Dr. Sordo: «En cirugía estética debe prevalecer siempre la indicación médica a la foto que trae en el móvil»
La denominada dismorfia digital se ha convertido en una cuestión de creciente interés para los profesionales sanitario

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La cirugía plástica y estética se enfrenta a un doble desafío: aprovechar los avances científicos para mejorar la seguridad y la precisión de las intervenciones y, al mismo tiempo, evitar que las tendencias de las redes sociales condicionen las decisiones médicas. Coincidiendo con la celebración del Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), los especialistas ponen el foco en los límites entre la innovación con respaldo científico y las demandas estéticas inspiradas en imágenes digitales.
En este contexto, el doctor Gustavo Sordo, cirujano plástico, estético y reparador, defiende una premisa fundamental: la indicación quirúrgica debe responder a las características anatómicas y las necesidades de cada paciente, no a un ideal de belleza impuesto por las modas. «La indicación la marca la cara del paciente, no la foto que trae en el móvil», resume.
La presión de las redes sociales llega a la consulta
Las fotografías retocadas, los filtros digitales y la proliferación de imágenes de antes y después han transformado la manera en que muchas personas perciben su propio rostro. Una exposición constante a estos contenidos puede alimentar expectativas difíciles de alcanzar mediante una intervención quirúrgica y aumentar el deseo de modificar rasgos que no presentan una alteración anatómica que justifique una operación.
La denominada dismorfia digital se ha convertido en una cuestión de creciente interés para los profesionales sanitarios. La literatura científica investiga la relación entre el consumo de imágenes estéticas manipuladas, la insatisfacción con la propia apariencia y las expectativas de quienes acuden a una consulta de cirugía plástica.
Una revisión publicada en 2026 e indexada en PubMed sobre la influencia de las redes sociales en la rinoplastia, atribuida a Kanso y colaboradores, aborda esta relación y sus implicaciones clínicas. La preocupación de los especialistas reside en que el paciente llegue a considerar como un defecto real aquello que responde, en parte, a una imagen alterada o a un modelo estético difícilmente reproducible.
Para el doctor Sordo, esta situación obliga a reforzar la valoración individual y el diálogo con el paciente. «Llevo más de 20 años viendo pedir el mismo perfil, pero mi trabajo no es copiar una referencia, sino decidir qué le sienta bien a esa cara», explica.
El cirujano subraya que la responsabilidad médica no consiste en satisfacer cualquier petición, sino en determinar si existe una indicación adecuada y si las expectativas son compatibles con las posibilidades reales de la intervención. «Si lo que pide el paciente y lo que indica su anatomía no coinciden, lo explico con claridad y, si hace falta, no opero: prefiero no entrar a un quirófano antes que entrar al que no toca», afirma.
Rinoplastia: más precisión y menos traumatismo
Frente a la influencia de las modas, la evolución técnica de la cirugía plástica se orienta hacia procedimientos que buscan mejorar la precisión, reducir el daño a los tejidos y preservar, siempre que sea posible, las estructuras anatómicas que mantienen su función.
En la rinoplastia, uno de los avances destacados es el instrumental piezoeléctrico, que utiliza ultrasonidos para trabajar sobre el hueso con mayor selectividad que los instrumentos mecánicos tradicionales. Su objetivo es facilitar una actuación más precisa sobre las estructuras óseas y limitar el daño a los tejidos blandos circundantes, aunque los resultados dependen de la técnica empleada y de las características de cada paciente.
A esta evolución se suman las técnicas de rinoplastia de preservación, que buscan mantener determinadas estructuras nasales en lugar de modificarlas mediante procedimientos más destructivos. Su aplicación debe individualizarse según la anatomía, las necesidades funcionales y los objetivos quirúrgicos de cada caso.
Un estudio publicado en 2025 en Aesthetic Surgery Journal, atribuido a Guilarte y Malzone, analizó los resultados de más de 700 pacientes intervenidos mediante rinoplastia de preservación cerrada asistida por ultrasonidos. Según los datos recogidos en el texto de referencia, la tasa de revisión fue del 6%, junto con una reducción del sangrado y de la inflamación postoperatoria. Estas cifras deben interpretarse atendiendo al diseño del estudio, las características de los pacientes y el seguimiento realizado, sin asumir que los resultados sean extrapolables a todos los procedimientos.
El doctor Sordo destaca que el progreso de la especialidad no debe medirse únicamente por la capacidad de transformar un rostro, sino también por la posibilidad de hacerlo con mayor precisión y respeto por su anatomía. «Donde más ha avanzado la rinoplastia es en precisión y en respetar lo que ya funciona en la nariz del paciente», señala.
La tecnología no sustituye al criterio médico
La incorporación de nuevas herramientas quirúrgicas amplía las posibilidades de intervención, pero no elimina la necesidad de una evaluación clínica rigurosa. La selección de la técnica, la valoración de los riesgos y la definición de unos objetivos realistas siguen siendo elementos esenciales para la seguridad del paciente.
En una sociedad cada vez más expuesta a imágenes retocadas y modelos de belleza uniformes, el reto de los cirujanos no consiste en reproducir un rostro de referencia, sino en valorar qué intervención, si alguna, resulta apropiada para cada persona.
La postura del doctor Gustavo Sordo resume esa prioridad: escuchar al paciente, explicar los límites de la cirugía y anteponer la indicación médica a cualquier tendencia. Porque, en el quirófano, una fotografía puede servir para iniciar una conversación, pero no debe sustituir al diagnóstico.
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