps que antes usaban a diario, reducen el número de aplicaciones instaladas o prefieren pagar por una alternativa sencilla que no moleste constantemente.

Por eso, revisar permisos, desconfiar de las pruebas gratuitas y valorar aplicaciones de pago único vuelve a tener sentido. También asumir que una app bien hecha necesita ingresos, pero que eso no justifica experiencias agresivas ni engañosas. Las apps gratis siguen existiendo, pero ya no son lo que eran. Entender cómo funcionan hoy es clave para decidir cuándo merece la pena pagar y cuándo simplemente conviene buscar otra alternativa.