¡Qué pena de España!

Leo con tristeza que Sociedad Civil Catalana completa su giro nacionalista, más allá de la cuestión lingüística, apostando porque el Estado tiene que ser generoso con los independentistas “si hay un arrepentimiento sincero” y concluye que lo que ocurrió no fue “un golpe de Estado al uso”. Van caminito de decirnos que ‘pelillos a la mar’. Si algo hay que reconocer al independentismo de los últimos tiempos, a diferencia de lo que ocurrió con el ‘pujolismo’, es que no esconden ni lo que son ni lo que pretenden. Han dejado claro que van a seguir adelante con sus objetivos ante un constitucionalismo que se desdibuja frente al único principio que debe guiar a todo demócrata: la defensa firme e incondicional de la ley. Eso es lo que ha ocurrido con Sánchez y eso es lo que está ocurriendo con Sociedad Civil Catalana.

Manuel Azaña, durante la constitución de la II República, decía: “a nosotros nos ha tocado vivir y gobernar en una época en que Cataluña no está en silencio, sino descontenta, impaciente y discorde” y “ahora nos toca conjugar la aspiración particularista o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses generales y permanentes de España dentro del Estado organizado por la República”. Azaña lo intentó y el pago a su comprensión llegó en forma de golpe Estado de Companys y de la ERC tres años después.

No nos engañemos, a nosotros también nos ha tocado vivir una época en la que Cataluña ha roto su silencio, eso sí, quebrando la convivencia y el orden constitucional. No tengo ninguna esperanza en que nuestro país, ensimismado siempre en sus debilidades y complejos, afronte con determinación la lucha por la libertad. Sociedad Civil Catalana no serán los únicos que, llegado el momento, apuesten por “conllevar” el asunto catalán. Veremos como muchos otros se suman a la estrategia del falso apaciguamiento, convirtiendo a Junqueras en el nuevo hombre de paz, referente moral de lo que está por venir. Es triste y decepcionante, pero ya verán como es así.

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