Opinión

El imperio inmobiliario de una ex diputada de la CUP

  • Xavier Rius
  • Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

El 31 de mayo de 2016, le preguntaron a Eulàlia Reguant en un programa de RAC1: «¿Es éticamente aceptable para la CUP la okupación de segundas residencias?». La entonces diputada autonómica respondió con un «depende», que dejó atónita a la audiencia y a los votantes. En su opinión, no se podía contestar con una respuesta «binaria». «No es un ‘sí’ o un ‘no’, es un debate mucho más extenso», añadió sin aportar más datos.

Ahora se ha entendido el motivo. La ya ex parlamentaria se ha integrado en la inmobiliaria familiar, una empresa que declara un patrimonio superior a los 12 millones de euros y cuenta con 35 inmuebles. Pillada in fraganti.

No he oído a la ex dirigente de la CUP negar los hechos. Como, por cierto, tampoco a Miquel Iceta; la última decepción que he tenido entre las filas socialistas. El ex ministro de Cultura y Deportes, como se sabe, cuenta con un patrimonio que supera los 10 millones repartidos, en este caso, en 27 inmuebles.

Hay que decir que, en el caso de los antisistema, hay cierta tradición. En el 2016, ya trascendió que el también diputado Benet Salellas poseía dos pisos —uno al 50%—, dos locales y media docena de fincas rústicas.

Cuando corrió la noticia, alegó que sus padres habían trabajado «toda la vida». Y, en efecto, era hijo de un conocido abogado de Gerona. Pero como si el resto de padres no trabajaran «toda la vida» para sacar a sus hijos adelante.

Otro caso similar fue el de Mireia Boya, igualmente diputada en el Parlament en esa época. Era de una conocida familia de la Vall d’Aran que dispone de un hotel rural y participa en tres sociedades inmobiliarias.

Se dio de baja, por cierto, en el partido en junio de 2022 tras acusar a un colega de la dirección de «agresión psicológica continuada». «La dirección no ha querido ir más allá en la reparación y se ha querido cerrar el caso sin más», afirmó.

Los cupaires enterraron el asunto a pesar de que siempre han hecho gala de la lucha feminista. Preguntabas en cualquier rueda de prensa, cuando me dejaban entrar en el parlamento catalán, y se iban por las ramas.

Nunca se supo con certeza si el acusado era Quim Arrufat, pero este —también miembro del secretariado— fue acusado de una agresión sexual en 2014 y otra en 2019. Poco antes había dejado también la CUP por la puerta de atrás. Pero, durante una época, llegó a ejercer de presidente in pectore, a pesar de que las daban de asamblearios.

En cuanto lo hizo, impulsó un think tank junto a Xavier Domènech, el ex líder de los Comunes en el Parlament, el mismo que ahora quiere echarle una mano a Gabriel Rufián con su alianza de izquierdas. Hasta llegaron a salir, cómo no, en TV3 para explicar su proyecto.

Hace años, el que fuera alcalde de Terrassa, el socialista Pere Navarro, actualmente mandamás en la Zona Franca, ya me dijo que, durante la época de los indignados, la mayoría de los que tenía acampados delante del consistorio eran miembros de familias acomodadas de la ciudad. Creo que también sirve para la CUP. Una cosa es la teoría y la otra la práctica. Lo más difícil es predicar con el ejemplo. Sobre todo para las izquierdas.