La tregua de los politizados
A esta hora, todavía no sabemos si debemos seguir pidiendo responsabilidades políticas a los que tienen la obligación de dar explicaciones porque le va en el sueldo, sobre todo cuando lo que tienen que contar exige una transparencia que su relato habitual de mercenarios de la trola no le permite. Igual estamos politizando nuestro derecho a conocer la verdad y a que se esclarezca hasta qué punto la negligencia continuada del Gobierno socialista nos está matando como ciudadanos. Habrá que preguntar a los ayatolás de la politización cuándo y en que momento debemos politizar la tragedia y salir de nuestro silencio autoimpuesto, en qué parte del día y lugar incomoda menos, a su mentalidad de amanuenses serviles y ovejas apesebradas, que manifestemos nuestro descontento y desafección por este régimen putrefacto que ha empobrecido economías y servicios desde que tomó tierra quemada.
Debe ser difícil ser zurdo, o aspirante a serlo, y tener la responsabilidad todos los días de soportar la carga moral de dar lecciones al mundo sobre lo que hay que hacer, cómo y dónde. Sobre todo, cuando en tu manual de responsabilidad personal y cívica pedías dimisiones al segundo siguiente de consumarse una tragedia evitable. Un día llamas asesino a un dirigente del PP, al que atribuyes la muerte de personas por irresponsabilidad manifiesta y al día siguiente tildas de «mala suerte» que otros compatriotas mueran por la misma incompetencia. Lo que cambia entre una manifestación y otra es el signo político del culpable, décadas de educación controlada por quienes han destrozado su sentido y misión y, sobre todo, el alpiste mensual que el Gobierno actual mete en la cuenta corriente de los voceros –y buleros- sectarios.
Lo indubitable, por percibido y comprobado, es que la corrupción está destrozando España. Y sus servicios públicos. Han estresado tanto las infraestructuras, a las que han ido liquidando en desidia, falta de atención y dinero mientras colocaban a concubinas en ADIF y a corruptos de mordidas en RENFE, que muchos nos preguntamos cómo no ha pasado esto antes. Desde que el sanchismo ocupó la mamandurria, el dinero se ha ido a cuentas fiscales opacas, a regar de prebendas a golpistas sacacuartos y a colocar a sujetos con carnet del PSOE sin más competencia que su servidumbre ideológica al régimen.
Después de Ábalos al frente del ministerio que más dinero gestiona y que despilfarró en amaños y enchufes prostituidos, llegó otro inútil experto en macarrismo y matonería, que dedica su tiempo de ministro a insultar a quien le haga ver su incompetencia en la materia. Un eslabón perdido de negligencia e inmoralidad biliosa que llegó a soltar por esa boca simiesca y poco atribulada que el tren vivía «el mejor momento de su historia». Y lo repetía en cada comparecencia, henchido de palmerismo y chepa.
Se han inventado sabotajes y están ocultando la realidad del problema de las vías los mismos que negaron en Valencia la inversión en infraestructuras, patulea de chabacanos irresponsables que obviaron las advertencias de expertos técnicos, maquinistas, sindicatos profesionales y tripulación, quienes avisaron de la fatiga viaria y de las chapuzas de reparación acometidas. Han culpabilizado a Iryo y Ouigo de su propia falta de resolución gestora y ahora van a cargar con decenas de fallecidos en su conciencia de corruptos, golfos y delincuentes.
Sí, es compatible respetar la memoria de víctimas que podían seguir entre nosotros de haberse hecho las cosas bien, y denunciar a la peste política que nos gobierna como plaga bíblica ponzoñosa. Corruptos desalmados que no dan explicaciones convincentes porque nunca son responsables de nada. Y son responsables de todo. Los mismos que se lavaron las manos después del apagón que sufrió la nación por ideología climática y que siguen en su puesto después de la Dana, nos dicen ahora, acompañados de su sicariato mediático, que no politicemos la desgracia de Adamuz.
Los que han manipulado cada siniestro trágico en España para su beneficio personal y político, los que usaban a las víctimas para sus discursos falsarios y propagandistas, los que utilizaron parlamentos para rodearlos y medios para perseguir a políticos y ciudadanos de corte ideológico contrario, piden ahora cautela, prudencia, tranquilidad e insultan a quienes defendemos que las treguas no la pueden dirigir ni firmar los pirómanos totalitarios que viven y se sirven del fuego que ellos mismos crean a diario.
Coda: Hoy conocemos que la causa de la colisión entre dos trenes se debió al mal estado de uno de los raíles, cuya conservación era un dislate en términos de seguridad vial y ciudadana y que, en dicho tramo accidentado, supuestamente reparado no hace mucho, participó una empresa que pertenece a la trama corrupta de Koldo, Ábalos y Sánchez (el del plácet a todo). Y aquí sigue sin estallar el Coliseo.
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