Opinión

Hasta la guerra utiliza como cálculo electoral

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

La historia se repite. Zapatero, el pobre ZP, decidió que la única oportunidad que tenía para hacerse con el poder frente a Aznar era optar en aquel momento por alinearse con los enemigos de Occidente y de alguna manera acertó… Ahora, ya el PSOE convertido en un mal remedo del extremismo comunista, partido alejado por completo de la socialdemocracia, Sánchez se apresta a repetir la operación al grito de «No a la guerra», el grito con el que intenta cobijar a toda la enorme y variada patulea extremista, desde el Bildu heredero de ETA hasta los añejos comunistas estalinistas.

Felipe González en la primera guerra de Irak no tuvo inconveniente en secundar al mundo libre, aunque ese mundo libre fuera George Bush (padre). El resto del mundo ya conoce lo que realmente pasó.

Era fácilmente de colegir que, en las actuales circunstancias españolas, la ofensiva de Trump-Netanyahu sobre el régimen teocrático de Teherán iba a servir a un cuitado Pedro Sánchez para intentar situarse en el opositor urbi et orbi por excelencia al inquilino de la Casa Blanca , una vez, que carente de todo principio moral y referente ideológico, lo que realmente persigue es continuar en el poder. Y de paso seguir mintiendo.

Es un hecho cierto que en esta ocasión el jefe del Gobierno español juega al más difícil todavía. No se trata ya de engañar a Feijóo, sino a toda la comunidad internacional occidental, porque, como siempre ha hecho, tendrá un discurso oficial por un lado y, por otro, tendrá que hacer algo totalmente distinto, esto es, alinearse dentro del mundo libre. Es el juego sanchista de siempre y que conocen bien todos los ciudadanos de este país.

El canciller alemán Metz lo dejó claro ante el presidente Trump: el español es como es y, además, opera siempre bajo el principio ineludible de su propio interés. Nadie podrá discutir a Pedro, el Magnífico, que es capaz de jugarse el presente y algo del futuro de los españoles cuando se presenta una oportunidad para amarrarse al machito. Tampoco nadie podrá osar decir que no es un oportunista de muchos bemoles. En cambio, muchos podrán reprocharle ante su consumida jeta que es tan irresponsable y tan falto de legitimidad democrática que es capaz de utilizar la «última ratio» como es un hecho de guerra, para tratar de extraer beneficio propio.

¡Claro que ha conseguido con esta posición de renombre internacional! ¿A qué precio? ¿Con qué riesgos?

Tengo la tentación de escribir que, a mi entender, y en esta ocasión, ha ido demasiado lejos. En este tipo de situaciones de conflicto bélico internacional, uno sabe cómo entra, pero no cómo sale.