Un bloque de hormigón que avisa de grietas y un casco que detecta conmociones ganan el James Dyson Award 2026
Sentinel, obra de un ingeniero filipino, y Rumble Rims, de tres estudiantes de Harvard, son los ganadores internacionales
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El James Dyson Award ya tiene a sus ganadores internacionales de 2026. Sir James Dyson ha escogido, entre los 20 proyectos finalistas, un sensor que avisa de los daños ocultos en un edificio tras un terremoto y un dispositivo que lleva el cribado de conmociones cerebrales al borde del campo. Cada uno recibe 34.600 euros para seguir desarrollando su invento. Los dos nacen de proyectos universitarios y siguen en fase de desarrollo.
El separador de hormigón que avisa cuando el edificio está herido
Sentinel, ganador en la categoría de Sostenibilidad, es obra de Aldrei Ong, ingeniero estructural graduado en la Universidad De La Salle de Filipinas. Parte de un problema concreto. Tras un terremoto, el hormigón puede quedar con grietas internas que no se ven, y saber si un edificio es seguro depende de inspecciones visuales y pruebas especializadas, un proceso lento y caro cuando hay que revisar muchos edificios a la vez.
La idea de Ong consiste en aprovechar una pieza que ya existe en cualquier obra. Convierte un separador estándar de hormigón, el bloque que mantiene las barras de acero de refuerzo en su sitio mientras se construye, en un sensor.
El bloque se fabrica con hormigón autosensor, un material con componentes conductores por los que pasa la electricidad. Cuando se agrieta, su resistencia eléctrica cambia. Unos electrodos lo conectan con un pequeño módulo electrónico que compara cada lectura con la inicial y, si detecta una variación importante, envía los datos a un panel online para que los ingenieros vigilen el edificio a distancia.

Ong lo desarrolló durante su máster y probó más de 125 muestras de hormigón a lo largo de un año. Los sensores ya funcionan en un edificio de Filipinas como prueba en condiciones reales.
De momento el sensor se integra al construir, así que los edificios ya levantados dependen de las versiones que Ong quiere desarrollar. También prevé sustituir la electrónica soldada a mano por una placa de circuito impreso a medida.
Una prueba de mirada para decidir si el jugador sigue en el campo
Rumble Rims, ganador en la categoría de Medicina, nace en la Universidad de Harvard de la mano de Cleo Pontone, Radhika Saran y Sophia DeVito. El proyecto llegó a la final internacional tras ganar el premio nacional de Estados Unidos. Su objetivo es un hueco muy concreto. Una conmoción cerebral es difícil de detectar en el momento y sus síntomas pueden tardar hasta 72 horas en aparecer.
Las pruebas objetivas existen, pero son caras y se limitan al entorno clínico. Muchos colegios y equipos de base se quedan con comprobaciones a pie de campo que dependen del criterio de quien mira.

El casco usa cámaras infrarrojas para medir cómo los ojos del deportista siguen un estímulo, fijan la mirada y se mueven durante una prueba de entre dos y tres minutos. Una pantalla móvil traduce esas mediciones en indicaciones en tiempo real sobre si debe abandonar el juego y pasar por una evaluación médica.
Después del partido, un panel de recuperación permite repetir la prueba y construir un registro objetivo que pueden consultar deportistas, familias y sanitarios antes de autorizar la vuelta. Sus creadores insisten en que es una herramienta de cribado y no de diagnóstico, y la decisión de volver a competir sigue en manos de un profesional sanitario cualificado.
Rumble Rims es todavía un prototipo. Tras probar con cascos, protectores bucales y soportes para la barbilla, el equipo se quedó con cámaras infrarrojas laterales y espejos dicroicos de 45 grados. Con el premio quiere construir una versión más avanzada y validarla con deportistas, entrenadores y asesores médicos. A largo plazo aspira a probarla en colegios y programas deportivos juveniles y a avanzar hacia su validación como dispositivo médico.
2.294 propuestas para dos elegidos
El certamen, organizado por la Fundación James Dyson, recibió este año 2.294 propuestas de 28 países y regiones, la cifra más alta hasta ahora. Cada mercado elige un ganador nacional y un jurado de ingenieros de Dyson selecciona 20 proyectos para la fase internacional, donde decide el propio James Dyson.
Es la 21.ª edición del premio, que según la organización ha apoyado a más de 400 inventos de estudiantes. En 2025 los ganadores internacionales fueron OnCue, un teclado inteligente de asistencia para personas con Parkinson, y WaterSense, un dispositivo autónomo para controlar la calidad del agua.
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