Sus mensajes con Ábalos retratan la hipocresía de Sánchez en materia de vivienda
El intercambio de mensajes entre Pedro Sánchez y el que en ese momento -2021- era su ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, dejan bien a las claras la doble moral del presidente del Gobierno en una materia tan sensible como el alquiler. Y es que, por entonces, las negociaciones entre los socios de Gobierno por la Ley de Vivienda retratan la superlativa hipocresía del jefe del Ejecutivo, que le ordena taxativamente a Ábalos no ceder bajo ningún concepto en el control del precio de los alquileres, una reivindicación de la formación morada. «No se bajan del burro del control de alquileres, es decir, de poner precio», le escribe Ábalos. Y Sánchez contesta tajante: «En eso no cedas, lógicamente».
Seis años después, con Podemos fuera del Gobierno, el caso Maricarmen ha puesto de manifiesto el supremo cinismo de Sánchez, que en función de las circunstancias es capaz de todo, incluso de abanderar ahora las propuestas que antaño negaba con contundencia. El día 26 de abril de 2021, Sánchez preguntó a Ábalos: «¿Cómo llevamos la Ley de Vivienda?», a lo que Ábalos contestó: «Pues quedamos en lograr un acuerdo tras las elecciones, así lo hablé también con Belarra».
Sánchez insistió en que «sería importante que avanzaseis esta semana y tenerlo para anunciar la semana del 4M tras las elecciones». Ábalos le responde: «Intento hacer una aproximación a la capacidad de las comunidades para declarar zona tensionada, pero no parece que cedan. Sólo es ese punto, pero ellos estiman que es nuclear. Nosotros apostamos por la congelación del alquiler en zonas tensionadas y ellos por fijar precio en función de los indicadores de referencia».
En el asunto de los desahucios, los mensajes entre Sánchez y Ábalos también revelan que las posturas entre PSOE y Podemos estaban enfrentadas, hasta el punto de que el secretario de Organización y ministro le dice al presidente que «la única forma que queda es volver a nuestro texto original, esto es, moratoria solo a los que tengan título jurídico». En conclusión: los principios de Sánchez son tan endebles como las paredes de papel. Todo en el personaje es pura hipocresía. Sería capaz de liderar un sindicato de inquilinos y de presidir, al tiempo, la patronal de «fondos buitre».