Usemos a Maricarmen

Usemos a Maricarmen

No han perdido el poder y ya están quemando las calles. Que no se diga que no lo avisamos. Calientan la banda para el partido que vendrá en 2027, y no les importa para ello fabricar su propio 15M de desahuciados, exigiendo, como colectivo de protestones discontinuos, que resuelvan el problema de la vivienda aquellos que aún no han llegado a gobernar, mientras han permanecido callados todo este tiempo, como buenos mamadores del Estado, ante los que sí tenían la capacidad de resolverlo y no quisieron. Es más, ni una algarada o manifestación ante el Gobierno que más ha hecho para que los españoles no tengan vivienda, ni en propiedad, ni en alquiler. Pero no van a morder la mano que les da de comer, claro. De qué vivirían si no todos estos indignados a tiempo parcial.

No hay oportunidad de causita que la izquierda no aproveche para demostrar que no sabe hacer otra cosa en la vida que incendiar. Hace tiempo que dejó de ser un instrumento en la lucha de clases para convertirse en un negocio de causas, cuya hucha llenan conforme los ingenuos feligreses van comprándole su mercancía divisora y corrupta. Buscan elementos divisorios para hacer de ellos un problema que necesite de subvención, luego de ministerio y después ya vendrá la agencia de colocación. Y a vivir del problema, que nunca resolverán. Ya cuando el poder esté a punto de perderse, activarán a la masa estabulada que les vota para que ardan unos cuantos contenedores y la paz social sea lo que dicten terroristas callejeros. Esta vez, el objetivo a usar, manosear y tirar cuando ya no les resulte útil, es una anciana de ochenta y siete años, de nombre Maricarmen, la enésima cortina de humo creada por el zurdismo político y mediático para que no se hable, durante unas horas, sobre la invasión marroquí que el Gobierno y su sindicato de protestones discontinuos apoyan.

En realidad, la pobre Maricarmen no les da pena, como no sienten lástima por ninguna anciana cuya vivienda ha sido ocupada por los miles de infectos caraduras beneficiarios de las leyes zurdas (socialistas y comunistas).

Tampoco sufren por las mujeres maltratadas cada día, perjudicadas por la ley suelta violadores que creó la comunista Irene Montero cuando fue ministra, ni mucho menos por las niñas violadas de Ceuta, a las que las feministas de igualdad olvidan porque no hay banco morado que presupuestar ahí. No les importa ver al trabajador al que tanto aman y defienden hundido a impuestos y a inflación, al pobre obrero y padre de familia que no puede llenar la nevera ni pagar la luz, ni tampoco gimen de dolor por las víctimas de la riada en Valencia o el accidente de Adamuz.

Todo lo que no puedan rentabilizar para su causa no merece su esfuerzo: para destrozar mobiliario urbano y destrozar escaparates de multinacionales malvadas y explotadoras tiene que haber detrás un negocio del que vivir. Y, sobre todo, que gobierne la derecha, para tener así un objetivo más allá de trincar parasitariamente de papá Estado.

Usan a Maricarmen como excusa para que no recordemos cómo las cloacas socialistas están dando un golpe de Estado fabricando votos con muertos. La manipulan para tapar que han intentado asesinar a una jueza mediante la contratación de unos narcos. La manosean para que olvidemos que Zapatero sigue sin aportar las pruebas que demuestren que no es el líder de una organización criminal por la que ha blanqueado capitales y se ha enriquecido de manera ilícita.

El dócil, aborregado y analfabeto ganado ovino que sigue al zurderío político, que de crítico tiene lo que La Séptica de plural, se moviliza en cambio por una mujer que llevaba tiempo sabiendo que esto podía pasar. Y a pesar de su privilegiada posición de funcionaria, con vivienda protegida a precio de otros siglos y pensión que ya quisiera la España que envejece, prefirió seguir disfrutando de la vida, ajena al contexto que un día le iba a actualizar la libreta.

Todos los matones de la izquierda Loewe que ahora leen poemas de Alberti (el mismo que abandonó a su mujer enferma en una residencia antes de morir y escribía versos sobre cómo asesinar a los españoles de derechas) y cogen megáfonos podridos para solidarizarse con Maricarmen, son los mismos que apoyan al sanchismo como instrumento de odio y pobreza, causante de la situación que hoy denuncian, culpable de atascar un mercado al que responsabilizan del fracaso de su planificación interventora.

Maricarmen, a la que se le ha intentado ayudar por todos los medios y de todas las formas, se subrogó a una vivienda antes usada por sus progenitores, cuyos beneficios y privilegios venían de la época franquista, eliminados por una ley del PSOE de 1994. Hoy, es utilizada por la izquierda ultra y garrapata como ejemplo de humanidad, cuando representa el modelo parasitario que va contra la propiedad privada y que acaba hundiendo a toda sociedad en la miseria soviética de la que tanto presumen algunos perturbados con anteojos en televisión cada día.

La propiedad significa disfrutar de algo que es tuyo, que has ganado con esfuerzo, sacrificio y honra, antesala que construye una vida estable. Sin propiedad privada no existe la democracia de libertades. La propiedad es arraigo, algo que supera lo material, es sentimental, constituye un legado. Es tuyo, y por lo tuyo, luchas. Cuando no es así y no hay motivos por los que pelear, entonces nace el desarraigo y, por tanto, el desapego con lo propio y ajeno. Nada nos afecta. Nada nos concierne. Ni la familia, ni la nación, ni los recién nacidos, mucho menos la propiedad. Es entonces cuando dejamos que el populismo y el Estado se alíen para combatir el esfuerzo, el ahorro, el trabajo duro, lo que define al capitalismo como sistema que más y mejor ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas en medio siglo en todo el mundo. Estos socialistas de salón usan a Maricarmen y gritan contra una sociedad limitada madrileña y contra los especuladores porque, en el fondo, les jode reconocer que Maricarmen, con Franco, vivía mejor.

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