Necesitamos un centroderecha que no sólo lea el ‘Marca’

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  • Teresa Giménez Barbat
  • Escritora y política. Miembro fundador de Ciutadans de Catalunya, asociación cívica que dio origen al partido político Ciudadanos. Ex eurodiputada por UPyD. Escribo sobre política nacional e internacional.

No sería tan difícil. Los intelectuales de izquierda se mueven entre la pseudociencia y la fabulación. Y hay un cansancio creciente con ellos. Su frivolidad, su autoindulgencia y su falta de valores con un mínimo de consistencia empiezan a generar rechazo incluso en sectores que antes les veían con simpatía. Hace tiempo que se observa esta deriva: la izquierda ha pasado de defender causas concretas a justificar casi cualquier transgresión siempre que se envuelva en el lenguaje de la «resistencia» y del wokismo. En Estados Unidos, donde el fenómeno se ve con mayor crudeza, personas que no pertenecen precisamente al proletariado frivolizan, incluso, con el robo.

Graeme Wood, en un artículo reciente, recordaba cómo el fallecido politólogo James C. Scott defendía la «calistenia anarquista», aquella que exigía pequeños actos diarios de desobediencia (cruzar en rojo, beber en el parque, colarse en el metro) para mantener en forma los «músculos cívicos» frente a la posible tiranía. Hoy, esa idea ha ido a peor.

En un podcast del New York Times, la escritora Jia Tolentino y el streamer Hasan Piker defendieron abiertamente el hurto en cadenas como Whole Foods. Según Tolentino, «cada gran cadena de supermercados roba a sus trabajadores y clientes», por lo que hacer lo mismo no solo no es inmoral, sino casi meritorio. Curiosamente, esa misma gente reacciona con indignación cuando el desorden les afecta directamente. ¡Cómo no! En España tenemos ejemplos de sobra. Vean como una pareja cuenta en televisión que su casa fue okupada y eso explica por qué dejarán de votar al PSOE y a Podemos para votar a Vox.

La moral es selectiva. Esta pérdida de brújula ética exige un cambio de paradigma político. La izquierda cultural ha dominado durante décadas las élites, los medios y lo que los americanos llaman «la academia», pero empieza a mostrar signos de agotamiento. Víctor Lenore lo explica con lucidez en su artículo Pendulazo cultural en Francia e Italia. ¿Y en España? publicado en El Manifiesto. Lenore nos cuenta cómo Francia e Italia están dando un giro cultural, e intelectuales, artistas y sectores de las élites tradicionales ya no se avergüenzan de defender valores clásicos como el orden, el mérito o el reconocimiento a la propia cultura. Y es que el péndulo se mueve. La pregunta incómoda es si aquí, en España, surgirá algo parecido. Nuestras élites (alguna habrá) siguen estando mayoritariamente calladas, apocadas o atrapadas irremediablemente en su izquierdismo desfasado. El miedo al qué dirán, el monopolio que todavía ejerce el mundo cultural, académico y mediático y la ausencia de contrapesos intelectuales fuertes han convertido el pensamiento no progre en algo casi clandestino.

¿Tiene la derecha española suficiente músculo para capitalizar este cansancio? Esa es la gran incógnita. El Partido Popular es, hoy por hoy, la única alternativa real de gobierno. Pero ¿será el PP que viene como el de Rajoy -pragmático hasta la parálisis, temeroso de confrontar culturalmente- o mostrará auténtica voluntad de cambio? Gobernar no basta. Hace falta recuperar terreno en la batalla cultural: educación, medios, lenguaje o símbolos. Sin eso, cualquier victoria electoral es frágil. La derecha española ha vivido demasiado tiempo a la defensiva, disculpándose por existir o intentando parecer progre light para no ser demonizada. Ese tiempo se acaba. El vacío moral que deja la izquierda radicalizada (con su defensa, por ejemplo, de la delincuencia como «justicia social» y su desprecio al esfuerzo) es una oportunidad. Pero las oportunidades se pierden si no hay élites dispuestas a asumir riesgos, intelectuales que no se autocensuren y políticos con suficiente coraje como para defender un proyecto civilizatorio, no solo una gestión. España no es inmune al péndulo que ya se mueve en otros países europeos. La pregunta es si tendremos la inteligencia y el arrojo colectivo para que ese giro no nos pille, una vez más, leyendo el Marca. El agotamiento del modelo de la izquierda ya clama al cielo. Lo que falta por ver es si la derecha está a la altura del momento.

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