Más coaliciones y menos llorar por el voto útil

Más coaliciones y menos llorar por el voto útil

Es digno, honesto y legítimo que el PP llegue a acuerdos con otros partidos para acudir en coalición electoral en aquellas convocatorias electorales o circunscripciones en las que les resulte interesante a todos, negociando para ello los programas y las listas, como han hecho en Navarra. Esa es la forma correcta de apelar al voto útil, tratando a los votantes con respeto. Incluso si se proponen estos pactos, pero los otros partidos los rechazan, estaría legitimado para explicar las razones por las que considera que es conveniente concentrar en ellos el voto. Pero lamentablemente no es lo que está haciendo. Este fin de semana OKDIARIO publicó la entrevista que Eduardo Inda hizo a Pablo Casado en el bar de Alsasua donde se dio una paliza a dos guardias civiles y a sus novias. En ella, el presidente de los populares pide “optimizar todos los apoyos en el PP como única alternativa válida a Pedro Sánchez“. Además, insiste, en que en comunidades y provincias pequeñas “los votos que van a VOX y a Ciudadanos no se materializan en un escaño y van a acabar en un escaño socialista o de Podemos“. Sin embargo, no propone coaliciones.

También este mismo fin de semana varios prestigiosos periodistas han dedicado sus columnas de opinión a convencernos de que votar a VOX es votar a Sánchez, calificando el del partido de Abascal como un voto de resquemor y resentimiento descerebrado, y apelando a la sensatez de sus votantes a los que hacen responsables de una hipotética victoria del PSOE. Para hacer este ejercicio de manipulación se llega hasta a hacer trampas con las encuestas y la aplicación de la regla D’Hont, obviando que también es posible que, si VOX o Cs están cerca de conseguir un escaño pero, por la apelación al voto útil, un puñado de sus votantes se cambian al PP, quien saldría beneficiado sería Podemos y podría así conseguir el escaño en disputa. El del voto útil es también el discurso con el que Pedro Sánchez le está quitando votantes a Podemos lanzando el mensaje de que si no se les vota a ellos puede ocurrir en España lo mismo que ha ocurrido en Andalucía, rentabilizando el daño que el casoplón de Galapagar ha hecho a la marca morada.

De las muchas apelaciones electorales que se pueden hacer, la del voto útil es la más rastrera y vergonzante por cuanto pretende transferir a los votantes la responsabilidad por las consecuencias de los errores de los partidos. El PP ha defraudado a sus votantes incumpliendo repetidamente su programa electoral en cuestiones como las fiscales, para las que se escudaba en la herencia recibida y en la presión de Bruselas, pero también en otras como las leyes ideológicas socialistas, para las que ni siquiera se molestó en dar una excusa. Y, además de mentir, los populares permitieron que los secesionistas hicieran dos referéndums ilegales y estuvieron tibios en la aplicación de un Artículo 155 para el que tenían mayoría suficiente como para no tener que haberlo aplicado en la versión descafeinada en la que lo hicieron. Además de estar incursos en decenas de casos de corrupción.

Y el único argumento que encuentran para pedir el voto es llorar para que se les vote por compasión. Sin asumir los errores, sin pedir perdón, sin prometer que nunca jamás se va a volver a repetir algo así. ¡Vótame que viene el lobo!, dijo el lobo sin intentar siquiera disfrazarse de abuelita. La apelación al voto útil va contra el sentido común. Si un partido defrauda a sus votantes, pero éstos vuelven a votarlo, aunque sea con la nariz tapada, le están transmitiendo el mensaje de que puede volver a hacerlo con total impunidad. El PP no puede traspasar a sus antiguos votantes las consecuencias de sus errores, debe actuar con responsabilidad y promover coaliciones electorales en todas aquellas provincias y comunidades pequeñas donde no quiere que la izquierda se beneficie de su mala gestión. ¡Y, sobre todo, dejar de llorar!

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