Otra mentira de Marlaska: prometió expulsiones y ahora abre campamentos
El Gobierno ha habilitado dos espacios nuevos para acoger a alrededor de 1.800 inmigrantes ilegales que se encuentran instalados en la playa de El Trampolín, en Ceuta, desde que entraron a territorio español a partir del pasado 30 de julio, según han informado fuentes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El traslado, iniciado a primera hora de este jueves, se ha llevado a cabo «de manera voluntaria y sin incidencias», según las mismas fuentes, «ofreciendo a las personas la posibilidad de acceder a estos espacios de acogida en unas condiciones adecuadas y seguras».
Este anuncio llega apenas días después de que Fernando Grande-Marlaska dijera envalentonado que «todas las personas que han entrado de forma irregular a Ceuta… evidentemente serían objeto de retorno por cumplimiento de la propia ley». Marlaska aseguró que «todas las personas que han entrado de forma irregular a Ceuta… evidentemente serían objeto de retorno por cumplimiento de la propia ley». Todas, dijo. Cabe entonces preguntarse si ese «todas» incluye también a los menores, porque la ministra de la Infancia, Sira Rego, lleva trabajando «desde el principio» en un «plan integral de acogida de niños y niñas migrantes no acompañados que se encuentran en Ceuta».
Mientras Marlaska hablaba de retornos y de cumplimiento de la ley, el Gobierno construía nuevos campamentos, no aviones de vuelta a Marruecos. No hay devolución, no hay frontera cruzada en sentido inverso: hay un traslado a un alojamiento mejorado para quienes, según sus propias palabras, deberían estar de camino a su país de origen. Es decir, el Ejecutivo no está devolviendo a nadie: está mejorando el hospedaje de quienes lleva tres semanas anunciando que iba a expulsar.
Y cabe preguntarse, además, si estos nuevos espacios no son sino la antesala de lo que vendrá después: el reparto de estos inmigrantes ilegales por distintas comunidades autónomas de la Península, con nocturnidad y alevosía, como ha venido haciendo este Gobierno en los últimos años. Es un engaño deliberado a los españoles —uno más— y muy especialmente a los ceutíes, que llevan semanas escuchando promesas de normalidad mientras se acostumbran a malvivir con miedo e inseguridad. A este Gobierno ya no se le puede pedir que cumpla su palabra, porque ni tiene palabra ni tiene vergüenza.