CARRERA ESPACIAL

Un becario de la NASA pagó 217 dólares por 1.150 cintas viejas y tres guardaban el paseo lunar del Apolo 11

Comparación de las imágenes restauradas del primer paso de Armstrong en la Luna
Comparación de las imágenes restauradas del primer paso de Armstrong en la Luna
Adrián Villellas

¿Cuánto vale un montón de cintas de vídeo que nadie quiere? En junio de 1976, en una subasta de material sobrante del Gobierno estadounidense, valían exactamente 217,77 dólares (unos 189 euros). Eso pagó Gary George, un estudiante de ingeniería que hacía prácticas en la NASA, por un lote de unas 1.150 bobinas de cinta magnética.

Tres de ellas guardaban el paseo lunar de Neil Armstrong y Buzz Aldrin del 20 de julio de 1969, grabado esa misma noche en Houston. En julio de 2019, esas tres cintas se vendieron por 1,82 millones de dólares (unos 1,58 millones de euros).

Una ganga en una base aérea

George estudiaba en la Universidad Lamar, en Texas, y desde 1973 era alumno en prácticas en el Centro Espacial Johnson de la NASA. La subasta se celebró en la base aérea de Ellington, en Houston. Su plan era revender a televisiones locales las cintas aprovechables.

Y eso hizo con buena parte del lote. Vendió unas cuantas, regaló otras y muchas acabaron como chatarra. Fue su padre quien se fijó en tres cajas rotuladas «APOLLO 11 EVA» (EVA es la actividad fuera de la nave, o sea, el paseo lunar) y le aconsejó guardarlas.

Ahí se quedaron. A principios de 2008, un compañero ingeniero de vídeo le contó que la NASA buscaba grabaciones originales del paseo lunar. En octubre de ese año se reprodujeron por primera vez. Vamos, que el tesoro llevaba 32 años criando polvo.

Así llegaba la tele desde la Luna

Todo empieza en la cámara del módulo lunar. Era de barrido lento y en blanco y negro, es decir, enviaba solo 10 imágenes por segundo con 320 líneas cada una. Un televisor estadounidense de la época necesitaba 30 imágenes por segundo y 525 líneas.

¿Cómo se salvaba ese desajuste? Con un truco casi artesanal. Las antenas de Goldstone, en California, y de Honeysuckle Creek y el radiotelescopio de Parkes, en Australia, recibían la señal, la mostraban en un monitor y otra cámara grababa esa pantalla al ritmo normal. Es como grabar con el móvil la pantalla del ordenador, funciona, pero se pierde nitidez por el camino.

Después, esa imagen convertida viajaba hasta Houston y de ahí a las cadenas de medio mundo. Cada salto por repetidores añadía ruido. Nada que ver con el detalle con el que la NASA fotografía en la actualidad el suelo lunar.

Por qué valen tanto

Las cintas de George se grabaron en Houston con magnetoscopios Ampex VR-2000, sobre cinta de 2 pulgadas (unos 5 centímetros) de ancho. Las tres bobinas suman 2 horas y 24 minutos, casi todo el paseo lunar. Según la casa de subastas Sotheby’s, se ven con más contraste y nitidez que lo que siguieron en directo unos 500 millones de espectadores.

Hay otro motivo. Las 45 cintas de telemetría originales, con la señal en bruto recibida por las antenas, ya no existen. Un informe final de la NASA concluyó que a principios de los años ochenta se borraron y se reutilizaron para paliar una escasez de cinta magnética en toda la agencia.

Según ese documento, los operadores de las estaciones veían en sus monitores un vídeo nítido, muy lejos de las imágenes borrosas y casi fantasmales que llegaron a los hogares. Por eso se buscaron durante tres años. Sin éxito.

El matiz de la NASA

Ojo, porque las cintas de George no son esos originales perdidos. La NASA aclaró en julio de 2019 que son grabaciones hechas en Houston a partir del vídeo ya convertido al formato de la televisión comercial, y que no contienen nada que la agencia no haya conservado.

De hecho, en 2009 la NASA ya había presentado una restauración del paseo lunar, encargada a la empresa californiana Lowry Digital, a partir de copias y emisiones de televisión archivadas. Entonces, ¿qué se pagó en 2019? Sobre todo, la calidad de una grabación de primera generación y una historia difícil de repetir.

La agencia, eso sí, mira ya hacia delante, con simulaciones de misiones a la Luna y a Marte.

De un almacén a un museo

En diciembre de 2008 las tres bobinas se digitalizaron sin compresión. La subasta llegó el 20 de julio de 2019, justo 50 años después del alunizaje, con una estimación de entre 1 y 2 millones de dólares (entre 0,87 y 1,74 millones de euros).

¿Y quién se las llevó? En abril de 2026, la cadena de museos Ripley’s, famosa por su Believe It or Not!, contó que fue ella la compradora. Las cintas se exhiben en su sala de Orlando, en Florida.

La ficha oficial del lote, con la descripción técnica de las cintas, se ha publicado en la web de Sotheby’s.

Crédito de la imagen: NASA Goddard Photo and Video (Wikimedia Commons, dominio público).

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